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Objetores de conciencia: 50 años del primer desafío al servicio militar en España
En diciembre de 1975, un mes después de la muerte de Franco, un grupo de jóvenes se plantó en L'Hospitalet para sustituir la mili por trabajos en favor de la comunidad
Su manifiesto de Nochebuena y su paso por la cárcel fueron el germen del movimiento contra el reclutamiento obligatorio que culminó en 2001

De izquierda a derecha, Jesús Vinyes, Vicente Amurgo, José Díez, Guillermo Louis y Ovidio Bustillo, el primer grupo de objetores de conciencia. / Cedida

El calendario ha querido que, justo en el momento que una ola militarista recorre Europa en respuesta a la amenaza rusa, se cumplan 50 años de la audaz salida del armario de los primeros objetores de conciencia organizados en España. El 24 de diciembre de 1975, un grupo de cinco veinteañeros llamados a "servir a la patria" en un servicio militar de año y medio, se plantaron y dijeron que no y, en vez de esconderse, redactaron un manifiesto con sus razones. "Somos unos jóvenes en edad militar que, desde el mes de agosto, estamos trabajando el de barrio de Can Serra de L’Hospitalet, uno de tantos que carecen de los servicios más necesarios. Estamos llevando a la práctica esa idea que tantas personas e instituciones han reclamado: que se cree un servicio civil que pueda hacerse en lugar del servicio militar", empezaba el texto.
Los cinco (el andaluz Vicente Amurgo, el palentino Ovidio Bustillo, el asturiano José Díez, el madrileño Guillermo Louis y el catalán Jesús Vinyes) llevaban meses preparando ese momento. Instalados en el barrio de Can Serra –primero en un local poco acondicionado, después en un piso minúsculo del barrio adyacente de Pubilla Cases, en el número 20 de la calle Cervantes-, habían puesto en marcha varias iniciativas en las que en su opinión iban a ser más útiles a sus vecinos que haciendo la mili.

Jesús Vinyes, durante su trabajo en la guardería que abrieron en Can Serra. / Cedida
Una residencia, una escuela para adultos y una guardería
Lo explicaban también en el manifiesto, que se leyó durante la misa del Gallo, en la noche de Navidad de 1975, en la parroquia de Can Serra, y, a la vez, otras iglesias catalanas con curas progresistas: "En estos meses […] nuestras aportaciones concretas al barrio han sido: 20 días de colonias infantiles en el barrio, con asistencia de más de un centenar de niños; arreglo de un local para los ancianos y animación del mismo durante cuatro meses, colaboración con la escuela de adultos, dando clases de artesanía y alfabetización y organizando la biblioteca; creación de un jardín de infancia con asistencia de 25 niños; arreglo de locales comunitarios al servicio del barrio". Pedían que ese trabajo, que habían hecho por su cuenta tras no haber recibido respuesta del Gobierno cuando lo propusieron como alternativa a la mili, sirviera como servicio civil sustitutorio. "Pero, ante la obligación que se nos impone de incorporarnos al servicio militar, no podemos esperar a que el Gobierno se pronuncie para dar el paso: ir a la guerra, sí, pero a la guerra contra el analfabetismo, contra la falta de guarderías y hogares de ancianos. Hemos sido llamados a servir a la patria y hemos acudido a nuestro modo", añadían.
"Seguíamos la idea gandhiana de que no hace falta tener permiso para hacer lo que crees que tienes que hacer. Y asumes las consecuencias. En nuestro caso, evidentemente, la cárcel", dice ahora, a pocos días de que se cumplan 50 años de aquella acción, Jesús Vinyes, uno de aquellos primeros cinco objetores. Había habido otros antes, como los testigos de Jehová que se negaban a hacer la mili por motivos religiosos. O como Pepe Beúnza, el primer objetor de conciencia español por motivos políticos, que se convirtió en la principal inspiración del grupo de Can Serra. Pero, hasta ese diciembre de 1975, no había habido una acción colectiva de objeción al servicio militar en España.
La inspiración de Pepe Beúnza
Vinyes, que entonces aún no había catalanizado la grafía de su apellido y figura en los documentos de la época como Viñas, acababa de licenciarse como psicólogo y vio una inspiración en la oposición no violenta a la mili de Beúnza, que ya llevaba años de lucha. En enero de 1971, Beúnza se negó a incorporarse a filas, y entró en la cárcel para cumplir una condena de 15 meses; cuando salió, y tras negarse otra vez a entrar en el cuartel, organizó un servicio civil en Valencia. Juzgado y condenado de nuevo por deserción, cumplió más de un año de condena en un batallón disciplinario de la legión en el Sáhara. "Yo era de una comunidad cristiana de base y conocí las ideas de Gandhi. Fui a una charla de Pepe en Terrassa, donde yo vivo, a finales de 1974. Él me dijo que estaba pensando en hacer un grupo para hacer un servicio civil alternativo", dice Vinyes. Y ese fue el germen del grupo de Can Serra, que también se perfiló en un encuentro en el verano de 1975 en el monasterio de Montserrat.
Todos los del grupo que debían incorporarse al servicio militar entre septiembre de 1975 y febrero de 1976 habían enviado también cartas a sus capitanes generales anunciando sus intenciones. El anuncio rotundo de la Nochebuena de 1975 terminaba diciendo: "Si queremos la paz, no preparemos la guerra, construyamos la paz". Ese día se abrió una tensa espera para el grupo de objetores, que esperaba ver aparecer por la puerta en cualquier momento a la policía por no haberse incorporado a filas. Pero la detención se hizo esperar algunas semanas: no se produjo hasta el 7 de febrero de 1976, precisamente en la víspera de una manifestación por la amnistía convocada por la Assemblea de Catalunya. Junto a otros dos jóvenes objetores de última hora, José Antonio Monteserín y Esteban Zabaleta, ingresaron en la cárcel del castillo de Sant Ferran de Figueres.

