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Los "gallegos de la lucecita": dos exguardias civiles son los inventores de la baliza geolocalizada V-16 obligatoria a partir de enero
Jorge Torre y Jorge Costa, creadores de la baliza geolocalizada V-16 que la DGT obliga a usar desde el 1 de enero, relatan la historia de su ingenio que empezaron a comercializar en 2016
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La baliza V16 Help Flash fue ideada por los exguardias civiles gallegos Jorge Torre y Jorge Juan Costas. / Pedro Fernández
A partir del próximo 1 de enero la Dirección General de Tráfico obliga a los conductores a llevar en su vehículo una luz de emergencia geolocalizada para usar en caso de accidente o avería. La baliza V16, que reemplaza a los triángulos naranjas de señalización, es un ingenio gallego creado a partir de la inquietud por la seguridad vial de dos exguardias civiles que supieron transformar una idea en un negocio hoy valorado en 1.200 millones de euros, cantidad a repartir entre las más de 250 marcas certificadas que hoy en día se comercializan. Jorge Torre y Jorge Juan Costas, "los gallegos de la lucecita", como les bautizó un subdirector general de la DGT, nos relatan la historia de su invento, una historia de emprendimiento con luces y sombras, con éxitos y ruinas.
La idea rondaba en la cabeza de Jorge Torre desde los años 90. El entonces guardia civil ourensano afincado en Vigo, que a lo largo de su trayectoria por la Benemérita desde 1985 a 2013 pasó por los departamentos de tráfico, investigación criminal y judicial, buscaba la manera de solucionar los problemas de los que era testigo. Durante su carrera, había visto numerosos casos de personas que no señalizaban correctamente con los triángulos de emergencia, cuyo uso en España fue obligatorio a partir del año 2000. "Siempre me pareció una maniobra muy peligrosa porque exige –de noche o de día, con niebla o lluvia– que la persona salga del coche y camine 50 metros, unos 80 pasos, para colocar los triángulos y que éstos sean visibles a 100 metros, algo que en muy pocas carreteras gallegas se puede cumplir", explica Torre, quien añade que la dificultad es mayor para personas con movilidad reducida.

Jorge Torre y Jorge Juan Costas, con los prototipos y modelos de su luz de emergencia / Marta G. Brea
En 2013 Torre pidió una excedencia en la Guardia Civil y comienzó a ocuparse más a fondo de su idea. Consulta un informe exhaustivo del RACE y Goodyear que pone de relieve que la mayor parte de las averías de los vehículos suelen ser eléctricas, lo cual inutiliza los warnings (luces de emergencia), y que la mayor parte de los accidentes con atropellos en situaciones de avería se producen de noche. "Básicamente lo que hice fue convertir la luz de policía en luz de emergencia, cambiándole del color azul al ámbar, que es el de la precaución, haciéndola del mínimo tamaño posible, dotándola de una frecuencia y una potencia similares a las de los intermitentes del vehículo, permitiendo que se pudiera colocar en el techo del coche y que fuera completamente autónoma, que funcionara con pilas", expresa Torre.
Con los bocetos de su invento dibujados a mano y dos primeros prototipos rudimentarios que confeccionó en casa con piezas de otras lámparas, Torre acudió en 2015 a un excompañero con el que había coincidido en el departamento judicial de la Guardia Civil, el vigués Jorge Juan Costas, quien también había dejado su puesto y se dedicaba a instalar parques acuáticos, negocio que estaba probando a exportar a México y que le había dejado en la ruina. "Estábamos sin un euro, necesitábamos alguien que nos lo fabricase y nos fuimos con lo puesto a Barcelona a intentar convencer a un hombre que vendía productos para teletienda", narra Costas. Los dos emprendedores lograron la financiación del socio catalán, quien se comprometió a fabricarles 5.000 piezas en China y a almacenarlas en su casa para ir enviándolas a los futuros compradores.

Primeros bocetos del invento realizados a mano / Marta G. Brea
«Teníamos que darnos a conocer y empezamos por las asociaciones de víctimas de tráfico que habían tenido problemas con los triángulos», comentan. Así, en 2016 vendieron la práctica totalidad de su primera producción a personas de este colectivo y a finales de ese año fabricaron un segundo lodte, del que una cantidad considerable fue para una aseguradora.
A principios de 2017 los padres de la baliza V16 se asentaron en la aceleradora de empresas Vía Galicia, propiedad del Consorcio de la Zona Franca de Vigo en el parque empresarial Porto do Molle. Su empresa, Netun Solutions, logró financiación pública y su innovador producto, bautizado con el nombre de Help Flash, recibió varios premios de innovación. Al finalizar el evento de uno de esos certámenes, en el cóctel, se les acercó un miembro del jurado, un responsable de la Dirección General de Tráfico (DGT), que les djo: "Vosotros sois los famosos gallegos de la lucecita, ¿qué es lo que hacéis que todo el mundo me habla de vosotros?". Fue el inicio del contacto oficioso con la Administración central.
En 2018, con la empresa instalada en la aceleradora BFA (Business Factory Auto), también de la Zona Franca de Vigo y vinculada al sector de la automoción, la DGT reguló los requisitos de calidad y luminosidad mínimos para homologar ese tipo de luces de emergencia y ya se apunta a la posibilidad de que fuera digital. En aquel momento el modelo que comercializaban los gallegos era analógico, así que encargaron un estudio jurídico a una consultora que les permitió seguir comercializándolo como legal, ya que su uso no estaba prohibido.
Ese año salió al mercado un modelo de otra marca, con lo cual ya no eran los únicos. "Este dispositivo no se puede patentar entero, porque es una luz, aunque sí tenemos patentadas algunas partes del dispositivo de nuestra marca", aclaran. Las exigencias de homologación requeridas por las autoridades y cuestiones "de responsabilidad" hacen que trasladen la producción de China a España, a una fábrica de Zaragoza que se convierte en su partner.

