Una de las más elevadas
Los marianistas indemnizan con 96.000 euros a la familia que denunció las violaciones de un cura del colegio de El Pilar de Madrid
La hermana de la víctima, ya fallecida, pide a la organización que también se disculpe públicamente por llamarlas “mentirosas”
Acusado un cura ya fallecido del elitista colegio El Pilar de Madrid de violar a una niña durante 10 años: "Decía que Dios quería que me tocara así"

EL PERIÓDICO

La Compañía de María ha indemnizado con 96.000 euros a una víctima de abusos sexuales que denunció en EL PERIÓDICO haber sido violada durante 10 años por un sacerdote de esta congregación en los 70 y 80. Se trata de Cristina Pérez, una mujer que falleció en septiembre de 2024, y ese dinero, según la familia de la víctima, lo han recibido sus hijas, que residen en Estados Unidos. Cristina ofreció su testimonio en una entrevista a este diario y también a ‘El País’, que lo hicieron público poco después de su fallecimiento, en otoño de 2024.
El sacerdote al que acusaba Cristina también ha fallecido. Es Juan Carlos González de Suso (1929-2014), un religioso vinculado al elitista Colegio de Nuestra Señora del Pilar (Madrid), un centro en el que se han formado líderes empresariales o políticos como José María Aznar, Alfredo Pérez Rubalcaba o Juan Vilallonga. El periodista Juan Luis Cebrián, uno de los fundadores del diario 'El País', reconoció hace pocos años que sufrió abusos sexuales en este colegio. Y añadió, en una entrevista con Jordi Évole, que la pederastia de sus docentes religiosos estaba extendida y la habían sufrido muchos alumnos.
La orden pide "perdón a todas las personas que se hayan sentido víctimas, por haberles fallado"
A través de un comunicado, la orden expresa su "más sincero y hondo pesar ante cualquier situación de abuso o maltrato", condena "enérgicamente cualquier situación de este tipo" y pide "perdón a todas las personas que se hayan sentido víctimas, por haberles fallado y haber menoscabado su confianza". En el mismo escrito, los marianistas subrayan que, aunque el caso de Cristina Pérez "no se ha podido verificar", los responsables de la congregación "han estado dispuestos a ponerse del lado de la víctima y a facilitar una reparación integral adecuada, apoyada en criterios de expertos".
"Contó la verdad desde el principio"
Los 96.000 euros que la organización marianista entregan a las dos hijas de Cristina suponen una de las indemnizaciones más elevadas que la Iglesia ha pagado a una víctima de abusos sexuales en España. Aunque la reparación ha llegado después de un proceso que para la hermana de Cristina, Ana Pérez, la persona que ha negociado con la institución en su nombre, ha sido demasiado opaco, lento e innecesariamente doloroso. Sobre todo porque la orden llegó a acusar a Ana Pérez de añadir ficción al relato de su hermana. Sin embargo, había pruebas de que Ana no había inventado nada.
"Cristina contó la verdad desde el principio. Y como estaba obsesionada con que no la creyeran, quería grabarlo todo. Estaría bien que Iñaki Sarasua [provincial marianista] pidiera perdón porque nos llamó mentirosas a mi hermana y a mí”
La orden negó que Cristina –ya difunta– denunciara, por ejemplo, que el sacerdote Juan Carlos, en ocasiones, le daba un polvo blanco que la anestesiaba y que, cuando no era del todo consciente de lo que sucedía a su alrededor, el cura se la llevaba en taxi a otro lugar para dejarla a merced de otros hombres uniformados que la violaban. Pero Cristina había grabado una reunión telemática con el provincial marianista en la que podía escucharse cómo la víctima relataba también este episodio. EL PERIÓDICO publicó ese audio para demostrarlo.
“Cristina contó la verdad desde el principio. Y como estaba obsesionada con que no la creyeran, quería grabarlo todo. Estaría bien que Iñaki Sarasua [el provincial marianista] pidiera perdón públicamente porque nos llamó mentirosas a mi hermana y a mí”, lamenta Ana Pérez en declaraciones a este diario.
Agredida desde los 3 años
“Mi historia… cuando tenía 3 años y medio perdí la inocencia. Y entré en un mundo de tortura mental y física. Desde entonces he vivido con un miedo constante a ser perseguida, sin fin. Siempre mirando a mi espalda”. Así comenzaba a relatar Cristina a este diario en otoño de 2023, un año antes de su defunción, cómo cambió su vida y la de su familia por culpa del padre Juan Carlos González de Suso.
“Cuando tenía 3 años y medio perdí la inocencia y entré en un mundo de tortura mental y física; desde entonces he vivido con un miedo constante a ser perseguida, siempre mirando a mi espalda”, explicó Cristina a este diario
Su madre enviudó con siete hijos a su cargo. El más pequeño era un bebé de 6 meses, y el mayor, un adolescente de 12 años. Los tres hermanos mayores estudiaban en un colegio marianista ubicado muy cerca del prestigioso Nuestra Señora del Pilar, de la misma orden. Y, tras la defunción del padre de Cristina, en 1970, el sacerdote se acercó a su familia. Comenzó a frecuentar casi a diario su domicilio para, supuestamente, ayudar a su madre. Pero mientras a los hermanos los ponía a hacer deberes en la cocina, el cura se encerraba con Cristina en una habitación de costura.
Agresiones durante 10 años
Cristina aseguraba en la entrevista con este diario que, durante 10 años, el padre Juan Carlos la violó sin descanso. Le daba piruletas y después le proponía que le hiciera felaciones emulando que chupaba un caramelo. Le metía los dedos en la vagina y, en cuanto le resultó posible, comenzó a penetrarla con su pene.
La violencia del padre Juan Carlos, decía Cristina, le causaba heridas tan dolorosas que tenía pánico a orinar por el daño que le hacía. “Mi abuela se dio cuenta porque un día descubrió sangre en mi ropa interior, me llevó al médico y el doctor me diagnosticó una infección de transmisión sexual. Pero no pasó nada. Creo que el hecho de que Franco aún siguiera vivo impedía que nadie abriera la boca contra la Iglesia”, lamentaba.
"Me decía que era un juego entre nosotros, un secreto, que me tocaba así porque Dios lo quería y que si no le obedecía seríamos todos castigados", explicó Cristina antes de morir
Nadie iba a mover un dedo para rescatarla, y ella no podía pedir ayuda. El padre Juan Carlos había tomado medidas para asegurarse de que no lo hiciera. “Me decía que era un juego entre nosotros, un secreto, que me tocaba así porque Dios lo quería y que si no le obedecía todos seríamos castigados. También me dejaba claro que si lo contaba, mis hermanos serían expulsados del colegio, y que mi madre se enfadaría conmigo”. Cristina murió en septiembre de 2024. Los Marianistas no la indemnizaron en vida y por ese motivo el dinero lo han recibido sus hijas.
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