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Migraciones internas

Manresa gana habitantes que llegan de Barcelona y los pierde con la comarca

Los datos, que presentó el geógrafo olesano Jordi Bayona en una charla del ciclo "Cartografies" y que impulsan la UManresa y la Universidad de Vic, muestran tendencias claras en este primer cuarto de siglo

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Vistas a la ciudad de Manresa

Vistas a la ciudad de Manresa / Mireia Arso / RG7

Marc Llohis

Manresa
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La inmigración es un tema que desde hace unos años está en boca de todo el mundo. Lo que no suele estarlo con tanta asiduidad es la migración que más se da en nuestro país: la interna. Todos los movimientos de población que se suceden en el interior de las fronteras de un país y que tienen un impacto directo en el crecimiento y el desarrollo de las villas y ciudades catalanas. Y, si no, que se lo pregunten a poblaciones como Sant Cugat del Vallès, que desde el inicio de siglo ha ganado casi 13.500 habitantes, la gran mayoría procedentes de los barrios con un poder adquisitivo más elevado de Barcelona.

Manresa no es una excepción. Según los datos del Institut d'Estadística de Catalunya (Idescat) presentados por el geógrafo y demógrafo nacido en Olesa de Montserrat, Jordi Bayona, el saldo migratorio de la capital del Bages es positivo con todas las poblaciones del Área Metropolitana de Barcelona, pero negativo con la gran mayoría del resto de villas de la región. Esto significa que cada año hay mucha más gente que va a vivir a Manresa desde Barcelona y el Área Metropolitana que la que se marcha de Manresa hacia Barcelona y el Área Metropolitana. Una circunstancia que, según Bayona, "es una tendencia que se observa desde hace tiempo, y que no solo ocurre en Catalunya, sino que es una realidad global".

Quizá por eso no resulta extraño leer que, por primera vez en su historia, la ciudad de Manresa haya superado el umbral de los 80.000 habitantes. Los datos hechos públicos por parte del Instituto Nacional de Estadística (INE) situaban el censo municipal en 80.692 personas. Tampoco debería sorprender que, en el plano internacional, Tokio ya no sea la ciudad más poblada del mundo, sino que desde este año lo es Yakarta, la capital de Indonesia, con casi 42 millones de personas. Los casi 33,5 millones del núcleo urbano japonés también han sido superados este año por los más de 36,5 millones de habitantes que registra Daca, la capital de Bangladés.

Saldo negativo con la región

De la misma manera que en la mayoría de los países del mundo la gente se marcha de las grandes ciudades, esta realidad también se repite en los núcleos de población algo más pequeños, pero que son referencia en la comarca. En el caso de Manresa, las cifras hablan casi por sí solas. Desde el año 2000 hasta 2023, un total de 4.049 manresanos han ido a vivir a Sant Fruitós de Bages, mientras que solo 2.841 santfruitosenses han buscado una casa o piso en la capital del Bages. Lo que supone que, en casi un cuarto de siglo, Manresa ha perdido 1.208 personas de manera neta con Sant Fruitós.

Las cifras son casi calcadas si se comparan estos datos con los de otra población del Bages que, como Manresa, registra un nuevo récord de población: Sant Joan de Vilatorrada. En este caso, y manteniendo el mismo horizonte temporal de 23 años, las cifras revelan que 3.509 manresanos cambiaron su residencia a Sant Joan. En cambio, la cifra de santjoanenses que decidieron cambiar su domicilio a Manresa fue de 2.993. De nuevo, el saldo migratorio de la capital del Bages es negativo, ya que en estos años ha perdido un total de 516 personas.

En cambio, la relación de Manresa con Barcelona es claramente favorable a la capital del Bages. Desde el inicio de siglo, la capital del Bages ha recibido a 6.594 barceloneses y solo ha dejado marchar a 5.063 manresanos. Lo que supone un saldo neto de 1.531 personas. En los últimos años, además, se observa que cada vez hay un número más elevado de ciudadanos procedentes de municipios del segundo y tercer cinturón. En cambio, los manresanos que cambian de municipio lo hacen hacia otras villas de la comarca. Un movimiento residencial que hace unos años tendía a ser precisamente hacia Terrassa o Sabadell.

Una nueva sociedad

Para entender el porqué de las cifras anteriores, hay que tener en cuenta que ahora mismo nos encontramos en un contexto en el que los desplazamientos poblacionales son muy recurrentes. Tanto, que la cifra de personas que cambian de domicilio cada año en Cataluña ronda las 275.000. De hecho, si nos centramos en Manresa, los datos del Idescat reafirman esta realidad, ya que alrededor del 21% de la población que vive allí no ha nacido en la capital del Bages. Es decir, uno de cada cinco vecinos.

Y las razones por las que se da esta movilidad interna son casi infinitas. Según las respuestas que dan los vecinos que han cambiado de municipio, la principal es la mejora de la calidad de vida. Jordi Bayona apunta también a "situaciones que hace un tiempo no se daban, como las separaciones en edad adulta o las jubilaciones anticipadas".

No hay un «éxodo urbano»

Una de las primeras preguntas que quiso responder Bayona durante la charla era precisamente la que daba título a la misma: ¿Podemos hablar de éxodo urbano? Las migraciones residenciales en Cataluña. Una cuestión que, como explicó, "surgió después de que varias personas del mundo del periodismo me preguntaran precisamente si en Cataluña se vivía un gran éxodo urbano". La respuesta del demógrafo olesano es académicamente clara: "No vivimos un éxodo urbano, ya que, por norma general, la gente se marcha de Barcelona, pero lo hace para ir a vivir a otras ciudades, no a pueblos pequeños y rurales".

Esta realidad convive, como no podía ser de otra manera, con la situación económica y social del día a día. Principalmente, la económica, porque los gráficos de migraciones internas demuestran que, en los períodos de bonanza económica, la población de las grandes ciudades tiende a desplazarse a núcleos poblacionales medianos.

"Hace unos años crecía la segunda corona (Sant Cugat ha sumado 13.466 personas en este siglo), pero cada vez hay una tendencia más clara a que crezcan municipios de una tercera corona metropolitana como Vilanova i la Geltrú, Vilafranca del Penedès o Calafell (esta última ha ganado en 23 años 12.188 habitantes)", explica Bayona. Estos movimientos migratorios internos solo han sufrido alteraciones durante los períodos de importante recesión económica.

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