Innovación espacial
Una exalumna de la Universitat de Girona participa en una misión de la Agencia Espacial Europea para estudiar los agujeros de la capa de ozono
Carlota Keimer es una de las 200 personas que trabajan en el lanzamiento del satélite ALTIUS en Bélgica, que despegará en el 2027
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Carlota Keimer amb el satèl·lit ALTIUS a les instal·lacions de Redwire, a Bèlgica. / CEDIDA
Entre las 200 personas que trabajan en el lanzamiento del satélite ALTIUS, una misión encargada por la Agencia Espacial Europea que debe permitir estudiar la capa de ozono, tomar fotos y analizar otros gases presentes en la atmósfera, está Carlota Keimer (Calella, 1999), una exalumna de Ingeniería Mecánica de la Universitat de Girona (UdG).
Después de hacer un máster en Ingeniería Aeroespacial en Alemania —gracias a la beca Josep Maria Ginés i Pous convocada por la Asociación del Patronato de la Escuela Politécnica Superior de la UdG— se instaló en Bélgica, donde está realizando el trabajo de fin de máster en la empresa de tecnología espacial Redwire (que también subcontrata la NASA para desarrollar proyectos), la cual está ultimando el lanzamiento del satélite, previsto para 2027 con un cohete Vega-C desde Kourou, en la Guayana Francesa. "Nunca he presenciado ninguno, es el gran honor de mi vida", confiesa Keimer, que ya cuenta los días para verlo despegar.
De la misión, se encarga de hacer las pruebas del instrumento del satélite para que "haga las fotos y las medidas que tiene que hacer y se comunique correctamente con el resto de subsistemas del satélite". El instrumento, asegura, "es muy innovador porque nunca se habrá visto nada con un nivel de detalle tan alto". El satélite se encargará de hacer fotos y observar la evolución de los agujeros en la capa de ozono: "Podremos ver si se están haciendo más grandes o si, por el contrario, se están cerrando debido a la prohibición de los gases fluorados presentes en cremas, espumas o desodorantes", explica Keimer. Y es que el objetivo es recopilar información para poder recuperar la capa de ozono. En este sentido, alerta de que hay un agujero "importante" sobre la Antártida que afecta considerablemente a Australia, donde "la radiación es más fuerte y hay más casos de cáncer de piel".
La imposibilidad de poder volver de Marte
Aunque asegura que le gustaría viajar en una misión tripulada ("y a quién no, cuando te dedicas a estudiar el espacio"), tiene claro que "lo más importante es que el retorno esté asegurado". Y en las expediciones a Marte, afirma, esto no está claro: "Se puede llegar, pero no creo que exista la tecnología necesaria para poder volver" (de momento solo han viajado robots). "La dificultad más grande es la radiación que tendrían que soportar una vez allí; también se necesita poder recargar combustible o ser capaz de generarlo, pero por ahora no tenemos cohetes lo bastante potentes para poder hacerlo", asegura.

La exalumna de la UdG en el módulo Columbus, en el Centro de Entrenamiento de Astronautas de Colonia. / CEDIDA
En este sentido, señala que el objetivo de las misiones ha cambiado en las últimas décadas: "Antes era una carrera para ver quién llegaba primero, todos los países querían demostrar algo; ahora, en cambio, se prioriza mucho más la seguridad de los tripulantes y las misiones son más científicas, se hacen en beneficio de la humanidad y de la Tierra", asegura. En este sentido, defiende que "la gente piensa que la exploración espacial es gastar dinero para nada, cuando en realidad sirve para estudiar enfermedades como la osteoporosis —los astronautas envejecen unos 10 años terrestres en una misión de seis meses de duración y pierden hasta un 10% de su masa ósea y muscular— o crear medicamentos contra el cáncer, porque en el espacio, con la microgravedad, las proteínas se desarrollan más rápido”. Como curiosidad, explica que muchos instrumentos utilizados en el día a día se crearon para ir al espacio, como los CD o los colchones que recuerdan la forma del cuerpo.
Una sonda en la atmósfera
Carlota Keimer, de hecho, también empezó estudiando la capa de ozono. Y es que para su Trabajo de Investigación lanzó una sonda a la atmósfera desde el Pla de Martís de Banyoles para "extraer datos sobre la radiación cósmica". Logró llegar hasta 35 kilómetros de altura.

Una imagen de la Tierra captada por la sonda. / CEDIDA
Simulación de una misión tripulada
Una vez hayan hecho el lanzamiento del satélite, participará en la misión Hypatia 3, formada íntegramente por mujeres catalanas, que simula las condiciones en Marte de una misión tripulada. "Sirve para preparar futuras misiones que vayan al espacio y poder contar ya con procedimientos probados, para que después sea más fácil y más eficiente ir". Los últimos experimentos se realizaron en el desierto de Utah, en Estados Unidos, y para esta nueva fase todavía está a la espera de que se confirme la base. De las 642 personas que han viajado al espacio, solo 105 eran mujeres.
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