Políticas de acogida
Bilal Saket, joven extutelado que estudia y trabaja: "Los de fuera también levantamos el país"
Este marroquí de 20 años, que llegó a España con 17, es uno de los muchos jóvenes que compaginan empleo y estudios tras pasar por el sistema de protección de menores catalán
El 90% de jóvenes extutelados que siguen recibiendo apoyos en Catalunya estudian o trabajan
Migrantes extutelados en Catalunya: "Este país nos necesita y queremos aportar"

Bilal Saket, este martes, en Barcelona. / Jordi Cotrina

Bilal Saket es uno de esos tantos jóvenes extutelados en Catalunya –el 23,1% según la última encuesta de la red de entidades para la emancipación juvenil (FEPA)– que compaginan estudios y trabajos. Saket, de 20 años y oriundo de una pequeña ciudad del oeste de Marruecos, trabaja de prácticas por las mañanas en una empresa en Sant Martí y por la tarde acude a las clases del Grado Medio de instalaciones frigoríficas que cursa en la Escola del Treball del Eixample. "Me gusta lo que estoy estudiando y confío en que si eres bueno y sabes lo que estás haciendo no vas a tener problemas" para encontrar trabajo, reflexiona el joven.
Saket acabó casi de rebote en Barcelona. Cuando estudiaba el primer año de bachillerato en Marruecos, y con vistas de alcanzar un futuro mejor, la familia de Bilal se mudó a la ciudad francesa de Rouen. La idea del joven era quedarse allí estudiando, pero una llamada con un amigo suyo lo cambió todo. "Vente a España, que aquí en el tema de papeles es mejor que Francia", le aconsejó. Saket le hizo caso y ante la perspectiva de que en el país vecino, "si tienes planes para un buen futuro es difícil conseguirlo", se trasladó a Barcelona.
Un amigo aconsejó a Bilal que viniera a España en lugar de Francia porque era más fácil conseguir papeles
Más posibilidades
Así fue como, convencido de que en Catalunya tendría más posibilidades de prosperar, con apenas 17 años Saket acabó en el centro de acogida de menores migrantes de Rubí. Allí pasó un año y medio compartiendo habitación con tres chicos y, aunque la experiencia tuvo ratos mejores y peores, el joven se queda con las lecciones aprendidas. "Va bien para que no te imagines que todo el mundo es bueno", explica Saket. Aunque, por otro lado, también se pueden recibir malas influencias. "Al ser menores, no saben bien lo que tienen que hacer y lo que no; y si te encuentras con alguien que es malo, pues lo sigues", explica.
Es ahí donde entra en juego la labor de los educadores sociales. "Si ejercen más control, la gente va a salir bien de ahí. Pero si les dejan mucha manga ancha, los menores pueden acabar mal", reflexionan. Sea como fuere, su experiencia con los educadores ha sido, por lo general, buena.
Tras salir del centro de Rubí, accedió a un piso que la fundación ISOM tiene en el distrito de Sant Andreu. Se trata de uno de los Programas de Inserción Laboral (PIL) preparados para extutelados como él y que dan una vivienda a jóvenes que hayan estado bajo custodia de la DGPPIA –antes DGAIA– hasta los 21 años . "Somos tres chicos en el piso", afirma Saket, que explica que, aunque hacen vida completamente independiente –"si no cocino, no como"–, su educadora de referencia los visita cada día. "Vigila que esté todo bien, porque no vamos a ser los únicos en pasar por el piso", aclara Saket, quien asegura que nunca ha habido problemas ni entre ellos ni con los vecinos.
"Al ser menores, no saben bien lo que tienen que hacer y lo que no; y si te encuentras con alguien que es malo, pues lo sigues"
El joven, eso sí, ya tiene su cabeza puesta en el próximo junio, cuando cumplirá 21 años y deberá abandonar el piso. "La idea es encontrar una buena habitación, que aquí es un poco caro... Pero seguro que me quedo en la empresa donde estoy haciendo prácticas. Más o menos lo tengo bien, no voy completamente perdido", asegura. Antes, sin embargo, Saket pasará unas semanas con la familia en Rouen, a la que en tres años solo ha visitado una vez y con un permiso especial para ver a su padre, que fue operado.
Más dinero
Con ese escenario en mente, Saket no pierde el tiempo y en su tiempo libre trata de encontrar maneras de emprender y generar ingresos. "Más allá del trabajo de lo que estoy estudiando, me gustaría tener un trabajo digital en la web", explica. "Siempre he tenido la idea de que Google es un medio para conseguir dinero, así que siempre he buscado cómo hacerlo", reflexiona el joven.
Saket dice estar "harto" de los comentarios que aseguran que los inmigrantes como él vienen a delinquir o a vivir de las ayudas. "Lo que sé es que todo el mundo [de su entorno] está trabajando", asegura el joven, quien añade: "Cuando hay obras en Barcelona, ¿quién está trabajando ahí? ¿Quién está levantando el país, como dicen ellos? Los de fuera también lo hacemos".
Para Saket, acabar con la delincuencia de los inmigrantes no es cosa de los jóvenes como él, sino responsabilidad del propio Estado que los acoge. "Si la gente hace cosas mal o delinque, pues devuélvelo a su país o mételo en la cárcel", apunta.
Sea como fuere, Saket no se arrepiente de su decisión de venirse a España. "Aquí puedo conseguir lo que quiero de verdad", reflexiona. "Si me lo curro y con un poco de suerte sé que puedo hacerlo. Pero en Marruecos, por muy bueno que seas en los estudios, no lo vas a conseguir", lamenta. "Allí te cogen por tener suerte o tener contactos y ser el hijo de fulano de tal", explica. "No quería perder la esperanza en un país que no te da oportunidades", sentencia.
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