Nuevos hábitos de crianza
Ir al cole con pañales, pijama o tacones de 'Frozen': la falta de límites familiares tensiona la gestión del aula en infantil
"Niños de I-4 ya te verbalizan 'a mí esto no me apetece', y tienen clarísimo que eso no lo hacen; es una lucha constante", cuestiona una maestra
Los expertos señalan la necesidad de que la escuela establezca criterios claros, priorizando el beneficio común sobre los deseos individuales
Anna Gatell, pediatra: "Los padres han perdido la autoridad y, además, ignoran la peligrosidad del móvil"

Batas colgadas en el pasillo de una escuela catalana. / ELISENDA PONS

"¿Y si aún lleva pañal?". Esta, dándole las vueltas que sean necesarias, es una de las preguntas estrella que, en los últimos años, se repite en las escuelas catalanas jornada de puertas abiertas tras jornada de puertas abiertas. Algo que hace no demasiado tiempo era un consenso social -a la escuela "de mayores", es decir, a I-3, hay que llegar habiendo hecho en casa el laborioso trabajo de enseñar a usar el baño-, ha dejado de serlo. Cada vez más familias consideran que su hijo "ya dejará el pañal cuando lo pida". Cuando "lo decida". "La llamada ‘crianza positiva’ está comportando muchas, pero muchas, dificultades de gestión en las aulas catalanas", afirma una maestra con 20 años de experiencia en la escuela y dos hijas.
La directora de otra escuela, en Barcelona, da una cifra: "Este curso, de 21 alumnos, 10 han llegado a I-3 con pañal". "Pese a que, haciendo un trabajo con las familias, durante este primer trimestre hemos logrado que la mayoría lo deje, la situación se va agravando año tras año", prosigue la profesional, quien asegura que "no es solo el pañal". "Preguntan también dónde está la sala de lactancia o si tenemos un espacio para dejar los cochecitos; no entienden que esto no es una 'escola bressol'", agrega.
Descalzos o con tacones
Las situaciones descritas por estas dos docentes de centros distintos no son casos aislados. Maestras de educación infantil -a cargo de criaturas de entre 3 y 6 años- explican situaciones muy similares. Niños de I-5 que no van de colonias porque todavía toman pecho; criaturas de I-4 que llegan al colegio en pijama porque sus padres no les han querido obligar a vestirse y le dan a la maestra la ropa en una bolsa "por si después le apetece hacerlo"; niños con botas de agua a 30ºC o con los zapatos de tacón de plástico de la princesa Elsa porque "hoy solo querían llevar eso".
La polarización social se refleja en las puertas abiertas: familias que defienden que el niño siempre tiene la razón y puede hacer lo que desee y otras que creen que hay poca disciplina y que "no hace falta que opinen tanto"
Otro ejemplo. Escuela en la que en la etapa de Infantil los niños van en clase con 'crocs'. Un alumno de I-3 no se las quiere poner y su padre le entrega a la maestra al niño, descalzo, en brazos, y le coloca las 'crocs' en la otra mano. Y la maestra -ella sí- le tiene que decir al padre que no. Que tiene que atender a otros 20 niños y que le ponga él el calzado al niño y que, después, podrá entrar en el aula. "Pero cuando obligas al padre a hacer el rol de poner unos límites eres la mala", se desahoga la protagonista de la escena.
"Lo de los pañales y el chupete lo preguntan mucho, sobre todo porque en I-3 aún hacen la siesta. Antes se les decía que no, pero como cada vez hay menos censo y las escuelas no queremos perder alumnos, nos estamos flexibilizando a la fuerza y acabamos diciendo que 'poco a poco', que 'no hay problema', pero luego te encuentras con que incluso alguno te aparece en el 'bon dia' [la acogida, de 8 a 9] con el biberón", prosigue otra maestra, quien añade que el impacto de la falta de límites en casa va mucho más allá.
Una maestra explica que en ocasiones los propios padres van a la escuela a decirle a la tutora que su hijo no quiere hacer el 'trenet' [cogerse del compañero de delante y andar en fila], y que no le obliguen
"Después vas a I-3, I-4 e I-5 a proponer alguna actividad y los niños ya te verbalizan 'es que esto yo no lo quiero hacer', 'a mí esto no me apetece'. Y tienen clarísimo que ellos no quieren y no lo hacen. Es una lucha constante con el 'somos un grupo, somos un equipo, todos hacemos esto' y cuesta horrores", agrega, convencida de que el origen es el mismo: la falta de límites en casa. De hecho, en ocasiones son los propios padres los que van a la escuela a decirle a la tutora que su hijo no quiere hacer el 'trenet' [cogerse del compañero de delante y andar en fila, la única manera de controlar a 25 niños moviéndose por las transitadas calles de Barcelona, por ejemplo], y que no le obliguen.
Diferenciar necesidad y deseo
Desde el Consorci d'Educació de Barcelona son conscientes de que estas situaciones se producen, y apuntan a la necesidad de "poner criterio". "Es importante priorizar el beneficio común, en la escuela atendemos la necesidad, que no es lo mismo que el deseo", resume Berta Mozas, técnica en Sarrià de la Dirección de Educación y Territorio.
El consenso médico es que la edad para la retirada del pañal en las criaturas es entre los 2 y los 3 años
Anna Gatell, pediatra del Equipo Territorial de Atención Pediátrica (ETAP) Garraf de Vilanova i la Geltrú, resalta la importancia de las visitas anticipatorias en pediatría. "En el caso del control de esfínteres, en la visita de los 18 meses te puedes anticipar y explicar qué pasará a partir de los 2 años, que tenemos un año por delante para que el niño busque su autonomía y, si usa chupete, empezar a quitárselo, si toma biberón, lo mismo... Quitar el pañal es ayudar al niño a crecer de forma autónoma", asegura la pediatra, quien se refiere también a "un acto de rutina". "Enseñar a bajarse los pantalones, usar el papel, tirar de la cadena, lavarse las manos...", detalla la pediatra, quien advierte de que "quitarlo antes de tiempo es también muy peligroso por el estreñimiento".

