Teletrabajadores
Barcelona se consolida como epicentro de los nómadas digitales en el Estado: 1 de cada 3 se instala en la capital catalana
España facilita su entrada, pero desde la OCDE dudan que ayuden a impulsar los sectores de innovación

Una teletrabajadora en la terraza de la oficina de Cloudworks, enfrente de la Sagrada Família / Natàlia Segura
Barcelona se consolida como epicentro de los nómadas digitales en España. Según los últimos datos disponibles del Observatorio Permanente de la Inmigración, más de un 30% de las autorizaciones de residencia por teletrabajo que se concedieron el año pasado eran para extranjeros establecidos en la provincia de Barcelona. Hace dos años que España facilita la entrada de los nómadas digitales con visados especiales, pero desde la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) dudan que esta política migratoria ayude a impulsar los sectores de innovación, tal como defiende el gobierno español. De hecho, Jonathan Chaloff, analista de políticas migratorias de la OCDE, avisa que los visados a nómadas digitales fomentan “el turismo”.
En una entrevista a la ACN, Chaloff remarca que es “muy difícil de imaginar” que los nómadas digitales tengan “algún tipo de repercusión” en el tejido empresarial del país porque los visados que da España les impiden trabajar con clientes locales. “Hay bastantes países (en la OCDE) que no han introducido estos visados porque no ven ningún valor añadido”, constata el experto, advirtiendo de los problemas fiscales y laborales asociados al nomadismo digital, así como del riesgo de que los visados faciliten actividades ilegales.
Además de las dudas sobre los beneficios económicos que aportan al país, el aumento de nómadas digitales también ha generado controversia por su impacto social. Asociaciones de vecinos como la del Poblenou denuncian que los poderes públicos “potencien” la llegada de estos teletrabajadores internacionales, ya que los vinculan a la gentrificación y a la crisis de la vivienda.
Desde el Ayuntamiento de Barcelona relativizan la dimensión de los nómadas digitales en comparación con investigadores o estudiantes extranjeros que se instalan en la capital catalana. A pesar del interés inicial que despertaron los visados especiales, los nómadas que ahora llegan al Barcelona International Desk son “residuales”, asegura la responsable del servicio, Mònica Madrigal.
Cloudworks, empresa con varios coworkings en Barcelona, ha detectado un “crecimiento sostenido” de trabajadores extranjeros que se establecen temporalmente en la ciudad y que “combinan el teletrabajo”. Entre ellos hay nómadas digitales, pero también dicen que son “un segmento minoritario” en la ciudad.
Un fenómeno pospandemia
Londres, Ámsterdam, París, México, Los Ángeles, Chicago, Washington, Montreal o Vancouver. Son solo algunas de las ciudades en las que vivió durante tres años Serg, un estadounidense de origen cubano que durante la pandemia de la covid-19 decidió recorrer medio mundo trabajando desde su portátil. Es el paradigma del nomadismo digital, un modus vivendi popularizado en los países ricos con la expansión del teletrabajo.
La última parada de Serg es Barcelona. Este asesor de negocios de 44 años ha llegado a la capital catalana con un visado para ‘nómadas digitales’, un permiso especial creado en España con la Ley de Startups de 2022.
El visado para teletrabajadores internacionales dura un año, pero después pueden alargar su estancia hasta cinco años solicitando una autorización de residencia. Va dirigido a extranjeros con titulación universitaria, formación profesional o de escuelas de negocio “de reconocido prestigio” o con experiencia profesional mínima de tres años. Deben demostrar recursos propios mensuales de al menos el 200% del salario mínimo interprofesional (unos 2.600 euros) y pueden venir acompañados de cónyuges, parejas de hecho e hijos.
Los trabajadores por cuenta ajena solo pueden trabajar para empresas extranjeras, mientras que los autónomos únicamente pueden trabajar para empresas establecidas en España si el volumen de trabajo no supera el 20% de actividad.
Es una puerta de entrada rápida en España que, además, viene acompañada de rebajas fiscales. De esta forma, el ejecutivo socialista de Pedro Sánchez quería impulsar la creación o establecimiento de empresas “innovadoras” en el Estado, especialmente en el ámbito tecnológico.
