Historias de L'Hospitalet
Escola de Vida de La Florida: donde los nuevos vecinos aprenden catalán, costura... y a montar en bicicleta
Este proyecto de la afa de la escuela Joaquim Ruyra acoge cada curso a entre 800 y 1.000 vecinos del distrito IV, el 70% son mujeres
Comparten clases extranjeros recién llegados que necesitan aprender la lengua con migrantes de los años 60 que no tuvieron la oportunidad de alfabetizarse
Así nació en L'Hospitalet la primera escuela de adultos de Catalunya: "No solo se enseñaba a leer, también se creaba conciencia social"

Aula de la Escola de Vida de La Florida, la semana pasada. / JORDI COTRINA

Carmen llegó derivada por el CAP en lo que se conoce como una "prescripción social". Empezó como voluntaria, haciendo acompañamiento a grupos de alfabetización. En su país de origen tenía formación universitaria que nunca pudo homologar en Catalunya, donde trabajó de limpiadora, por lo que poder enseñar a leer a otros la ayudó a mejorar su autoestima. Y, de ser acompañante, pasó a ser también alumna de costura y patronaje. Otra alumna lleva cuatro años aprendiendo en los cursos de alfabetización y participando en el proyecto comunitario 'Compartim vida', donde Carmen enseña a hablar castellano a vecinas que desconocen el idioma, "algo muy potente para ella", explica Karla Montenegro, directora de la Escola de Vida Les Planes-La Florida (EdV), "espacio comunitario de formación permanente" –esa es la definición oficial– impulsado por la afa de la escuela Joaquim Ruyra.
Una singular escuela de adultos intergeneracional –tienen alumnado de 16 años y de más de 80– que echó a andar en septiembre del 2019. Nacida en el marco del Pla Integral Les Planes-Blocs Florida del Ayuntamiento de L'Hospitalet, pasan por ella cada año entre 800 y 1.000 alumnos del distrito IV de L'Hospitalet y tienen a otros más de 200 en lista de espera, sobre todo para los cursos de catalán (40%), castellano (50%) y alfabetización (10%).

Escola de Vida de L'Hospitalet, la semana pasada. / Jordi Cotrina
Al revés que Carmen, Mercedes entró en la EdV como alumna de alfabetización, clases a las que sigue acudiendo, pero ahora es también profesora de patronaje. "Para muchas vecinas este es un espacio de socialización. Mercedes tiene 83 años, ha sido modista toda su vida en el barrio y da clases de patronaje mientras continúa siendo alumna de alfabetización", explica Verónica Cano, coordinadora del proyecto. "Y participa también en 'Dones en Rodes'", añade Alba Domínguez, técnica social de la EdV.
Espacio de acogida
Dones en Rodes es un proyecto destinado a mujeres –en realidad el 70% del alumnado de la escuela son mujeres– que no han montado nunca en bicicleta. El punto en común entre todas las participantes del proyecto –premiado en 2023 por el AMB por el uso de la bicicleta como herramienta de inclusión social– ya tengan 20 años o más de 80, como Mercedes, "es que nunca hasta ahora pudieron aprender a ir en bici", prosigue Domínguez. Como tantas otras formaciones del centro –que cabalga entre una escuela de formación de adultos y un espacio de acogida de personas 'nouvingudes'– surgió a partir de las necesidades detectadas. En este caso, de autonomía y libertad para poder desplazarse.
La EdV nacía en 2019 en un contexto en el que el 30% del distrito no tenía ninguna titulación, y la única escuela de adultos adscrita al territorio había cerrado cuatro años antes
Igual que sucedió en Can Serra en los años 70 del siglo pasado, la EdV nacía, casi 50 años después, en un contexto en el que el 30% de la población de La Florida y Les Planes –el territorio más densamente poblado de Europa y cuyo vecindario tiene la renta más baja de L'Hospitalet– no tenía ninguna titulación y la única escuela de adultos adscrita al territorio (el Centre de Formació d’Adults Sant Ramon) había cerrado en 2015.
Comunidad de aprendizaje
Pese a que no disponen de local propio –dan clases de nueve de la mañana a nueve de la noche en siete equipamientos distintos del distrito, del Centro Municipal Ana Díaz Rico al instituto Eduard Fontserè–, el hiperactivo equipo que gestiona la EdV está en un pequeño despacho de la escuela Joaquim Ruyra, junto a los bloques, ya que el proyecto nació aquí [jugó un papel relevante en ello Raquel Garcia, la entonces directora del colegio] y forma parte de la Comunidad de Aprendizaje de esta escuela de máxima complejidad con una implicadísima comunidad educativa.
Dan clases de nueve de la mañana a nueve de la noche en siete equipamientos distintos del distrito, del Centro Municipal Ana Díaz Rico al instituto Eduard Fontserè
A la entrada del colegio recibe al visitante un mosaico con las fotografías de las madres, abuelas, padres y abuelos que forman parte de esa comunidad de aprendizaje, entrando al aula de sus hijos o nietos a hacer de voluntarios. "La implicación de las familias en la escuela es grande", explica con orgullo Montenegro.
"Aunque el 50% de los nuevos alumnos que llegan lo hacen en búsqueda de cursos de catalán y castellano para tramitar el arraigo, lo que hacemos, como dice Alfons, es enamorar", señala Montenegro.

Una mujer aprende a coser en la Escola de Vida de La Florida, en L'Hospitalet. / Jordi Cotrina
Alfons es Alfons Formariz Poza, maestro de educación de personas adultas y profesor jubilado de la Universitat de Barcelona. "Nuestro maestro y compañero, persona de referencia en la educación de personas adultas", precisa la directora de la EdV, muy agradecida a todos lo que durante años han colaborado en la escuela, como Enric Roldán, quien también fue maestro en los 70 en Can Serra, memoria viva de L'Hospitalet.
El éxito de ese enamoramiento queda claro en historias como las de Carmen y Mercedes. Un amor, además, que se cimienta en el acompañamiento vital que desde la EdV se da a unas vecinas que quizá lleguen buscando clases de catalán o castellano, pero que aquí encuentran un lugar en el que expresar sus numerosas necesidades tanto legales –para tramitar los papeles– como de salud o vivienda, algunas de las cuestiones que atraviesan a una parte importante del vecindario del enclave.
Las vecinas llegan buscando clases de catalán, pero aquí encuentran un lugar en el que expresar sus numerosas necesidades tanto legales –tramitar los papeles– como de salud o vivienda
Igual que a ellas les derivan a alumnos, ellas derivan también al resto de entidades y recursos del territorio y la ciudad (ese trabajo en red es otro de los motivos por los que son una escuela comunitaria).
En la lista demandas del comprometido equipo que hace realidad a diario la EdV, además de recursos para poder reducir la lista de espera y no tener que dejar a ninguna vecina fuera, destaca, sobra decirlo, un local propio para estar arriba y abajo: una clase en el instituto, otra en el centro cívico. Subrayan en particular la necesidad de una cocina propia, espacio en el que sueñan poder trabajar la cohesión y la convivencia a través de los sabores, las texturas y los olores. "Es una de las demandas que nos hacen las usuarias y que no podemos atender por falta de espacio", zanjan.
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