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Lenguas

València cada vez habla menos valenciano: apenas un 15% lo habla, y solo un 2% lo hace en exclusividad

El uso social del valenciano en la capital está en retroceso mientras el ayuntamiento riega con subvenciones a entidades secesionistas

Colectivos como Escola Valenciana mantienen programas de normalización como 'parelles lingüístiques' o clases a inmigrantes, y buscan acuerdos con creadores de contenidos para impulsar la lengua entre los jóvenes

Excursión de alumnos de los cursos de valenciano que imparten voluntarios de Escola Valenciana en Càritas.

Excursión de alumnos de los cursos de valenciano que imparten voluntarios de Escola Valenciana en Càritas. / T. Francés

Francesc Arabí

València
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El tío Canya lo tiene cada vez más crudo. Si no mintió Al Tall, lleva lustros sin pisar la ciudad de València. Como es sabido, la visitó tres veces. Juró no volver porque quedó atrapado en la burocracia por su nula competencia en castellano y la negativa de los funcionarios a atenderle en valenciano. Hoy, el predominio lingüístico en el Cap i casal, es abrumadoramente castellano. Lo dicen los indicadores de uso de la lengua y la experiencia de los colectivos que trabajan por la normalización lingüística. El barómetro municipal que radiografía la ciudad indica que el 70% de los vecinos dice expresarse solo en castellano y apenas un 2% indica que solamente utiliza el valenciano. El barómetro de la Generalitat sobre “usos personales, profesionales y públicos” del valenciano tampoco retrata una salud lingüística de hierro. Un 14,7% de los valencianos de la capital asegura dirigirse siempre o generalmente en valenciano a las personas que no conoce, frente a un 66,2% que lo hace en castellano. Los resultados de la consulta sobre la lengua base en la escuela (un 34,2% apostó por el valenciano) o el interés decreciente en participar en iniciativas como las “parelles lingüístiques” promovidas por Escola Valenciana -aprender a través de quedadas con un voluntario para conversar- denotan que el valenciano necesita un impulso en la capital. Especialmente entre la gente joven.

El problema es que quien tiene dinero no quiere y los que quieren no tienen dinero. Efectivamente, los colectivos con voluntad de auspiciar un impulso a la lengua y entidades que abanderan su uso carecen de recursos para afrontar acciones y quienes disponen de medios, las instituciones públicas, no tienen voluntad. Al menos hasta ahora. En València y más allá.

Quien tiene dinero para promover el valenciano no quiere y los que quieren no tienen dinero

Contra la AVL y prosecesionismo

En estos más de dos años de legislatura autonómica ha vuelto a ser recurrente sacar a pasear la lengua con toda la mochila de anatemas como regalo a un socio como VOX, poco entusiasta de la promoción del valenciano, o como estrategia para distraer de otros problemas. Por ejemplo, de una cuestionada gestión de las emergencias en la dana del 29-O. Así, Carlos Mazón arrinconó y quiso estrangular económicamente a la AVL, entidad competente en regular la normativa lingüística. Le recortó subvenciones, y hasta quiso cambiarle el nombre. De AVL a ALV, Acadèmia de la Llengua Valenciana. Un brindis al sol al tratarse de un organismo estatutario. La citada consulta a las familias sobre la lengua vehicular educativa, propiciada por el ex conseller del ramo José Antonio Rovira, fue otro elemento que soliviantó sensibilidades y ánimos.

El recién nombrado presidente, Juanfran Pérez Llorca, ha decidido asumir directamente desde Presidencia la política lingüística de la Generalitat. Valencianohablante de Finestrat (Marina Baixa) a Llorca se le supone sensibilidad para promover el uso del valenciano y, con absoluta certeza, no alberga la más mínima duda sobre la unidad de la lengua. Falta ver si sus convicciones personales se acompañan de políticas de promoción.

Elena García, de Oviedo, y Miguel Pardo, valencianohablante, son 'parella lingüística'

Elena García, de Oviedo, y Miguel Pardo, valencianohablante, son 'parella lingüística' / Redacción Levante-EMV / E. García

¿La è de València? El problema está en la c

En paralelo al Palau, el Ayuntamiento de València también viene desarrollando políticas de apoyo a entidades defensoras del secesionismo lingüístico y las Normes del Puig, caso de Lo Rat Penat y la Real Acadèmia de Cultura Valenciana (RACV). La primera de estas asociaciones ha recibido tres subvenciones de 15.000, 53.000 y 27.800 euros desde las concejalías de Emprendimiento (VOX), Acción Cultural y Fiestas, ambas en manos del PP. Por su parte, la RACV ha recibido 14.000 euros del departamento que dirige el voxista José Gosálbez. Por contra, la música en valenciano ha sido erradicada de los conciertos de Viveros. Con el ayuntamiento de izquierdas, actuaron Zoo, La Fúmiga, Antònia Font, Maluks, Pep Gimeno 'Botifarra' o Sandra Monfort, entre otros. En el primer cartel programado por el actual gobierno conservador, el de 2024, solamente hubo espacio para Taburete, Bertín Osborne o Antoñito Molina. Y si se levanta un monolito a la esposa de Jaume I en el barrio de Campanar, la reina agraciada es rebautizada como Na Violante de Hungría.

