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Entrevista

Enric Borràs, director de escuela: "Para las familias de los alumnos migrantes, aprender el idioma significa autonomía”

En el CEIP Sant Miquel de Tavernes de la Valldigna, en València, ofrecen cursos de lengua gratuitos a los padres y madres gracias al esfuerzo voluntario de los profesores, inclusos de los ya jubilados

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Enric Borràs, en el acto de clausura de la segunda convocatoria de EduCaixa.

Enric Borràs, en el acto de clausura de la segunda convocatoria de EduCaixa.

Eduard Palomares

Barcelona
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En el CEIP Sant Miquel de Tavernes de la Valldigna (Valencia), cerca del 60% del alumnado es de origen inmigrante, que muchas veces llega a la escuela sin dominar ni el castellano ni el valenciano. Como explica su director, Enric Borràs, lo que podría ser un problema se transformó en una oportunidad gracias al compromiso de su profesorado, incluso de maestros ya jubilados. Entre otros programas, ofrecen clases de lengua a las familias con el fin de reforzar el vínculo y favorecer la integración social. Este ha sido uno de los proyectos seleccionados en la segunda convocatoria de EduCaixa de Fundación La Caixa.

-¿El CEIP Sant Miquel se ha convertido en algo más que una escuela?

-Somos uno de los dos centros educativos de Tavernes de la Valldigna catalogados como Centros de Acción Educativa Singular por tener un contexto desfavorecido, con familias vulnerables que muchas veces desconocen el idioma. Desde el primer momento nos planteamos cómo podíamos darle solución con diversas acciones lingüísticas y de bienestar emocional que nos han permitido no solo entendernos, sino que las familias nos vean cómo un refugio, un espacio donde pueden venir a comunicarse, exponer sus problemas y aprender a desenvolverse en su día a día.

-¿Tan importante es que los alumnos aprendan la lengua como que lo hagan sus familias?

-Sobre todo cuando los alumnos llegan a cursos más superiores, es muy duro para ellos, porque afrontan un desnivel muy importante debido no solo a que desconocen la lengua en sí, sino también su fonética y morfología. Y en el caso de las familias, en primer lugar es importante para que nos puedan expresar las necesidades de sus hijos, pero también para que ellas mismas puedan desarrollar su vida con autonomía. Si no, dependen de otras personas para hacer cosas tan simples como ir al médico, al banco, al ayuntamiento…

-Ofrecen clases de lengua a las familias tanto de castellano como de valenciano. ¿Cómo encajan ellas ese doble esfuerzo?

- Es curioso, porque a raíz de la ley de libertad educativa de la Generalitat valenciana que instaba a las familias a elegir lengua vehicular, en todas nuestras unidades se escogió el valenciano. Les explicamos a las familias que, a la hora de integrarse en la vida social y laboral de una zona valencianohablante como la nuestra, conocer las dos lenguas les abre puertas. Y también en el caso de que los alumnos quieran continuar su formación con un ciclo de FP o acceder a la universidad. Lo entendieron perfectamente, porque confían en nosotros.

Les explicamos a las familias que, a la hora de integrarse en la vida social y laboral de una zona valencianohablante como la nuestra, conocer las dos lenguas les abre puertas.

-¿El vínculo que han forjado con las familias evita conflictos?

- Sí, pero conflictos siempre hay. Solo que nosotros tenemos claro que se resuelven hablando. Dentro de nuestro programa de bienestar, por ejemplo, hemos creado una mañana al mes en que nos tomamos un café con las familias, para hablar de las quejas que puedan tener, de los resultados académicos o de lo que consideren importante. Nosotros también aprovechamos para explicar necesidades que vemos, cómo nos gustaría que se trabajara en casa, cómo podemos abordar ciertos temas… Siempre de una manera relajada. En todo caso, el esfurrzo que hacemos fuera del horario laboral es importante, y que haya una respuesta por parte de las familias nos anima a seguir trabajando en esta línea.

-Precisamente, ¿se podrían sostener estos programas sin el esfuerzo del profesorado más allá de las tareas que les corresponden?

-Sin voluntariado es imposible, por eso valoramos tanto al participación en los programas de profesores jubilados que, después de haber trabajado tantos años, mantienen ese vínculo tan fuerte con la escuela. Y el resto sabemos que ese esfuerzo no está remunerado ni reconocido, pero ahora mismo no hay opción de hacerlo de otra manera. La administración podría ayudar si aplicara programas y herramientas según las necesidades reales de cada centro, pero no existe esa voluntad. Por eso es tan importante el programa de la Fundación La Caixa o premios como el que hemos recibido del Govern valencià; para nosotros, cualquier ayuda económica tiene mucho valor.

-Y a ello se suma la satisfacción de estar cambiando vidas.

-Sigue existiendo un techo de cristal para los alumnos de familias de origen migrante o con nivel socioeconómico bajo, pero ya estamos viendo alumnos que consiguen cursar estudios universitarios. Y las familias están entendiendo entiendan que el futuro laboral de sus hijos tiene que ser mejor que el suyo, y eso hace que también les exijan más. Incluso se nos ha dejado de ver como un colegio con una situación compleja a que haya familias que quieren llevar aquí a sus hijos por nuestro proyecto educativo.

Un futuro de oportunidades

EL PERIÓDICO y Fundación La Caixa dan voz a los perfiles sociales, culturales y científicos que con su esfuerzo están creando una sociedad con más oportunidades para todos.