Gestión de residuos
Catalunya reduce un 21% el desperdicio alimentario de la basura orgánica, el equivalente a más de 600 gramos por persona al año
Un análisis de la Agència de Residus de Catalunya indica que los contenedores marrones reciben cada vez más basura orgánica, pero con menor proporción de comida aprovechable
Las familias catalanas desperdician al menos un 10% de los alimentos que compran
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Contenedores marrones en Barcelona. / Andrea Bosch

Catalunya está logrando reducir el desperdicio alimentario que acaba en la basura orgánica. Según los últimos datos de l’Agència de Residus de Catalunya (ARC), los niveles de desperdicio alimentario detectados en los contenedores de basura orgánica de los circuitos públicos de recogida selectiva de residuos han caído un 21% en la última década. El descenso, registrado entre 2014 y 2024, confirma que, aunque la cantidad de desperdicios sigue siendo ingente, cada vez se logra evitar con más éxito que restos de comida en buen estado o aprovechables acaben de forma innecesaria en la basura. O dicho de otra forma, los catalanes están consiguiendo cada vez más que sus alimentos lleguen al contenedor sin ser aprovechados.
Hace ya más de una década que la Generalitat estudia de forma sistemática la composición de los restos que acaban en la basura de los catalanes. Cada trimestre, l’Agència Catalana de Residus analiza más de 500 circuitos de recogida selectiva de residuos y suma más de 2.000 conjuntos de datos al año sobre qué hay, entre otras cosas, dentro de las bolsas de basura que acaban en el contenedor marrón. Las series históricas muestran que la cantidad total de basura orgánica que se recoge sigue en aumento pero que, proporcionalmente, el porcentaje de desperdicios en la basura orgánica disminuye año tras año. En la última década, de hecho, se estima que los catalanes han logrado reducir en hasta 630 gramos la comida desaprovechada que acaba en la basura. Se trata pues de más de medio kilo que ya no se pierde sino que directamente se evita.
En la última década, se estima que los catalanes han logrado reducir en hasta 630 gramos la comida desaprovechada que a acaba en la basura
¿Pero a qué se debe esta diferencia? ¿Por qué hay cada vez más basura que se vuelca en el contenedor marrón pero, paradójicamente, un menor nivel de desperdicio? Para entender esta cuestión, los especialistas en gestión de residuos distinguen entre tres conceptos clave. Por un lado, están los residuos alimentarios, en los que se engloban todos aquellos alimentos que se convierte en residuo, incluyendo tanto la parte comestible (como una naranja) como la no comestible (como su piel). Y por otro lado, está el desperdicio alimentario, es decir, aquellos los alimentos descartados que aún podrían haberse aprovechado como, por ejemplo, una naranja entera tirada a la basura. En el primer ámbito los registros dicen que el volumen sigue creciendo, mientras que en el segundo se constatan mejoras de hasta un 20% en los últimos diez años.
Campañas de concienciación
La mejora de estos indicadores, según explican desde la conselleria de Medi Ambient, se debe a una combinación de factores. Entre ellos, la entrada en vigor de las leyes contra el desperdicio alimentario que obliga a empresas y administraciones a reducir las pérdidas y planificar sus recursos como medida preventiva para no tirar alimentos a la basura. También destaca el papel de las diferentes campañas informativas que se han puesto en marcha en los últimos años para concienciar sobre la importancia de no tirar comida y que han llegado desde a los comedores escolares y restaurantes hasta los propios hogares de los catalanes y que, en su conjunto, han ayudado a promover medidas como la planificación de menús hasta el aprovechamiento de las sobras.
Los hogares catales desperdician al menos un 10% de sus alimentos, lo cual anualmente suma casi 174.000 toneladas de comida desperdiciada en todo el territorio
Los registros apuntan a que en Catalunya se desperdician una media de 63,61 kilos de comida al año por hogar. En total, son casi 174.000 toneladas de alimentos que se desperdician en todo el territorio y que, según calculan los expertos, se habrían podido aprovechar para cubrir las necesidades de 274.948 personas. El primer gran análisis sobre el despilfarro alimentario en Catalunya apunta a que en estos momentos al menos el 10% de la cesta de la compra termina en la basura. Sobre todo en el caso de los alimentos frescos, que una vez se echan a perder acaban, en el mejor de los casos, en el contenedor marrón.
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