Áltima celebra el segundo encuentro multiconfesional sobre los rituales funerarios de Oriente
Una jornada de diversidad funeraria que contó con la presencia de representantes del budismo, la fe bahá’i y el hinduismo

De izquierda a derecha; Thubten Wangchen, monje budista y fundador de la Casa del Tíbet; Emilio Egea, representante de relacions institucionales de la comunidad bahá'í; Alok Lahad, representante de la comunidad hindú en Catalunya / Maite Cruz
La muerte es un hecho que nos iguala a todos, y son los ritos, las culturas y la diversidad de religiones las que convierten este hecho común, en un acto distinto y personal para cada una de las personas y familias que lo llevan a cabo según sus creencias y tradiciones.
En el Tíbet, por ejemplo, los monjes budistas dejan reposar el cuerpo de las personas fallecidas hasta que su alma se marche. Después, mientras realizan oraciones, se puede dar el caso que se opte por cortar el cuerpo y ofrecerlo a los pájaros y animales carroñeros en un último acto de retorno a la naturaleza. Esta práctica, imposible de contemplar en occidente, para el colectivo budista se traduce en la incineración el cuerpo, que no tiene ya importancia una vez el alma se ha ido. También en la cultura hindú la incineración es importante, para que cada uno de los cinco elementos regrese a su lugar. En cambio, en la tradición de la fe bahá’í, el cuerpo es muy importante, puesto que está conectado al espíritu. El fallecido debe descansar en buen ataúd, y con los pies orientados hacia la ciudad de Acre (Israel).
Diversidad religiosa en Catalunya
Cada cultura, cada religión, incluso cada familia tiene sus propios ritos funerarios. Tradiciones para despedirse de sus seres queridos y acompañarse mutuamente durante este período. En Catalunya, donde conviven multitud de religiones, también hay mucha diversidad funeraria. Desde Áltima, la compañía catalana líder en el sector funerario, llevan años personalizando sus servicios para adecuarse al rito que la familia necesite. Además, para visibilizar y abrir un espacio de conversación y debate sobre la diversidad funeraria, Àltima lleva dos años organizando encuentros multiconfesionales. Tras el gran éxito de la primera jornada, el pasado 26 de noviembre, la compañía catalana celebró el 2º Encuentro Multiconfesional: "Un camino hacia los rituales de oriente”.
La Fundació Miró acogió este acto de reflexión y visibilidad sobre la muerte y la espiritualidad
La jornada reunió a representantes de las diferentes religiones de Oriente con presencia en Catalunya, así como expertos en espiritualidad y en antropología. Jordi Viñas, consejero delegado de Áltima fue el primero en subir al escenario para dar inicio a este acto. “Este encuentro quiere ser sobre todo una invitación a seguir tejiendo puentes entre religiones, culturas y personas”. Destacó la voluntad de la compañía de formar a sus equipos para atender a las diferentes necesidades de las culturas, así como impulsar espacios multiconfesionales en sus equipamientos.

Jordi Viñas, consejero delegado de Áltima / Maite Cruz
Rituales funerarios en oriente: budismo, hinduismo y bahaísmo
El plato fuerte del encuentro fue la mesa redonda “El ritual funerario en Oriente”, con las intervenciones de Thubten Wangchen, monje budista y fundador de la Casa del Tíbet en la capital catalana, Alok Lahad, representante de la comunidad hindú en Catalunya y Emilio Egea, miembro del órgano de gobierno y representante de relaciones institucionales de la comunidad bahá’í de Barcelona. En una interesante conversación, los tres representantes profundizaron sobre la muerte, lo que viene después y cómo debe prepararse a los difuntos para ello.
“Nadie puede escapar de la muerte, seamos ricos o pobres, famosos o importantes, buenos o malos. Por lo tanto, la muerte es muy importante”, señaló Wangchen. “Buda nunca dio ninguna instrucción rigurosamente para la muerte, pero consejos nos dio muchos”. Lo más importante: dejar morir en paz, silencio y calma. Cuando la persona fallece, lo más importante es acompañar su alma para que siga el camino de la resurrección. Para ello, tras el fallecimiento, debe encenderse una vela durante 49 días, que es el tiempo que transcurre hasta que el espíritu encuentra un nuevo recipiente. “El alma nunca muere, el cuerpo se separa de ella, pero esta continúa”, recordó el monje.
Cada religión cuenta con ritos y tradiciones para acompañar al difunto y su familia
Esta cultura comparte muchas similitudes con el hinduismo. Donde “la muerte no es el fin de algo, es una parada del viaje espiritual”, explicó Lahad. La ceremonia está orientada no tanto hacia el duelo, sino a desvincular el cuerpo con el alma. Una vez que el espíritu ha abandonado al cuerpo, el amor que nos queda hacia él es una ilusión. Para ayudar a que el alma siga con el viaje, hay todo un ritual alrededor de los cinco elementos que lo componen todo: el aire, el fuego, el agua, la tierra y el éter. “En el hinduismo, el hijo mayor es el que tiene la responsabilidad de llevar a cabo la ceremonia”, apuntó el representante de la comunidad hindú. “Aquí ponemos el cuerpo en un ataúd, pero en la India no se hace así, puesto que no puedes encarcelar de nuevo el alma que se está liberando. Allí se prepara el cuerpo para la incineración con elementos que lo facilitan”. Entre otros, colocan al difunto en una base hecha por bambú, con flores o polvo de sándalo. De esta forma se van devolviendo los elementos, con el fuego como principal. Finalmente, las cenizas se llevan a unas ciudades religiosas, donde hay unos espacios para verterlas en el río. “Yo siempre he dicho que hay dos países que están espiritualmente muy avanzados. Uno es Israel, y el otro es la India, porque la mayoría de las religiones han nacido en estos dos países”, recordó Lahad.

