Vivienda
Mi casa me paga la jubilación: vender la nuda propiedad, la alternativa que crece entre los mayores de 60
Permite a muchos jubilados obtener liquidez sin dejar de vivir en su hogar
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Mi casa me paga la jubilación: la alternativa que crece entre los mayores de 60. / old man sitting at the foot of a bed seen from the setting of the room
Roberto —nombre cambiado por petición suya— de 65 años ha tomado una decisión que ha cambiado la forma en que encara su jubilación: vender la nuda propiedad de su piso en Sevilla, reservádose el usufructo, el derecho de uso y disfrute.
"El propietario de una vivienda vende la nuda propiedad y se reserva el usufructo. Las personas que optan por esta solución son normalmente personas mayores que no tienen herederos o necesitan recursos económicos", detalla el Idealista. Roberto conservó el derecho a vivir en él de por vida, pero obtuvo a cambio una suma que le aporta un ingreso mensual adicional. Ahora tengo prácticamente dos pensiones y puedo vivir como cuando trabajaba. Que no es una vida de grandes lujos, pero sí me permite no renunciar a viajes o planes con amigos, que quiero seguir haciendo porque yo me veo bien, joven y soy muy activo. Me gusta hacer muchas cosas", cuenta en una entrevista hecha por el diario La Vanguardia.
Según los Agentes de la Propiedad Inmobiliaria (API) de Catalunya, las operaciones de nuda propiedad han crecido cerca del 80% desde 2020.
Quienes venden y quienes compran
El perfil del vendedor suele ser parecido al de Roberto: jubilados con casa en propiedad, sin herederos directos o sin intención de abandonar el domicilio. Para él, la decisión tiene un valor añadido: "Si llego a necesitar cuidados o entrar en una residencia, puedo alquilar mi casa y tendría un tercer ingreso para costearlo".
Su caso refleja una tendencia silenciosa pero firme. Cada vez más personas mayores empiezan a ver la vivienda no solo como un bien que dejar en herencia, sino como un recurso económico que puede mejorar su calidad de vida. Este cambio de mirada aparece recogido en el V Barómetro del Consumidor Sénior de la Fundación Mapfre, donde solo un tercio de los mayores de 55 años considera prioritario dejar en herencia su vivienda.
En el otro lado de la operación aparecen compradores generalmente de entre 45 y 60 años, con estabilidad económica y una visión patrimonialista. Su interés radica en acceder a viviendas bien situadas por un precio muy inferior al del mercado. El descuento depende de la edad del usufructuario. La rentabilidad no proviene del alquiler, sino del tiempo: cuando el usufructo termina, recuperan la plena propiedad del inmueble.
El matrimonio que compró la casa de Roberto tiene dos hijos pequeños y piensa a largo plazo. Ambos han creado incluso una relación cordial con él, hasta el punto de compartir comidas. "No tienen prisa por vivir aquí y me han dado una esperanza de vida de 80 años pero yo les he dicho que pienso vivir más", bromea Roberto.
Ventajas, dudas y frenos emocionales
Los expertos destacan que la nuda propiedad proporciona liquidez inmediata sin renunciar a la vivienda ni asumir deuda. También recuerdan que las personas mayores de 65 años pueden beneficiarse de ventajas fiscales si venden su vivienda habitual.
Pero no todo el mundo lo ve claro. Tres de cada cuatro mayores, según Mapfre, desconfían de las alternativas para monetizar su casa. En muchos casos por puro desconocimiento. Roberto confirma que cuando lo comenta con amigos, muchos no saben ni qué es y que él mismo tampoco sabía hasta que vió un anuncio. Luego pidió asesoramiento y entendió cómo funcionaba.
Otro de los frenos habituales es el emocional. La idea de "vender la casa" genera vértigo, incluso aunque la persona vaya a vivir en ella hasta el final de su vida. Roberto, sin embargo, lo tiene asumido: No siento que ya no sea mi hogar, porque sigo viviendo aquí igual que siempre. Cuando pase Navidad volveré a pintarlo yo mismo. Quiero terminar mi vida en esta casa, cerca de los lugares y las personas con las que he vivido siempre. Aquí están todos mis recuerdos”, confiesa.
Para él, la vivienda no ha perdido valor sentimental; simplemente ahora también es una herramienta que le permite vivir su jubilación con más libertad y menos preocupaciones.
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