Planta de producción de Zaragoza / Netun Solutions
En 2019 salió un borrador de un decreto por el cual se va a declarar obligatorio el uso de esas balizas sustituyendo al triángulo de emergencia. "Justo después viene la moción de censura, la falta de Gobierno y luego la pandemia; pasamos una larga travesía en el desierto porque se paralizó todo". Hasta entonces la empresa "estaba despegando", vendían alrededor de 15.000 unidades anuales y a sus promotores les daba "para vivir malamente con un sueldito", pues estaban invirtiendo en personal, materiales y maquinaria. "Las balizas analógicas nos costaba fabricarlas entre seis y ocho euros y las vendíamos por un precio de diez a once euros", indican.
En 2021, la DGT les convocó a una reunión en Madrid junto a otras cinco empresas grandes de iluminación como Osram y Hella, los dos laboratorios homologados en España, Leco y Diada, y las tres operadoras de telefonía. "Éramos los más pequeños de los que estábamos allí", apunta Costas. En ese encuentro les presentan el proyecto DGT 3.0 y les comunican que las balizas deben ser geolocalizables y tener una garantía de conectividad de 12 años. "Me fui para casa llorando, pensando ‘se nos acabó el negocio’. Esos dispositivos que pedían costaría ponerlos en la calle entre 200 y 300 euros", relata Costas.
Fueron necesarias varias reuniones más para ir avanzando en la fórmula para convertir en digital un producto analógico sin que se disparasen los costes. "Todos tuvimos que poner de nuestra parte, sobre todo las operadoras, que suponían el apartado más costoso del proyecto". Finalmente en marzo de 2021 se publica el Real Decreto 159/21 por el cual el uso de las balizas V16 se hace obligatorio. El texto definitivo no llega hasta diciembre de 2022, con la publicación de un nuevo decreto que modifica y amplía el anterior, estableciendo la fecha de enero de 2026 como la entrada en vigor de la obligatoriedad de la baliza V 16. "Fueron dos años de lo peor porque habíamos hecho inversiones para mejorar el producto y no había ventas", exponen los emprendedores gallegos, quienes aseguran que disponen de stock de sobra para atender la demanda.

Prototipos de la baliza ideada por el gallego Jorge Torre hechos a mano y en impresora 3D / Marta G. Brea
La baliza gallega V16 Help Flash, que cuesta entre 40 y 50 euros, no es de las más baratas del mercado, pero sí la de mayor intensidad lumínica, según aseguran sus fabricantes.. En su interior dispone de una diminuta tarjeta SIM, como la de un teléfono móvil, un módulo de comunicaciones y una antena GPS. "Al activar la luz de la baliza, se envía el posicionamiento del vehículo averiado a la nube de la DGT, que lo que busca es informar a otros conductores de las incidencias que se van a encontrar en la carretera", cuentan
La ley exige que la baliza pueda dar luz y emitir su posición de manera ininterrumpida a la máxima potencia durante media hora, el tiempo que se calcula que tarda en llegar la grúa, si bien "la nuestra dura más de dos horas a la máxima potencia, y entre doce y quince horas hasta que se gasta la pila", afirman Costas y Torre.
La vida útil de la baliza es de doce años, lo que marca la ley. El color de la luz es amarillo auto y no azul, que sería más visible, porque este último tono está reservado a vehículos de emergencias.

Prototipos, modelos de la baliza Help Flash comercializados desde 2017 y placas de un modelo analógico y uno digital / Marta G. Brea
Respecto a las críticas a la escasa visibilidad del dispositivo durante el día, en curvas y en cambios de rasante, Torre y Costas indican que la Guardia Civil ha informado favorablemente respecto a esta normativa. "Si de día no ves la luz, no ves el coche averiado y menos el triángulo", indican. "Que achaquen que la baliza no se ve en curvas cerradas es más vergonzoso, sobre todo teniendo en cuenta que el 90% de esos atropellos son en autovías y en autopistas, donde no hay esas curvas", añaden.
Otros de los comentarios que se realizan estos días atañe al volumen de negocio que se mueve detrás de esta normativa. "Hay que vender mucho volumen para conseguir que esto sea rentable; hablan de 1.200 millones de euros, que sería el resultado de multiplicar el precio medio de una baliza por el parque de coches de España, pero esa cantidad habría que dividirla entre las más de 250 marcas que se comercializan, además de quitarle el IVA, gastos de producción y demás. Los márgenes que nos quedan son muy escasos. No nos vamos a hacer ricos con esto", concluyen.
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