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Abusos en la universidad

Caso Flecha en la Universitat de Barcelona: 30 años de denuncias y silencios

El profesor de la UB acusado de abuso sexual y manipulación acaparó todo el poder dentro de CREA, grupo de investigación que nació en 1991 y llegó a especializarse en violencias machistas

La UB lleva el caso Flecha a la Fiscalía por "indicios graves" de coerción sexual y psicológica, y aparta a otros dos docentes del grupo

El catedrático Ramón Flecha, en una imagen de archivo.

El catedrático Ramón Flecha, en una imagen de archivo. / LNE

Olga Pereda

Olga Pereda

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En una decisión sin precedentes, la Universitat de Barcelona (UB) ha cercado al catedrático e investigador Ramón Flecha al llevar ante la Fiscalía el caso de abusos y manipulación que presuntamente cometió durante décadas, mientras ejercía de líder absoluto en el grupo de investigación CREA. Si el caso llega a los tribunales, la UB se personará como acusación particular. Así lo ha anunciado la universidad en un comunicado publicado a las 14.00 horas en el que subraya que todos los indicios apuntan a que CREA actuó como "un grupo coercitivo de alto control".

El comunicado de la UB deja claro que las denunciantes han revelado a la comisión de investigación interna unos hechos "muy graves" que podrían ser constitutivos de coerción sexual y psicológica, maltrato, explotación personal y profesional, así como conductas vejatorias e intimidatorias. De hecho, las acusaciones de abuso de poder y coerción, así como los silencios y la impunidad, han marcado la carrera de este investigador y su grupo de investigación.

A mediados de julio, la UB ya suspendió cautelarmente al catedrático emérito Flecha, de 73 años, que en ese momento estaba a punto de jubilarse y desde hacía varios años ya no impartía clase en las facultades de Eduació y Sociologia. Seguía ejerciendo de investigador y vinculando su nombre a la UB en todos los congresos a los que acudía como experto en violencia machista. En 1991 fue uno de los docentes que impulsó CREA (Centro de Investigación en Educación de Adultos). Posteriormente modificó su nombre para abarcar otras etapas educativas y líneas de investigación. Mantuvo las siglas CREA pero pasó a denominarse Comunidad de Investigación sobre Excelencia para Todos. En 2006, Flecha abandonó la dirección del grupo aunque siguió siendo su alma mater.

CREA mantuvo un conflicto con el decanato de la Facultat d'Educació y pasó formar parte del departamento de Sociologia

El grupo tenía un proyecto estrella: las comunidades de aprendizaje y cómo superar las desigualdades para alcanzar el éxito educativo. Según fuentes cercanas al caso, Flecha acaparó todo el poder dentro del grupo de investigación, que se especializó en violencias machistas. Esas mismas fuentes aseguran que ese viraje hacia el feminismo fue, precisamente, una tapadera. CREA mantuvo un conflicto con el decanato de la Facultat d'Educació y pasó formar parte del departamento de Sociologia.

Desde 2020, CREA ya no pertenecía a la UB. Al menos, oficialmente. Pero lo cierto es que sí seguía vinculado. De hecho, la jefa del Departamento de Sociología de la UB, Marta Soler, es la actual directora del grupo. Desde 2024, el grupo sufrió un goteo de deserciones. El núcleo duro, mientras, sigue arropando a Flecha y defendiendo su inocencia a capa y espada. En redes sociales llevan meses realizando una campaña de descrédito a las mujeres denunciantes, al igual que en una de sus plataformas, 'Diario Feminista'.

El caso explotó a finales de junio de este año, cuando un despacho de abogadas remitió una carta al rector Guàrdia asegurando que 14 mujeres –cuya identidad no se ha revelado por razones de seguridad– habían sufrido en el pasado “una situación de abuso sexual”. Los hechos ocurrieron hace 20 años, aunque en la misiva no se especifica la fecha exacta. Según relataron, cuando eran estudiantes, becarias, investigadoras y doctorandas mantuvieron relaciones sexuales con Flecha en “un contexto de clara desigualdad jerárquica”.

Los hechos ocurrieron presuntamente hace unos 20 años, cuando las denunciantes eran estudiantes, becarias, investigadoras y doctorandas a las órdenes de Flecha

La información provocó un auténtico torbellino en el campus. Flecha emitió un comunicado en sus redes sociales asegurando que las acusaciones eran "una perversa fabulación basada en el anonimato".

El catedrático se autodefine en su perfil de Twitter (ahora X) como “científico número uno en violencia de género”. En declaraciones a este diario una vez el caso saltó a los medios, Flecha afirmó que la acusación de las 14 mujeres era “un acto de venganza” dado que él ha arropado a lo largo de su trayectoria profesional a muchas víctimas de acoso. Según su versión, los agresores de esas víctimas a las que él ayudó en su día han sido los responsables de "esta campaña" en su contra.

La UB se limitó a publicar un comunicado interno mostrando disponibilidad pero asegurando que tenían las manos atadas porque el nombre de las denunciantes no era público y los presuntos hechos están prescritos. Una vez recibida la carta de las mujeres, los servicios jurídicos de la UB mantuvieron una reunión confidencial con las letradas. Fuentes conocedoras del encuentro explicaron que las abogadas salieron satisfechas tanto con el encuentro como con la disposición de la UB a proteger la identidad de las víctimas y estudiar toda la información disponible para valorar abrir –o no– una investigación.