Concentración en Barcelona
Según datos facilitados a la ACN por el ministerio de Exteriores, el interés por estos visados se está estabilizando. El primer año que se concedían (2023) se solicitaron 523, mientras que en 2024 las peticiones se duplicaron: 1.135. Hasta el 22 de septiembre de este 2025 se han pedido 438 visados para nómadas digitales en los consulados españoles en el extranjero.
Gran parte de los permisos para nómadas, sin embargo, se conceden desde España, ya sea porque han venido con otros tipos de visados o porque quieren alargar una estancia concedida con un visado de teletrabajo. Según los últimos datos disponibles del Observatorio Permanente de la Inmigración, en 2024 también se registró un aumento de las autorizaciones de residencia a nómadas digitales, que se duplicaron respecto a 2023: de 9.537 a 19.771.
Barcelona es el destino preferido de los nómadas en el Estado español: 1 de cada 3 se instala en la capital catalana. Es decir, el 30% de todas las autorizaciones para nómadas en el Estado en 2024. Concretamente, se solicitaron 6.401 autorizaciones de residencia en Barcelona, casi el doble que las pedidas en Madrid (3.514).
Reino Unido, México, Estados Unidos o Colombia son los países de origen más habituales de los nómadas digitales que se instalan en España. Los ciudadanos de la Unión Europea también practican esta modalidad de trabajo, pero no hay datos porque tienen derecho a la libre circulación en el bloque europeo y no necesitan visado.
El atractivo de la capital catalana
Una encuesta reciente a cerca de 400 nómadas digitales de Barcelona realizada por la Universidad de Girona revela que el clima (45%) y la calidad de vida (54%) son los mayores atractivos de la ciudad para estos extranjeros, y en menor medida las oportunidades laborales. “Barcelona no es solo un lugar para trabajar, sino una experiencia de vida cuidadosamente seleccionada. La ciudad misma —su ambiente, cultura, clima y tejido social— es el principal ‘producto’ que se consume”, dice el estudio.
Sergi Tarragona, portavoz de Cloudworks, cree que “el ecosistema emprendedor”, la “red de startups” y el “talento creativo” sitúan a la capital catalana en el mapa global. De rebote, la creciente comunidad internacional también se ha convertido en un aliciente más para nómadas digitales como Nadia.
“La comunidad de nómadas digitales, y de expats, en Barcelona es muy grande. Para mí es muy importante estar rodeada de personas que puedan ser mi familia también porque viajo sola”, dice esta socióloga colombiana que se ha instalado en Barcelona tras pasar por las principales ciudades de España y por una veintena de ciudades más de todo el mundo.
En cambio, Bethan, una joven británica que se marchó del Reino Unido por el alto coste de vida y el clima político turbulento, eligió Barcelona porque era un destino asequible y culturalmente atractivo.
¿Qué impacto económico tienen?
La justificación del gobierno español para otorgar un visado VIP a los nómadas digitales es la promoción económica de los sectores de innovación, sobre todo de las nuevas tecnologías, pero en la OCDE cuestionan que sea una medida adecuada para conseguirlo.
Chaloff explica que los países del Caribe fueron los primeros en introducir estos visados y lo hicieron como una medida para fomentar el consumo: “Querían que fuera más gente, que pasara más tiempo, gastara dinero y contribuyera a la economía a través del consumo”.
Esta es una de las principales críticas de algunas asociaciones vecinales barcelonesas, como la del Poblenou, que preside Joan Maria Soler. “Trabajan aquí, pero el dinero no se queda aquí”. Aunque consumen en el barrio, Joan Maria asegura que han provocado la “proliferación de establecimientos” con “precios prohibitivos” en el sector de la restauración que, precisamente, tiene puestos de trabajo “precarios”.
Excepto en España y Portugal, los visados para nómadas digitales no han despertado mucho interés en el resto de países de la OCDE. España es “un destino popular”, constata Chaloff. Sin embargo, duda del impacto “significativo” en la actividad económica local porque los nómadas digitales no necesariamente tienen un salario alto a juzgar por los requisitos económicos del visado español.
