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Asignatura pendiente

Barcelona radiografía 76 escuelas para mejorar el comedor escolar: "Es un tercio de la jornada; no puede ser que los niños no estén bien"

El Consorci d'Educació presentará el próximo enero los resultados del informe y un plan piloto en 10 centros

El ruido es el principal aspecto a pulir: molesto para todos, resulta especialmente problemático para el cada vez más numeroso alumnado TEA

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Comedor de la escuela Poeta Foix de Barcelona, este mes de noviembre.

Comedor de la escuela Poeta Foix de Barcelona, este mes de noviembre. / Sandra Román

Helena López

Helena López

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En marzo de 2024 las familias de la escuela Encants, en Barcelona, plantaron el comedor escolar literalmente en medio de la calle de Aragó. Cortándola, claro. Querían visibilizar que la falta de personal de apoyo para niños con discapacidad en la escuela durante 'la hora del comedor' priva a muchos de ellos de ese servicio básico. Poner el foco en como la llamada 'hora del comedor', que además, de hora, nada, ya que supone casi una tercera parte del tiempo que los niños pasan en la escuela (entre dos horas y dos horas y media, incluso tres, en los centros en los que más) se convierte en demasiadas ocasiones en una suerte de limbo al no ser considerada jornada lectiva.

La hora del comedor concentra la mayoría de conflictos dado que hay hasta dos horas y media de tiempo libre no dirigido

La Escuela Encants puso el tema sobre la mesa pero ni de lejos es la única escuela que lo sufre. La falta de monitores de apoyo para el alumnado con necesidades educativas -alumnado que crece curso tras curso- durante el tiempo de mediodía es una de las grandes asignaturas pendientes de un decreto de la escuela inclusiva aprobado en 2017 pero que no termina de desplegarse. Y la falta de estos monitores -antes llamados 'vetlladors'- tampoco es el único problema de los comedores escolares, el momento en el que se concentran la mayoría de conflictos, al ser en el que tienen más tiempo libre de juego no dirigido. Y depende de cómo estén al mediodía, la tarde, ya en clase, se complica.

Comedor de la escuela Poeta Foix, de Barcelona, este noviembre.

Comedor de la escuela Poeta Foix, de Barcelona, este noviembre. / Sandra Román

"Cada curso organizamos una jornada de puertas abiertas en el comedor para los que los padres vean y coman lo que comen sus hijos y siempre sale lo mismo, el ruido es el principal aspecto a mejorar", apunta Laia Perales, directora de la escuela Poeta Foix de Barcelona. Algarabía que es molesta, en algunos momentos difícilmente soportable, para todo el alumnado; pero que resulta especialmente problemática para el cada vez más numeroso alumnado TEA.

Quejas de las familias

Más allá de qué hacer para reducir el estruendo -una de las prioridades-, convertir los comedores escolares en espacios amables para el conjunto del alumnado es uno de los temas en la agenda del Consorcio de Educació de Barcelona (CEB). Es por ello que el organismo, en el que participa tanto la Conselleria d'Educació como el ayuntamiento, ha radiografiado los comedores de 76 escuelas de la ciudad para abordar la mejora de estos espacios. El próximo enero, el Consorcio presentará los resultados de este estudio, un decálogo de recomendaciones y un plan piloto en 10 centros para aplicar medidas y crear "espacios de mediodía más confortables e inclusivos" .

"Hace tiempo que teníamos la mosca detrás de la oreja después de varias quejas de familias que denunciaban que sus hijos no podían quedarse al comedor porque no tenían recursos humanos para atenderles; quejas individuales a las que se sumó una queja colectiva de las afas denunciando el vacío del tiempo de mediodía", explica a EL PERIÓDICO Eulàlia Esclapés, directora de Educación y Territorio del CEB, convencida de que si "los niños pasan dos horas y media al día en el comedor, no puede ser que sean dos horas y media diarias en las que no estén bien".

El Consorcio ultima un decálogo con recomendaciones para hacer que el comedor del colegio se parezca cada vez más al comedor de casa

De ese convencimiento nace esa radiografía, que empezó con un primer estudio de 32 escuelas de la ciudad, que luego se ha ampliado a 76 centros y que ha puesto el foco en identificar cuestiones a mejorar desde un punto de vista pedagógico, de espacio (estructurales, físicos), de los pliegues de licitación (el servicio de comedor suele estar gestionado por una empresa externa, a la que se les puede exigir una serie de requisitos, como que los monitores hablen en catalán).

