El peso del doble cuidado a edad avanzada
La 'generación sándwich' más allá de la jubilación: "Llevo cuidando a mis padres, mi tía y mis nietos 10 años"
El envejecimiento provoca que muchas mujeres se ocupen, simultáneamente, del cuidado de sus nietos y de sus parejas o padres
Un cálculo aproximado apunta a que 1,1 millones de españoles podrían estar compatibilizando ambas responsabilidades, que aumentan en periodos vacacionales como la Navidad
Uno de cada tres cuidadores tiene más de 60 años: “Necesita ayuda para todo, pero cada vez me faltan más las fuerzas”

Las manos de varias generaciones de una misma familia. / NAUMOID/123RF / Bcn

Lola Pérez vive en Madrid y tiene 67 años. Hace dos años se jubiló y soñaba con que llegara ese momento para poder “vivir tranquila”, sin el estrés laboral. Sin embargo, desde hace 10 años lleva “empalmando enfermedades y cuidados” que la tienen tan ocupada como cuando trabajaba. Primero fue su padre, que murió después de una “larga y dolorosa enfermedad”. Y ahora se ocupa del día a día de su madre, que tiene 88 años, y de su tía, que va a cumplir 92. Además, cuida de sus nietos una tarde a la semana, hasta la hora de acostarlos, y en vacaciones, como las de Navidad, se responsabiliza de ellos durante días enteros. "Llevo cuidando a mis padres, mi tía y mis nietos 10 años", afirma.
Lola lleva a cabo, "encantada", estas tareas, sobre todo el cuidado de sus nietos, que son su “gran alegría”. Pero reconoce que las responsabilidades son muchas y que si no fuera porque ha contratado a una persona que la ayuda por las mañanas a cuidar de su madre y su tía, y a cocinar y limpiar, cree que “se volvería loca”.
Parece que esto de los cuidados me persigue toda la vida. Siempre cuidando y cuidando. Pero a mí, ¿quién me cuida?
A su vez, la valenciana Rebeca Martín, de 77 años, indica que ha cuidado de su madre “hasta el último momento”, pero también a sus seis nietos, dado que tiene cuatro hijos. "Parece que esto de los cuidados me persigue toda la vida. Siempre cuidando y cuidando. Pero a mí, ¿quién me cuida?", se pregunta.
La situación de Lola y Rebeca es cada vez más frecuente debido a que el envejecimiento de la población hace que cada vez haya más personas de edad avanzada, con fragilidades y dependientes, pero las ayudas de las administraciones son insuficientes. Los cuidados recaen, mayoritariamente, en las familias y, a veces, como en el caso de Lola y Rebeca, a edades avanzadas.
Muchas abuelas soportan una doble carga de cuidados que les impide disfrutar, de forma plena, de su jubilación
Difícil conciliación
A su vez, debido a las dificultades para conciliar la vida laboral y familiar, muchos padres necesitan que los abuelos se ocupen, a tiempo parcial, del cuidado de los nietos. Por ello, muchas abuelas -dado que las mujeres son mayoritarias en los cuidados- soportan una doble carga que les impide disfrutar, de forma plena, de su jubilación. En la mayoría de los casos, les obliga a renunciar a tiempo para sí mismas y para realizar actividades, viajar o socializar. Y, si las responsabilidades son duras y complicadas, se ve mermada su salud física y emocional y se padece soledad no deseada.
La presión constante de atender las necesidades de dos generaciones genera altos niveles de estrés, fatiga emocional e incluso riesgo de depresión y ansiedad
“La presión constante de atender las necesidades de dos generaciones genera altos niveles de estrés, fatiga emocional e incluso riesgo de depresión y ansiedad. En un contexto en que la persona cuidadora tiene muy poco tiempo para sí misma, la sensación de seguir sumando tareas emocionalmente puede volverse insoportable”, indica Sacramento Pinazo, experta en gerontología.
La situación es parecida a la que sufre la llamada ‘generación sándwich’, término que se acuñó en los años 80 para referirse a las mujeres que cuidan, de forma simultánea, de sus hijos menores y de sus padres, cuando estos se vuelven dependientes. Como si fuera el jamón y el queso 'atrapados' entre los dos panes. Un estudio del Observatorio Cinfa de los Cuidados indica que el 51% de las personas cuidadoras pertenece a la ‘generación sándwich’, con una edad media de 49 años y unas 20,6 horas dedicadas al cuidado cada semana. El factor añadido de la 'generación sándwich' sénior es que son mujeres de edades más avanzadas y que los padres a los que cuidan suelen tener dependencias mayores.