Además, el experto de la OCDE ve problemático el control del tipo de teletrabajadores que entran en el país. Por ejemplo, personas que trabajan en juegos de azar en línea, haciendo actividades sin valor añadido, o incluso actividades ilegales.
Según la encuesta de la Universidad de Girona, los nómadas digitales en Barcelona se dedican más al sector económico tradicional —comercio, finanzas o marketing— (23%), que al sector de la tecnología de la información y comunicación (18%).
Por otra parte, el visado español prohíbe en la mayoría de los casos trabajar con clientes locales, lo cual “limita el impacto” en términos de innovación, según el experto de la OCDE. Tanto Serg como Bethan critican precisamente esta restricción. “La experiencia que yo aporto con mi carrera no la puedo utilizar para los negocios españoles”, lamenta Serg.
Nadia, en cambio, opina que la creación de los visados es una buena política para “generar intercambio de conocimiento entre profesionales que están en diferentes industrias de la innovación y la tecnología”. “Seguro que se pueden generar alianzas entre estas empresas en el futuro”, afirma.
Fenómeno controvertido
Más allá de la cuestión empresarial, el nomadismo digital ha generado controversia en Barcelona porque se le vincula con la gentrificación y la crisis de la vivienda. En el barrio del Poblenou, los vecinos notan una “fuerte animadversión” hacia este colectivo.
“No tienen perspectiva o intención de quedarse y no hacen ningún esfuerzo por integrarse y por conocer el barrio”, lamenta Joan Maria. “Tanto es así que no solo no se preocupan por aprender catalán, ni siquiera castellano”, critica. Según él, viven en “una burbuja relacional”, con sus propias dinámicas de ocio que son “ajenas a las dinámicas de la gente de aquí”. “Son mundos paralelos”, dice.
Bethan, Serg y Nadia reconocen la existencia de esta “burbuja” y son conscientes del malestar local. “Por supuesto que hay gente que solo está un par de meses y tiene una estancia superficial”, pero Bethan no cree que sea el caso de la mayoría de nómadas. Sea como sea, no saben “qué hacer al respecto”. “La gente quiere sentirse más integrada, pero no necesariamente sabe dónde poner su energía”, dice.
“Aún es difícil integrarse en la comunidad de Barcelona”, opina Serg, que querría aprender catalán, pero ve “difícil” inscribirse en cursos o programas para aprender la cultura local. “Si no tienes una cita con catalanes o vas a un intercambio de lenguas, es difícil integrarse”, remarca Bethan.
El presidente de la Asociación de Vecinos y Vecinas del Poblenou remarca que “el problema no es esta gente”, sino los responsables públicos que les ponen “una alfombra roja” a pesar del impacto que, según él, tienen en los barrios.
Nadia niega que los nómadas digitales sean los responsables de la gentrificación y la falta de pisos: “No creo que seamos tantos como para cambiar el nivel de vida de una ciudad”. La socióloga colombiana apunta a “problemas más estructurales, como la inflación, la crisis postcovid, el turismo masivo y el aumento de los precios de la vivienda en general”.
¿Una moda que se desinfla?
Mònica Madrigal, responsable del Barcelona International Desk, asegura que el interés inicial que despertó la Ley de Startups “se ha ido reduciendo” y que los nómadas digitales que llegan a su servicio son “residuales”. Por el contrario, se ha disparado el número de investigadores que llegan a la ciudad y que, junto con profesionales y estudiantes, son los principales perfiles que acuden al punto de información internacional.
Según datos del consistorio, solo un 9% de los extranjeros que acuden al servicio de atención especial para el “talento internacional” trabajan como nómadas digitales. La gran mayoría son trabajadores altamente cualificados de empresas establecidas en Barcelona (30%), estudiantes de grado o posgrado (27%) o emprendedores (12%).
Serg y Bethan llegaron a Barcelona como nómadas digitales, pero ahora se plantean quedarse más tiempo. Tras cinco años viviendo como “si estuviera de Erasmus”, Nadia también empieza a estar cansada de sobrevivir con una sola maleta. “El nomadismo digital no es para toda la vida”, admite.
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