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A seis meses de las PAU

La presión por las notas dispara ya la ansiedad en 2º de bachillerato: "Quiero acabar la 'sele' y no volver a abrir un libro en mi vida"

El estrés académico ha aumentado en 68% desde 2006, según un informe de la OMS

El profesorado admite que el currículo es excesivo y que no se han enseñado estrategias eficaces de aprendizaje

MULTIMEDIA | ¿Por qué tu hijo se prepara así la selectividad?

Alumnos de bachillerato, estudiando en la biblioteca Jaume Fuster de Barcelona.

Alumnos de bachillerato, estudiando en la biblioteca Jaume Fuster de Barcelona. / Manu Mitru

Olga Pereda

Olga Pereda

Madrid
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Náuseas, dolor de cabeza, ganas de llorar y presión en el pecho. Ana Villar, estudiante de 2º bachillerato en un instituto público de Madrid, nunca se había sentido tan mal en clase. La semana pasada sufrió todos esos síntomas mientras realizaba un examen de lengua.

Sin problemas previos de salud mental y alumna del bachillerato de excelencia (una modalidad más exigente implantada en Madrid y destinada a estudiantes de ciencias con brillantes expedientes en ESO), Ana llamó a su madre al salir del instituto. Entre lágrimas, le explicó lo mal que se había encontrado. “No quiero sentirme así. Tengo miedo a que se repita. Sé que me va a volver a pasar”, le dijo. Consciente de que su hija no había experimentado los nervios típicos de todo estudiante frente a un examen sino un fuerte episodio de ansiedad, la madre la ayudó a sobrellevar el torbellino físico y mental, y le dijo que si volvía a pasar acudirían a un psicólogo.

"En lugar de fomentar las ganas de aprender, este curso te quita las ganas de estudiar"

— Ana Villar. Alumna de 2º bachillerato

“En lugar de fomentar las ganas de aprender, 2º de bachillerato te quita las ganas de estudiar. Solo te apetece terminarlo de una vez, coger cualquier trabajo y no volver a abrir un libro en tu vida”, se lamenta Ana. Su caso no es aislado. La sintomatología ansiosa empieza a ser un denominador común de muchos alumnos y alumnas de 2º de bachillerato. Están completamente superados y angustiados por la presión de sacar una buena nota en el curso y en la selectividad.

Más estrés académico

De hecho, el aumento de la competitividad escolar, acuciada por la subida de las notas de corte para acceder a la universidad, ha hecho aumentar el estrés académico un 68% desde 2006, según un informe reciente de la OMS. A todo ello no ayuda precisamente el hecho de que la última PAU –donde debutó el nuevo modelo, más competencial y con menos opcionalidad– registrara en todas las comunidades salvo Castilla-La Mancha una bajada generalizada del porcentaje de aprobados.

“Sienten que se juegan su futuro. Les bloquea la percepción de una crisis y sienten miedo a no llegar”

— Èlia Sasot Ibáñez. Psicóloga

Quedan poco más de seis meses para la selectividad y los especialistas en salud mental ya notan un aumento de adolescentes que llaman a sus puertas porque no pueden digerir la presión por el rendimiento académico, especialmente los que optan a estudios universitarios con notas de corte muy elevadas, como Medicina y las ingenierías. “Sienten que se juegan su futuro. Les bloquea la percepción de una crisis y sienten miedo a no llegar”, explica Èlia Sasot Ibáñez, psicóloga del centro médico Teknon. “A medida que se vaya acercando la fecha de la selectividad, aumentará todavía más el número de chicas y chicos que se sienten bloqueados y necesitan ayuda para aprender a regularse emocionalmente”, avanza la especialista.

"Los docentes debemos hacer autocrítica porque el alumnado carece de estrategias de aprendizaje eficaz. Estudiar bien no es estudiar más sino estudiar diferente"

— Juan Fernández, profesor y divulgador

Currículos inabarcables

La comunidad educativa reconoce la existencia del problema, cuyas raíces se remontan a la ESO. “Los docentes debemos hacer autocrítica. El alumnado carece de estrategias eficaces de aprendizaje, estudiar bien no es estudiar más sino estudiar diferente”, subraya el profesor de secundaria e investigador Juan Fernández, que hace hincapié en la necesidad de autoevaluarse, tomar apuntes a mano, elaborar resúmenes, practicar con simulacros de examen y evaluar no los conocimientos memorísticos sino los contenidos que, de verdad, se han comprendido y aprendido.