Monolito a la reina 'Na Violante de Hungría'

Monolito a la reina 'Na Violante de Hungría' / José Jordán/ Europa Press

El debate sobre el valenciano en la capital se ha reducido últimamente a si el acento de la e ha de seguir siendo oficialmente abierto o, por contra, hay que cerrarlo. Pero el problema de València no está en la e, sino en cómo se pronuncia la c. La iniciativa del cambio de topónimo nació del equipo de gobierno PP-VOX y está generando debate entre expertos. El académico del la AVL Abelard Saragossà ha sido quien ha defendido oficialmente la propuesta en un informe técnico encargado por el ayuntamiento y otros, empezando por la propia Acadèmia, defienden la actual nomenclatura oficial. El debate ha trascendido a círculos vecinales hasta el punto de que se presentaron 1.041 alegaciones al plan.

Con la nueva mayoría PP-VOX, Bertín Osborne y Taburete desplazaron a La Fúmiga, Antònia Font o 'Botifarra' en los conciertos de Viveros

Sólo el 15% usa el valenciano habitualmente

Mientras tanto, en la calle el uso e interés por el valenciano no parece despegar después de experimentar un impulso a finales de los 90 e inicios de los 2000, al calor de los efectos de una consolidada la Ley 4/1983 d’Ús, con la subsiguiente entrada de la lengua en las escuelas, y de la puesta en marcha de Canal 9. El Estudi Sociològic de la Generalitat reflejaba que en 2006 un 5,6% de los vecinos de la ciudad hablaba siempre o generalmente en valenciano y un 56,3% decía hablarlo bastante bien. La Plataforma per la Llengua presentó en 2020 un estudio según el cual el 15% de la población lo usaba habitualmente en València (un 5,3% hablaba solo valenciano). Y el barómetro de la Generalitat de 2023 mantenía congelada la cifra de quienes siempre o generalmente se expresan en valenciano en la calle en el 14,7%.

Las cifras son interpretables. Que 15.589 familias voten en la ciudad por el valenciano como lengua vehicular en la consulta de Educación puede considerarse una catástrofe o un buen punto de partida. En Escola Valenciana, por ejemplo, se niegan a plegarse al pesimismo. Aunque admiten que la situación es complicada. “Bastante preocupante”, apuntan, sobre todo por el escaso uso social de las generaciones jóvenes. Además de preocuparse, hay que ocuparse. En Escola lo hacen y están ya trabajando un proyecto de buscar acuerdos con creadores de contenidos y otros motores culturales atractivos para jóvenes, por ejemplo en la podcastera. Apuntan como ejemplo el podcast El dolcet pal café, que se autoproclama “el podcast dels millenials valencians”. El problema es que para formalizar acuerdos promocionales se necesitan recursos.

Menos 'parelles lingüístiques'

Una de sus iniciativas para la normalización es el programa de 'parelles lingüístiques', en las que un miembro de su 'voluntariat pel valencià' y un alumno quedan una hora a la semana diez veces para conversar. Un café, un paseo, una visita… Desde el nacimiento de esta iniciativa, en 2005, se han formado 10.500 parejas lingüísticas en todo el territorio valenciano. En la capital se han celebrado cinco campañas. Y el interés ha decrecido. En el curso 2022/2023 acudieron 82 'aprendices' que fueron emparejados con 23 voluntarios. Al año siguiente se hicieron dos ediciones con 103 personas apuntadas para aprender la lengua sin un temario reglado ni exámenes. El curso pasado fueron 56 y en el actual apenas se han apuntado 22 y 18 voluntarios.

Hace tres años se apuntaron 82 personas a aprender valenciano en el programa 'parelles lingüístiques'; este año, solo 22

Las motivaciones son variadas. La de Elena García tiene que ver con el amor a la lengua por amor a su pareja Vicent Miquel, que es de Bétera. Ella es asturiana. Habla por teléfono con este diario desde Oviedo, donde reside habitualmente, en un valenciano impecable, con sus siete vocales; pronuncia sordas y sonoras y conjuga los verbos con total solvencia. Las 'clases' las recibe de Miguel Pardo. Son conversaciones por whatsapp (“es como nuestra pizarra”, dice) y por teléfono, salvo cuando el voluntario viajó a Oviedo, ciudad en la que casualmente estudió, y se conocieron. “Mis planes son aprobar la oposición en Renfe y trabajar en València”, explica. Ahora está empleada en un hotel de la capital asturiana y cuenta que cuando se entera de que se hospeda un cliente valenciano no duda en dirigirse a él en la lengua que ha aprendido. “La verdad es que flipan”, comenta sonriendo.

Clases a latinoamericanos en Cáritas

Cinco voluntarios de Escola Valenciana vuelcan sus esfuerzos de promoción lingüística hacia vecinos latinoamericanos que han migrado a València y que por su situación socialmente vulnerable acuden a Cáritas. Toni Francés es el único no jubilado que imparte clases a personas de estos perfiles. El grupo de estos alumnos de valenciano de Cáritas lo conforman una veintena de personas, de los que entre diez y quince son "muy activos", explica. El curso dura 30 horas (una y media a la semana), tras el cual Cáritas expide un certificado que les sirve para demostrar la voluntad de arraigo de cara al proceso de legalización de la residencia en España. Otros se apuntan, explica Francés, “porque dicen que cuidan a un abuelito que habla valenciano”, o porque “trabajan en la construcción con compañeros que lo hablan y lo ven interesante”. E incluso porque “quieren conocer la lengua y la cultura del país que los acoge”. Entre los voluntarios hay un licenciado en Bellas Artes, que acerca a los alumnos el patrimonio cultural de la ciudad en las visitas que realizan a emblemas como la Llotja, el Mercado Central o el Museo de Bellas Artes San Pío V.

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