Los objetores, a la salida de la cárcel de Figueres, en 1976. / Cedida
"Me daba clases de alfabetización"
Era una circunstancia prevista en el plan de acción. Entre otras cosas, motivó el envío de cartas de protesta a instancias como la presidencia del Gobierno o la Casa del Rey. "Como sus excelencias ya saben, un grupo de jóvenes objetores de conciencia estaban trabajando en nuestro barrio. Uno de ellos, José Díez, me daba a mí clase de alfabetización y por su labor ahora yo les puedo escribir. Desearía saber por qué le han encarcelado, siendo un chico tan majo y bueno, y que hacía tan buena labor en el barrio. Esperando que solucionen nuestro problema y el de Pepe les doy las gracias anticipadas", decía la carta a los reyes de una vecina del barrio, Antonia Sánchez.
Otros jóvenes dispuestos a ejercer la objeción de conciencia en el grupo de L’Hospitalet tomaron pronto el relevo. Entre ellos estaba Martí Olivella, a quien le tocaba incorporarse a filas a principios de 1976 y en realidad llevaba implicado en la comunidad de Can Serra desde el principio. No en vano, él llevaba viviendo dos años en el barrio, y fue quien les aconsejó instalarse allí.

Caricatura de los encarcelados, con una frase de cada uno de ellos / Cedida
En conversación con este diario, Olivella recuerda la absoluta excepcionalidad del momento histórico: "Con la muerte de Franco se abrió una oportunidad que aceleró las cosas". Hacía solo un mes que el dictador había fallecido, y esa circunstancia, que incrementó por un lado el nerviosismo de los sectores más inmovilistas del régimen, también deparó nuevas oportunidades. "Cuando llegaron las detenciones hubo solidaridad general: la objeción entró como un tiro en el proceso de democratización. Y fue un precedente claro para el movimiento posterior de los insumisos", recuerda Olivella.
Un libro secuestrado tres años
Desde aquellos primeros casos, la escalada de cifras es asombrosa. En 1984 se legaliza la prestación social sustitoria de la mili, y el servicio militar obligatorio se elimina finalmente en 2001. El movimiento iniciado en Can Serra "en 35 años consiguió que el Gobierno español suspendiera el servicio militar obligatorio, después de la acción noviolenta de un millón de objetores y de 50.000 insumisos que asumieron más de 1.000 años de prisión entre todos ellos".
Estas palabras son el resumen que se hace en la nueva edición del libro 'Els objectors. Història d’una acció', escrito por dos de los participantes en la acción de Can Serra, Jesús Vinyes y José Luis Lafuente, y que se presentará el próximo 14 de febrero, coincidiendo con el 50 aniversario del encarcelamiento del primer grupo de objetores. Una jornada, en la que participarán entre muchos otros Beúnza, Vinyes y Olivella, recordará a aquellos pioneros.
La primera versión del libro, escrita en castellano en 1977 y en cuya cubierta se veía una flor dentro de un casco militar, fue secuestrada por la autoridad militar y permaneció tres años acumulando polvo en los locales de la imprenta, hasta que se levantó el secuestro.
Entre el contenido que se ha incorporado a la nueva edición hay unas consideraciones, escritas por Olivella, que hacen referencia a la situación actual del mundo: "Nos hace falta rechazar el rearme y denunciar las guerras y los genocidios. Hace falta movilizarnos, hace falta movernos en la calle y hace falta movernos para organizarnos y ofrecer alternativas a los ejércitos y los armamentos".
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