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Nuevo modelo de gestión de residuos

Del contenedor marrón a la "papilla fértil": Barcelona cambia el tratamiento de la orgánica para ofrecer a los agricultores abonos a medida

El Área Metropolitana de Barcelona creará dos nuevas plantas para realizar un primer proceso que facilite la obtención de compostaje pensado para los payeses del Baix Llobregat

Más reutilización y menos contenedor gris: el área metropoliana rediseña la gestión de residuos

Planta de tratamiento de residuos orgánicos en el Vallès.

Planta de tratamiento de residuos orgánicos en el Vallès. / Ferran Nadeu / EPC

Barcelona
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La fracción orgánica, la del contenedor marrón, crecerá en los próximos años en el Área Metropolitana de Barcelona (AMB) si los municipios consolidan sistemas de recogida selectiva más exigentes como los contenedores cerrados y el puerta a puerta. Con más separación en origen, habrá más toneladas de restos de cocina y poda entrando en el circuito. Para absorber ese nuevo escenario, el ente metropolitano prepara un cambio de sistema que incluirá la creación de dos nuevas plantas satélite de pretratamiento. Estas instalaciones transformarán la materia orgánica en una especie de "papilla" homogénea que de forma técnica se denomida macerado, antes de enviarlo a los digestores (donde se decompone la materia orgánica).

Este movimiento pretende principalmente mejorar la calidad del producto final que se obtiene a partir de tratar la basura orgánica. Hasta ahora, el esquema se ha apoyado en la digestión anaerobia para generar energía y en el compostaje. La digestión anaerobia es un proceso en el que microorganismos descomponen la materia orgánica sin oxígeno, produciendo biogás (energía) y un residuo que luego puede aprovecharse como fertilizante.

Sin embargom este producto restante no siempre es idóneo para los agricultores del Parque Agrario del Baix Llobregat, unos de los principales consumidores, según detallan a este diario fuentes del AMB. Por este motivo, ahora aspiran a dar un paso más y pasar de un subproducto "relativamente estándar" y general a "abonos a la carta" más adaptados a lo que necesita cada agricultor.

Mezcla inicial

Las dos nuevas instalaciones, cuya ubicación todavía no se ha dado a conocer, actuarán como filtro y acelerador del proceso. En ellas, la orgánica se abrirá y triturará, se retirarán impropios (plásticos, metales, bolsas, papel sucio) y se estandarizará la mezcla. El resultado será esta pasta bombeable que entra con más facilidad en los digestores, reduce incidencias y permite gestionar mejor picos de entrada. "Cuanto más uniforme llega el material, más estable es la digestión y más se puede precisar el material de salida", señala Miquel Trullols, director servicios de prevención y gestión de residuos del AMB.

En el nuevo modelo, este proceso de digestión de los residuos seguirá siendo el corazón del sistema. El biogás generado se utiliza para motores y para producir electricidad y calor. Además, se ha empezado a trabajar para impulsar su conversión a biometano. El gran cambio se verá en lo que queda tras el proceso: se producirán diferentes productos orgánicos como fertilizantes sólidos pelletizados -más fáciles de almacenar, transportar y dosificar-, formatos envasados y también un tipo de fertilizante líquido valorado por su utilidad en determinados usos agrícolas. En algunas plantas del AMB ya se ha comenzado a experimentar con la producción de agua regenerada a partir de la materia orgánica con fertilizante incorporado. De momento, sin embargo, se trata tan solo de pruebas piloto.

El salto en orgánica forma parte de la estrategia metropolitana que se marca como meta, pese al aumento de población, la reducción del 10% de la generación de residuos respecto a 2025 y recortar tanto como sea posible la cantidad de desechos que termina en un vertedero. En paralelo, se planifica una gran planta de triaje y recuperación para extraer materiales y rebajar la huella de carbono del sistema.

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