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Reducción del 50%

Los científicos niegan sobrepoblación general de jabalís y reclaman un censo antes de intensificar la caza

Investigadores del CSIC y la UB piden que el cerco al animal se haga con criterios científicos

"Debemos explicar que se matan ejemplares para evitar accidentes o daños a los agricultores, no porque ecológicamente haya demasiados", apuntan desde el CSIC

El laboratorio del IRTA investigado por el brote de peste porcina en Catalunya no está obligado a tener un plan ante riesgo biológico

Un grupo de jabalís.

Un grupo de jabalís. / FERRAN NADEU

Guillem Costa

Guillem Costa

Barcelona
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En Catalunya, se abaten cada año unos 70.000 jabalís, lo que equivale a entre un 30% y un 40% de la población. Pero aun así, esta especie autóctona sigue presentando unas densidades considerables en muchos territorios. Ante este escenario, el conseller de Agricultura, Ramaderia, Pesca i Alimentació, Òscar Ordeig, anunció recientemente la "necesidad", según el Govern, de intensificar la caza del jabalí hasta reducir su población en un 50%. La propuesta abre diferentes interrogantes: ¿hay realmente demasiados jabalís en Catalunya? ¿Cómo se pueden limitar los daños a las actividades económicas? ¿Dónde y cómo se deben reducir las poblaciones?

Los científicos consultados por EL PERIÓDICO cuestionan tanto el diagnóstico general de superpoblación como la eficacia de apostar casi exclusivamente por la caza. "El concepto 'demasiado' no existe en ecología", expone Joan Real, investigador del IRBIO y la UB. "El jabalí tiene un papel ecológico definido y su abundancia responde a varios condicionantes: disponibilidad de alimento, posibilidad de refugio en los bosques, ausencia de grandes depredadores y una elevada capacidad de adaptación", detalla. De hecho, en la fauna salvaje, las poblaciones nunca son estables: "Hay periodos de abundancia y otros de escasez y la distribución siempre es heterogénea". "Por lo tanto, no se puede actuar igual en todas partes", advierte Real, que señala que en ciertos territorios la abundancia es limitada, como sucede con los conejos.

La idea de una superpoblación generalizada tampoco convence a Arnau Tolrà, investigador de la UB: "Hay especies, como los grandes omnívoros y herbívoros, que forman parte del ecosistema y que, por su ecología, alcanzan abundancias elevadas, pero esto no significa que haya un desequilibrio; la abundancia puede indicar que el ecosistema funciona y que ciertos procesos naturales se han recuperado".

Los expertos coinciden en distinguir entre el análisis ecológico y el conflicto social. Que una especie cause molestias o daños no implica necesariamente un problema desde el punto de vista ambiental. "Cuando hablamos de 'plaga' o de 'superpoblación' en realidad hablamos de la molestia que nos causan", señala Tolrà. "Las encinas o los pinzones son muy abundantes, pero no nos molestan", ejemplifica. En términos ecológicos, el jabalí remueve el suelo, dispersa semillas y actúa como una especie ingeniera que genera beneficios para los hábitats.

Actividad humana

Lluís Brotons, investigador del CSIC, sitúa el foco en la relación entre procesos naturales y sistemas humanos cada vez más vulnerables: "Tenemos sistemas tan separados de la naturaleza que cualquier interferencia se percibe automáticamente como un problema". "La presencia de los jabalís es una perturbación natural que afecta a una parte de la actividad humana en forma de daños en las cosechas o de un virus potencial que puede afectar a la ganadería intensiva", añade. Para Brotons, es importante resolver estos conflictos, pero es necesario escuchar a la ciencia a la hora de abordarlo.

Desde esta perspectiva, reducir drásticamente las poblaciones no sería una solución realista. "Eliminar a la mitad de la población de jabalíes es muy ambicioso y poco creíble", advierte Brotons. "Si cazamos un 30% o un 40% cada año y seguimos viéndolos, ¿qué hacemos después? ¿Habrá que movilizar al ejército para matar jabalís?", cuestiona. "¿Y durante cuánto tiempo se puede mantener esa presión?", plantea.

Brotons y Real, para hacer frente a los problemas que causa el jabalí, sugieren buscar fórmulas para reducir el acceso a la comida: "Los jabalís encuentran comida fácil en la agricultura intensiva, en los contenedores y en las colonias de gatos". "Si limitamos su acceso a la agricultura, tal vez sus poblaciones se reduzcan", defiende Brotons. Durante la sequía, por ejemplo, las poblaciones de Collserola disminuyeron. "Es importante mirar qué coste tienen los daños que causan y analizar si el coste para mitigar los daños, en este caso se plantea cazarlos, es mayor o menor", reclama Real.

A partir de este punto, piden realizar un censo científico de la población, antes de determinar dónde es necesario y dónde no capturar jabalís. Además, Brotons subraya que es relevante contar bien la situación y las decisiones tomadas por los dirigentes políticos: "Deben explicar que se matan jabalís para evitar accidentes en las carreteras o daños a los agricultores, no porque ecológicamente haya demasiados". En paralelo, algunas voces consultadas cuestionan el hecho de que la gestión del jabalí, al ser una especie cienegética, dependa exclusivamente de la conselleria de Agricultura. Reclaman que Transició Ecològica, dentro del Departament de Territori, también debería intervenir a la hora de elaborar informes, al tratarse de un animal autóctono con un papel ecológico.

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