Tobogán en el patio de una escuela catalana. / Manu Mitru
Gatell subraya que no es lo mismo un niño de enero que uno de diciembre, pero considera también un problema que se pierdan los límites: que duerman cuando quieran, que coman cuando deseen... "Los niños necesitan límites; pautas. Tienen que aprender a gestionar las emociones, a frustrarse. Médicamente, el consenso en la edad para quitar el pañal está entre los 2 y los 3 años. Un niño de 3 años ha de querer ser autónomo. Quitarle el pañal es beneficioso para que crezca con autonomía, con seguridad", zanja la doctora, quien apunta también que el equipo pediátrico debe volver a tener ese valor referencial de años atrás. Muchas familias se dejan aconsejar más por otro tipo de gurús de la crianza que por el equipo pediátrico del CAP de su barrio y después sucede lo que sucede.
Sociedad polarizada
Para hacerlo todo todavía un poco más complicado, en las mismas jornadas puertas abiertas en las que algunas familias preguntan por el pañal o el chupete, otras, con hijos de la misma edad -entre 2 y 3 años- preguntan ya por los resultados en las competencias básicas en sexto de primaria -¡o hasta en cuarto de ESO!- o por el método que se utiliza para aprender matemáticas en la escuela.
"La polarización es absoluta", señala Mar Hurtado, presidenta de la Associació de Mestres Rosa Sensat. "Por un lado, tenemos a familias que creen que hay poca disciplina, que no hace falta que los niños opinen tanto, que piensen tanto… Y, por el otro, a madres y padres que defienden que el niño siempre tiene la razón, que puede hacer lo que quiera, que no hay que 'invadirle'… El reto de la escuela es encontrar el punto medio, que es algo muy sano. Y se tiene que explicar a las familias que vivir en comunidad tiene muchos beneficios, que aprendemos los unos de los otros, y que vivir en sociedad significa cumplir una serie de normas", concluye Hurtado.
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