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Entrevista

Amaia García, trabajadora social: "Debemos recuperar el sentido de comunidad en las ciudades"

La entidad Vivir con Voz Propia promueve en Vitoria la Red de Vecindario Compasivo: “El objetivo es aliviar la soledad no deseada, especialmente de las personas mayores”

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Amaia García, en el centro de Vitoria.

Amaia García, en el centro de Vitoria.

Eduard Palomares

Barcelona
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Como contraposición al incremento del individualismo en las grandes ciudades, Amaia García propone recuperar el sentido de comunidad. Es trabajadora social del programa para la Atención Integral a las Personas con Enfermedades Avanzadas de la Fundación La Caixa, a través de la entidad Vivir con Voz Propia. Desde el 2020 promueven en Vitoria la Red de Vecindario Compasivo, con el fin de facilitar el cuidado colectivo entre vecinos y combatir la soledad no deseada. 

-¿La palabra ‘compasión’ había quedado pasada de moda?

-Nosotros intentamos desde el principio darle una vuelta a la idea que tradicionalmente se tenía de la compasión. No la entendemos como algo que surge de la pena, la lástima o el deber religioso, sino como un paso más allá de la empatía. No solo te entiendo o me pongo en tus zapatos, sino que quiero hacer algo por ti. Es una actitud proactiva, empatizar con el dolor de otra persona para averiguar cómo ayudarla.

-Empatizar para combatir uno de los males más invisibles de esta sociedad: la soledad, especialmente de personas mayores.

- Vivir con Voz Propia nació en el 2013 con la intención de dar voz a aquellas personas que, por diversas circunstancias, la habían perdido o ya no tenían fuerza para alzarla. La idea era ayudarles a recuperarla. En el proceso vimos que, más allá del envejecimiento o las enfermedades, muchas personas vivían su peor malestar debido a la soledad no deseada. Una soledad que puede ser social, emocional o espiritual: puedes estar rodeado de gente, pero sentirte profundamente solo.

-¿Cómo aliviar esa sensación profunda de soledad?

-Con la Red de Vecindario Compasivo buscamos una forma de organización comunitaria que busca afrontar la soledad en los momentos de máxima fragilidad, para que las personas no tengan que estar solas cuando más lo necesitan, como en situaciones de enfermedad, envejecimiento o final de vida. Es un concepto aún poco conocido, pero muy necesario. La idea es repensar cómo queremos cuidarnos dentro de las comunidades.

-Cuidarse entre todos.

Exacto. La idea es que el cuidado no es solo un asunto de los servicios sociales o sanitarios. También es un compromiso colectivo y comunitario, que complementa la labor profesional, aunque nunca la sustituye. La comunidad es el mayor recurso de cuidado que tenemos. Antes, en los pueblos o barrios pequeños, la gente formaba una red natural de apoyo. Ahora, en las ciudades, eso se ha perdido. Lo que intentamos es devolver esa esencia, ejerciendo de puente entre los vecinos y los recursos que ya existen, como asociaciones, parroquia, centros cívicos, comercios…

-¿Cómo reaccionan las personas mayores en situación de soledad cuando les proponen participar?

-Depende. Hay personas que no quieren participar, y es totalmente válido: hay quien desea su solitud. Pero en general la gente lo recibe bien, porque no ven a alguien que viene de parte de una entidad, sino a alguien de la propia comunidad. El boca a boca funciona muchísimo, sobre todo en personas mayores que no están en redes sociales. Por ejemplo, organizamos paseos saludables en compañía. Difundimos la actividad con carteles en el barrio, pero muchas veces vienen porque una amiga se lo ha contado. Y de repente en el siguiente paseo aparecen diez personas nuevas. Es gente que quizá nunca habría dado el paso por sí sola.

-¿Y qué supone para los voluntarios participar en la red?

-Lo que nos trasladan es que no solo se beneficia quien recibe el acompañamiento: también lo hace quien acompaña. Hablan de aprendizaje, de crecimiento personal, de una “humanidad compartida”. Acompañar también es dejarse acompañar, y se genera un reconocimiento mutuo muy potente. Muchas voluntarias jóvenes nos dicen que les cambia la perspectiva, que se cuestionan cosas, que descubren realidades que no conocían, como la memoria histórica de un país que ha cambiado mucho. El acompañamiento puede ser duro, porque estás con personas muy frágiles, pero también es enormemente enriquecedor.

Un futuro de oportunidades

EL PERIÓDICO y Fundación La Caixa dan voz a los perfiles sociales, culturales y científicos que con su esfuerzo están creando una sociedad con más oportunidades para todos.