Los planes individualizados deberían incluir recomendaciones también para el comedor, defiende Eulàlia Esclapés

Las visitas a esas 32 escuelas se hicieron junto al referente EAP -los equipos de asesoramiento y orientación psicopedagógica- de cada centro. "Pasan cosas como que alumnos que tienen un Plan Individualizado (PI). Y en este no hay ninguna consigna para el espacio de mediodía. Cosas sencillas como que si un niño tiene unos pictogramas para comunicarse en el aula, tendría que tenerlos también para comunicarse con los monitores del comedor. El PI debería incluir recomendaciones para el comedor, del estilo 'estaría bien que Paula comiera la primera porque se pone nerviosa'", reflexiona Esclapés. Esta es una de las recomendaciones del decálogo que están terminando de elaborar tras el citado estudio, cuyo objetivo es hacer que el comedor del colegio se parezca cada vez más al comedor de casa.

Comedor de la escuela Poeta Foix, en Barcelona, este trimestre.

Comedor de la escuela Poeta Foix, en Barcelona, este trimestre. / Sandra Román

El ruido es uno de los objetivos a mejorar. Esclapés explica que de las visitas para elaborar la radiografía y el decálogo de recomendaciones salieron con la idea de que era importante cambiar las bandejas metálicas -muy ruidosas- por platos.

Porque combatir el ruido no debería hacerse a costa de obligar a los niños a estar callados. Y es que hay escuelas en las que los alumnos tienen que estar prácticamente en silencio en el comedor, con semáforos que se ponen en rojo si suben el tono, y quejas de los menores, que aseguran que les regañan "por hablar", algo que tienen muchas ganas de hacer tras cuatro horas encerrados en clase.

"El comedor es un espacio de socialización en el que los niños tienen que poder hablar"

Laia Perales

— Directora de la escuela Poeta Foix

"El comedor es un espacio de socialización en el que los niños tienen que poder hablar. No les podemos hacer callar", considera Perales, que defiende que los comedores deben estar diseñados de manera en que sea posible hablar. De ahí que una de las necesidades detectadas por el equipo del CEB que hizo el informe son introducir cambios estructurales físicos en los comedores (la necesidad de insonorizarlos de alguna manera para que no se conviertan en una caja de resonancia).

El estudio también apunta mejoras en otros elementos que van de la luz a los manteles, por aquello de hacer el espacio lo más parecido a casa.

Platos en lugar de bandejas metálicas, insonorización o planes individualizados también en el comedor son algunos de los cambios apuntados

Perales apunta en todo este debate una cuestión aparentemente sencilla: la importancia de escuchar a las criaturas. En su escuela -de una línea en la calle de Balmes- intentan hacerlo y ya han introducido algunos cambios. Uno de ellos salió del Consell d'Infants del centro: cambiaron los vasos de plástico del comedor por vasos de cristal "porque los niños dijeron que era muy desagradable beber en vasos de plástico", explica la directora.

También han escuchado a los menores a la hora de elaborar el programa de actividades para el tiempo de mediodía: "Tenemos muy en cuenta las peticiones del alumnado; ahora nos han pedido hacer crochet", cuenta Noemí Duval, entregada coordinadora del comedor de la escuela Poeta Foix (y monitora desde hace dos décadas, con un gran vínculo con el alumnado y la escuela). Fruto de ese vínculo nace un completo programa de actividades semanales para esa franja horaria, que van desde la opción de hacer la siesta en infantil (opcional, no obligatoria) hasta talleres de mandalas, juegos de mesa, papiroflexia, jugar a la comba o a pimpón (con el objetivo, también, de que no tengan tantas horas muertas).

La importancia de las monitoras

A ojos de Perales, una de las mejoras necesarias a introducir sería no solo contar con monitoras de apoyo a la inclusión durante el mediodía, sino que estas sean las mismas que están con las criaturas durante la mañana en el aula. "Es lo ideal para el niño, por el vínculo que se genera, y a la vez mejora las condiciones laborales de las monitoras, muy precarias, al ser contratos de pocas horas", señala la directora del Poeta Foix.

Duval -coordinadora de comedor- asiente. Otro de los problemas de los comedores es la rotación del personal. Al ser trabajos de pocas horas al día es habitual que los hagan estudiantes, que los dejan cuando terminan la carrera o cuando encuentran otro trabajo con mejores condiciones laborales. Y el de monitor de comedor es un trabajo muy poco reconocido (al menos económicamente), pero estructural en la escuela, ya que son los primeros en detectar desde casos de bullying (por estar presentes en los momentos en los que los niños están más 'sueltos') hasta trastornos de conducta alimentaria (TCA), que empiezan a producirse ya en tercero de primaria.

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