1,1 millones de séniors
Cabe decir que no hay estudios -ni españoles ni internacionales- sobre cuántas personas cuidan al mismo tiempo de dependientes y nietos, pero sí hay datos que analizan ambos segmentos por separado y que permiten hacer una aproximación cuantitativa. Por ejemplo, el V Barómetro del Consumidor Sénior indica que el 42% de las personas mayores de 55 años se responsabilizan de sus nietos al menos una vez por semana, generalmente por las tardes: van a por ellos al colegio y se encargan de llevarlos a extraescolares, al parque o a casa. El mismo estudio indica, por otro lado, que cerca de 2 de cada 10 séniors cuidan de algún familiar mayor al menos una vez por semana, porcentaje que asciende a tres de cada 10 entre los cuidadores de entre 55 y 65 años.
Teniendo en cuenta que la población mayor de 55 años asciende a 15,5 millones de personas y asumiendo que ambas responsabilidades pueden solaparse, del barómetro sale una cifra aproximada que indica que 1,1 millones de séniors podrían estar compatibilizando ambos cuidados, a partir de una edad en la que ya empiezan a aparecer los primeros achaques de la edad, por lo que la carga mental y física se agrava.
“Si cuidar a terceros siempre es complicado, porque implica energía, fuerza física y mental, cuidar a edades avanzadas es una vulnerabilidad más porque a partir de una edad sí o sí tienes cierta fragilidad y hay que aprender a vivir con esas piedras en los zapatos”, reflexiona Javier Yanguas, gerontólogo y director científico del programa de Personas Mayores de la Fundación La Caixa.
A su juicio, el problema es “la suma de vulnerabilidades, porque las abuelas que llevan a cabo el cuidado simultáneo afrontan un ‘sándwich’ triple, si se tiene en cuenta su edad”. Y, en muchas ocasiones, a todo ello se suma la “vulnerabilidad económica”, porque las familias con ingresos altos y medios pueden contratar a uno o varios cuidadores profesionales que se responsabilizan de las personas dependientes o de los nietos durante su jornada laboral y liberan, así, en parte a las familias. Pero los hogares con menos recursos no pueden afrontar este gasto y todo el peso recae en el cuidador o cuidadores principales.
De hecho, un reciente estudio indica que ha aumentado el número de hogares donde viven familias y algún abuelo o ambos, lo que permite ahorrar gastos y facilita el cuidado de los niños. La situación es mucho más frecuente en las familias monoparentales, donde la convivencia con abuelos alcanza al 38%, frente al 12% de los hogares con dos progenitores.
Falta de ayudas
El problema está completamente condicionado porque España es de los países que menos invierten en cuidados. Según datos de la OCDE, el coste en servicios y prestaciones para personas en situación de dependencia ronda el 0,7% del PIB; un valor que supone menos de la mitad de la media de los países de la OCDE (que es 1,7%).
En el primer trimestre del año había 278.575 personas en lista de espera para recibir ayudas a la dependencia y el tiempo medio de acceso es de 338 días
Por ello, en el primer trimestre del año había 278.575 personas en lista de espera para recibir alguna de las ayudas que incluye la ley de la dependencia y el tiempo medio de acceso era de 338 días. Además, el sistema no satisface ni todas las necesidades ni las demandas de muchas familias. Lola Pérez, por ejemplo, indica que ni su madre ni su tía reciben ningún tipo de ayuda, pese a haberlo solicitado reiteradamente. “Por más que me he vuelto loca para ver de qué forma puedo tener una ayuda para mi madre, nada, me choco contra la pared”, explica.
Por más que me he vuelto loca para ver de qué forma puedo tener una ayuda para mi madre, nada, me choco con la pared
El Ayuntamiento de Madrid, donde vive, sí le facilita ayuda a domicilio, “pero cada día viene una persona distinta y las personas mayores necesitan a alguien que conozcan y con quien sientan confianza”, explica. Lola, -que participa en la Escuela de Cuidadores de la Fundación "la Caixa"-, reclama a las administraciones que le faciliten una ayuda económica para pagar a la asistente que ya tiene contratada. “Pero no hay forma”, lamenta.
Para hacer frente a este problema, que se agravará en el futuro, dado el envejecimiento poblacional, los especialistas, como Pinazo y Yanguas, demandan políticas públicas que reconozcan, apoyen y redistribuyan las tareas del cuidado, promoviendo la corresponsabilidad y servicios públicos de atención a la dependencia y al cuidado de los menores, para que cubran todas las necesidades.
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