Centenares de profesionales universitarios, básicamente profesores, firmaron una carta de la Asamblea Feminista de en la que se exigía al rectorado una investigación independiente

La tibieza de la UB desató las críticas de la comunidad universitaria y, especialmente, de la Asamblea Feminista. Más de 30 colectivos, entre los que había grupos de investigación de campus de Barcelona, Madrid y Euskadi, y más de 250 profesionales universitarios, básicamente profesores, firmaron una carta de la Asamblea Feminista en la que se exigía al rectorado una investigación independiente del caso. También pidieron la adopción de medidas cautelares, incluida la suspensión de funciones de poder a todas las personas vinculadas a la jerarquía de CREA.

Ese extremo no se llevó a cabo, pero sí se decidió nombrar una comisión para indagar los hechos. Este grupo de trabajo (con mayor presencia de mujeres y cuya identidad no se ha hecho pública) está formado por una persona experta en abusos sexuales, otra en grupos coercitivos y una tercera en integridad académica. Días antes, la UB también vetó el edificio histórico de la universidad a los miembros de CREA para celebrar, en septiembre, un congreso europeo sobre violencia machista.

Las afectadas aseguran que sufrieron durante años coerción sexual, abuso de poder y control emocional. Su relato es escalofriante e incluye desde masajes corporales y encuentros sexuales, así como situaciones de servilismo y sectarismo y una turbia intromisión de Flecha en su vida íntima. “Se abalanzó sobre mí, le sentí excitado y me paralicé”; “No le podías decir no. ¿Cómo te ibas a negar si él era el hombre más bueno e igualitario del mundo?” o “No se le podía contradecir. Si lo hacías, te condenaba al ostracismo”. Con estas frases, antiguas investigadoras de CREA retrataron a Ràdio 4 este verano el presunto calvario que sufrieron durante años a manos de quien fue su superior jerárquico. Ellas tenían unos 20 años y él les doblada la edad. Las fichó para su equipo, pero la relación, presuntamente, no tuvo nada de profesional.

Las universitarias, relatan las denunciantes, ni siquiera tomaban un café o iniciaban una relación con alguien de fuera de CREA si antes no se lo contaban al que era su superior jerárquico. Sus declaraciones dejan ver que la servidumbre de las mujeres era total. Le realizaban recados personales y estaban siempre disponibles para él, ya fuera para una cena en su casa o una reunión laboral a deshora.

“Estamos delante de algo muy espinoso. Presuntamente, es el caso más grave de abuso de poder y abuso sexual en una universidad”. Con estas palabras, el profesor Álex Caramé, doctor en la Facultat d'Educació de la UB, retrató a este diario en julio el calvario que presuntamente Flecha hizo pasar a muchas alumnas y alumnos, él incluido, mientras lideraba el grupo de investigación CREA.

Caramé, que en aquella época era estudiante de Sociología en la UB, consiguió entrar en CREA después de obtener una beca ofrecida por Flecha, que manejaba muchos proyectos universitarios. El entonces estudiante empezó a escuchar por parte de sus compañeras de grado relatos muy oscuros y turbios. “Me explicaban que habían tenido algo con él”, relata. ¿Acaso sufrieron abuso sexual? “Lo único que te puedo decir es que ninguna se sentía atraída por él. Flecha insistía y machacaba. Se acercaba a alumnas y alumnos y les aseguraba que les podía ayudar. Conseguía que le explicaran intimidades personales y él le daba la vuelta a este relato y resignificaba su pasado”, reveló el doctor en Educación.

Flecha, que se sentía perfecto y tenía un alto concepto de sí mismo, según las víctimas, siempre hablaba de la necesidad de una transformación personal para transformar la sociedad

Ese engatusamiento también lo sufrió Caramé. Según su relato, Flecha, que se sentía perfecto y tenía un alto concepto de sí mismo, le hablaba de la necesidad de una transformación personal para transformar la sociedad. “No te abres, no te dejas ayudar”, le insistía el catedrático emérito, que, para respaldar sus teorías, siempre estaba sacando a colación palabras como “evidencia, estudio científico y ciencia”. “Así conseguía tener a la gente en sus manos. Era el ejemplo perfecto de una manipulación”, añade el docente, que deja claro que el catedrático jamás abusó sexualmente de él.

Pasado un tiempo, Caramé se cansó de la actitud del líder de CREA y comenzó a enfrentarse con él. Le acusó de tener problemas personales y Flecha comenzó a apartarlo del grupo. Muchos compañeros y compañeras de CREA retiraron el saludo al entonces estudiante. Flecha tenía un "control absoluto de la vida de las personas que formaban CREA". Harto de la manipulación, Caramé anunció en 2002 su intención de dejar el grupo, donde permaneció unos 15 meses.

En los archivos de la UB, existen dos denuncias internas contra CREA, interpuestas hace 21 años y 9 años respectivamente. Quedaron archivadas por la Fiscalía en su momento porque después de las investigaciones pertinentes (en el último caso, a cargo de la Guardia Civil) se concluyó que no había suficientes pruebas de infracción penal, según explicaron fuentes oficiales de la UB. Caramé, sin embargo, sostiene que los expedientes se cerraron por la imposibilidad de conseguir nuevos testimonios.

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