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Nuevas tradiciones

Un obrador en un pueblo catalán de 17 habitantes revoluciona la Navidad con sus exitosos panettones

El obrador Ricolta de Beget, en el Ripollès, ha superado las 500 unidades vendidas de panettone esta Navidad, un éxito que les ha obligado a aumentar la producción ante la alta demanda

Uno de los panettones en el obrador Ricolta de Beget.

Uno de los panettones en el obrador Ricolta de Beget. / Lourdes Casademont / ACN2

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El obrador Ricolta de Beget, en el Ripollès, está viviendo una "fiebre" de panettones esta Navidad. El año pasado fue la primera vez que hacían -abrieron el negocio en el 2022 en un pueblo donde viven 17 habitantes- y vendieron más de 500. Este año, ya han superado esta cifra y les queda todavía media campaña. "Ha sido abrumador, desde el principio que ya los teníamos casi todos encargados y hemos tenido que realizar muchas más tiradas que hace un año", explica a ACN Anabel Botello, presidenta de la cooperativa del obrador. "Viene a gente de toda Catalunya a buscar y también hemos enviado a Valencia y Zaragoza", detalla. Es un producto laborioso que requiere tres días de trabajo. La masa madre hecha por ellos es su principal secreto.

El panettone, original de Italia, se ha hecho un hueco en las mesas de Navidad en Catalunya. La tendencia ha llegado hasta Beget, un pequeño núcleo adherido a Camprodon (Ripollès), que no alcanza la veintena de vecinos sin contar las masías aisladas. Tras formaciones y muchas pruebas, el obrador Ricolta -la única panadería que hay- ha sacado su panettone que está triunfando estas Navidades. Aparte de la venta directa, también reparten por el Empordà y Girona. Este año han visto cómo los pedidos llegaban hasta la Comunidad Valenciana y Zaragoza. Son tres chocolates y fruta confitada.

"Viene gente de toda Catalunya a buscar y también hemos enviado a Valencia y Zaragoza", detallan

"Es un orgullo, estamos muy contentos de la labor que estamos haciendo", asegura Rosa Llorca, socia trabajadora de la cooperativa. Dedicarse al panettone, admite, es "todo un reto" porque es laborioso. Según explica, "hay muchos factores" que condicionan el éxito. De hecho, cada panettone necesita tres días para realizarse. En su caso, la clave es la masa madre sin levadura. "Es un producto que tiene un porcentaje de mantequilla, huevo y azúcar muy grande y es complicado y hay que entrenar mucho a la masa madre para que salga bueno", detalló. También les diferencia la harina, no es italiana como se hace en muchos sitios, sino que ellos han querido hacerla con harina catalana. El uso de ingredientes naturales -la confitura la hacen ellos- es otra de las apuestas que realizan.

Los pasteleros en en exitoso obrador de Beget.

Los pasteleros en en exitoso obrador de Beget. / Lourdes Casademont / ACN

Uno de los momentos más delicados, asegura, es cuando se gira boca abajo. Según dice, "es muy fácil cometer un error, que puede echar a perder todo el encuentro". Y cuando las cosas salen bien, señala, "te alegra el día". El público, además, es cada vez más exigente y sabe distinguir el producto. "Por eso estamos muy contentos del trabajo y que la gente lo reconozca", añade.

Un obrador en un núcleo de 17 habitantes

En 2022 la cooperativa asumió el reto de abrir un obrador pequeño en una zona despoblada. Hacía sesenta años que había cerrado la última panadería. "Tenemos la peculiaridad de que estamos bastante aislados geográficamente y eso hace que dependamos mucho del turismo", explica una de sus fundadoras y presidenta de la cooperativa, Annabel Botello. Para llegar hay que realizar una carretera de curvas tanto si vienes de la Garrotxa como de Camprodon (Ripollès).

Les diferencia la harina, no es italiana como se hace en muchos sitios, sino que ellos han querido hacerla con harina catalana

Una de las estrategias para hacer viable su negocio durante todo el año, explica, son las campañas. Y el panettone es una clara apuesta: "Es muy intensa porque son muchas horas y mucho trabajo, pero da una rentabilidad". Además, es un producto que "dura mucho", mes y medio, lo que también da más margen para su distribución. Otros productos como el roscón de Reyes deben consumirse en pocos días.

Lo otro incontestable es que no podrían vivir de la demanda interna. "Tenemos familias que cada semana compran uno o dos, pero claro, somos 17 vecinos y no podemos vivir de 17 panettones", dice con una sonrisa. Por eso, el reparto y la venta a los turistas son también muy necesarias.

Por Fin de Año tienen pensado sacar una edición especial -aún no tienen decididos los sabores-. "Son cosas que nos motivan, porque es diferente del día a día de hacer pan y pastas, es un reto", concluye Botello.