La mesa redonda "El ritual funerario en Oriente" contó con representantes del budismo, hinduismo y bahaísmo / Maite Cruz
La fe bahá’í nació en Irán, pero en Israel se encuentra su centro espiritual y administrativo. Esta religión está extendida por todo el mundo, con 7 millones de practicantes. “Esta religión nace en Persia a mediados del siglo XIX, y son las enseñanzas reveladas por Bahá'u'lláh, el enviado de Dios para esta época”, explicó Emilio Egea. “Una de nuestras premisas fundamentales es que los seres humanos somos esencialmente espirituales y que esa naturaleza espiritual se expresa a través de nuestro cuerpo mientras estamos en este plano”. Tras la muerte, se avanza a una nueva dimensión, el cuerpo queda atrás como “el trono del espíritu”. Por ello no se debe incinerar. No existe un ritual muy marcado, cada familia escoge las oraciones o cánticos que prefieran, se pone un anillo al difunto, con un recordatorio de que se a Dios. “La orientación del cuerpo tiene que ser hacia Israel, y en un ataúd que perdure”, señaló el representante de la fe bahá’í.
La muerte no es el final
Para estas tres religiones, la muerte no es vista como un final, sino como un principio hacia otra etapa del alma. Los rituales funerarios sirven como despedida y acompañamiento a quienes lloran a un ser querido. Para profundizar sobre los ritos y las distintas religiones, Jordi Moreras, doctor en antropología por la Universitat Rovira i Virgili, ofreció la conferencia: “¿Por qué es necesario seguir hablando de diversidad funeraria?”.
“Existe un cierto egocentrismo funerario”, lo extraño es lo de los demás, no lo nuestro”, explicó el profesor universitario. “La función de la religión siempre ha sido explicar la muerte, y lo que hay después de esta. Nunca podremos ser indiferentes a esto”. Todas las culturas ven este momento vital como algo fundamental, y en todas se hacen cargo de sus difuntos, con tradiciones propias y espacios designados para ello. “Decimos adiós a los difuntos para convertir el dolor en duelo”.

Jordi Moreras es profesor del Departament d'Antropologia de la Universitat Rovira i Virgili / Maite Cruz
Aunque todas las culturas comparten la muerte, hasta ahora ha habido una tendencia a separar “lo nuestro de lo otro”. Ejemplo de ello es la segregación en cementerios civiles, donde se separaba a los católicos de los demás. “Hoy en día, ya no hablamos de exclusión, sino de reconocimiento de la diversidad”. Se habilitan diferentes espacios para que cada familia pueda despedirse de su ser querido de la forma que necesite. Sin embargo, no todos los ritos funerarios se pueden llevar a cabo en Catalunya, debido a la legislación existente. “Es necesario que haya una armonización con el marco legal y las prácticas funerarias, ya que la ley de ahora deriva de nuestros propios rituales”.
Víctor Álvarez, subdirector general de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Catalunya, anunció en su intervención que se está trabajando en un decreto sobre la ley funeraria, para garantizar esta libertad religiosa en un momento tan importante como la muerte. “Queremos dar la enhorabuena a Áltima por la celebración, un año más, de esta jornada, una iniciativa privada que participa de la reflexión sobre las causas y los efectos de la diversidad religiosa en nuestro país”, reflexionó Álvarez. “Queda aún trabajo por hacer para ligar esta nueva demanda a las ofertas y los rituales, y la administración tiene que ser consciente de estas nuevas necesidades para garantizar la libertad religiosa”.

Víctor Álvarez, subdirector general de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Catalunya / Maite Cruz

El acompañamiento espiritual, una figura emergente en los hospitales
Afrontar la muerte de uno o de tus seres queridos es un proceso doloroso y difícil que despierta preguntas sin respuesta. Ayudar a las familias en este momento y acompañarlos en el proceso de duelo es el día a día de Mario Ciccorossi, en su trabajo como agente de atención espiritual del Hospital Sant Joan de Déu. “Cuando le dan la primera mala noticia a un papá y a una mamá de que su hijo tiene cáncer, lo primero que se pregunta es por qué: ¿Por qué a mí? ¿Por qué a mi niño? Esas preguntas remiten inmediatamente a lo espiritual”, explicó Ciccorossi en su intervención en la jornada. “Esa pregunta es necesario dejarla flotar en el aire hasta que la misma persona encuentre la respuesta. Y esta situación requiere de un acompañamiento”.
Ciccorossi forma parte de un equipo de atención psicosocial y espiritual, concretamente dentro del área de oncología pediátrica. En una labor combinada con psicólogos, trabajadores sociales y personal sanitario, se acompaña a las personas en uno de los peores momentos de su vida. “Cuando algún profesional detecta señales de sufrimiento existencial, de necesidad espiritual en ese ámbito, nos hace una derivación”, señaló el agente de atención espiritual.
Dialogar, escuchar, acompañar a una persona mientras intenta encontrarles sentido a estas situaciones, o intenta encontrar una forma de afrontarlo, es el papel de estas figuras. Cada día, al empezar la jornada, se hacen 15 minutos de silencio guiado, para que “papás y mamás aprendan en ese silencio a escuchar lo que hay adentro, el sufrimiento, y puede llegar a ser insoportable ver el sufrimiento del otro”. También los profesionales que acompañan a estas personas pueden llegar a necesitar estos cuidados emocionales y espirituales.
“Dicen que el peso más grande que puede soportar un ser humano es el del cadáver de su hijo”, comentó Ciccorossi. “Es tan grande, algo imposible de asimilar, que requiere de un trabajo de escucha activa, de diálogo. Poco a poco llegará el momento en donde la persona irá encontrando respuestas”.
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