Autor de 'En blanco', un ensayo para ayudar a los estudiantes a focalizar la atención, la memoria y la motivación para aprender, Fernández destaca que otro problema que convierte 2º de bachillerato en una pesadilla para muchos adolescentes es un currículo académico tan excesivo que resulta inabarcable. El profesor recuerda a los futuros universitarios que la selectividad no les define y que las notas de corte responden exclusivamente a la oferta y la demanda, motivo por el que pide a las autoridades aumentar las plazas en las universidades públicas.

Intervenir a tiempo

Tener dudas y temores ante un curso tan exigente como 2º de bachillerato y ante la selectividad es perfectamente normal. El problema, recuerdan las psicólogas, es cuando ese estrés positivo se enquista en el tiempo y viene acompañado de un profundo malestar psicológico que incluye miedo al fracaso y pensamientos intrusivos constantes del tipo “no lo voy a conseguir”. Esta sobrexigencia desemboca en desmotivación, miedo a la incertidumbre y el fracaso, falta de concentración, anticipación y agotamiento, explica Sasot Ibáñez. “Hay que intervenir a tiempo para ayudar al estudiante a interpretar esta sintomatología, enseñarle estrategias de regulación emocional y técnicas de relajación. El objetivo es que modifiquen su conducta gracias a la adopción de expectativas realistas y un plan de trabajo flexible y asumible que incluya estudio, descanso y ocio”, subraya la psicóloga.

"Muchos jóvenes se guían por lo que ven en redes sociales e identifican nervios, estrés y taquicardias puntuales con un trastorno psicológico"

— María Luisa Ferrerós, psicóloga infantojuvenil y divulgadora

Otro problema serio para los jóvenes que van a dar el salto a la universidad es la falta de información rigurosa sobre salud mental. “Ven TikTok y Youtube y se autodiagnostican. Tengo chavales que entran a mi consulta y me dicen: “Necesito medicación porque sufro TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo)”, reconoce María Luisa Ferrerós, psicóloga infantojuvenil especializada en Neuropsicología. “El estrés y la ansiedad son respuestas naturales, es una activación del cerebro y el cuerpo que hace que actúes y, por ejemplo, te pongas las pilas ante un examen. Sin embargo, muchos jóvenes se guían por las redes sociales e identifican esos nervios y taquicardias puntuales con un trastorno psicológico”, insiste la especialista, que acaba de publicar 'Ahuyenta tus fantasmas' (editorial BoldLetters), un manual dirigido a jóvenes para comprender, prevenir y tratar las alteraciones más comunes en la salud mental en la adolescencia, como la ansiedad, las fobias, los trastornos alimentarios o el TOC.

La psicóloga y divulgadora insiste en que la ansiedad y el estrés solo se convierten en un problema cuando nos paralizan y bloquean y nos impiden hacer una vida normal. Es decir, el caso de Ana, la alumna madrileña con la que hemos empezado este artículo, en el examen de lengua. “Ahí es cuando te tienes que preocupar”, concluye Ferrerós.

"Ningún profesor nos habla en positivo de la selectividad, tenemos una presión espantosa"

— Paula Espinosa, estudiante de 2º de bachillerato

“Tenemos la sensación de que si quieres sacar buenas notas, solo puedes hacer una cosa: estudiar. Muchos amigos míos están reduciendo las horas de sueño, los hay que duermen solo tres horas al día y abusan de bebidas con cafeína”, explica Paula Espinosa, alumna de 2º de bachillerato en un centro privado de Madrid. Dueña de un brillante expediente académico, la semana pasada salió llorando, por primera vez en su vida escolar, de un examen de Matemáticas. Fue presa de unos nervios, un desánimo y una angustia que jamás había sentido. “Ningún profesor nos habla en positivo de la selectividad. Tenemos una presión espantosa”, se lamenta.

Paula y Ana aseguran que jamás han tomado ansiolíticos. Pero ambas conocen a compañeros que sí lo han hecho, y sin receta. Un reciente estudio de Fad Juventud revela que el 5,3% de los chicos y chicas de entre 15 y 19 años reconocen tomar psicofármacos sin prescripción médica, mientras que el 11,4% lo hacen bajo supervisión de un facultativo.

La automedicación es un problema serio que con el tiempo puede derivar en dependencia o abuso. "Tomarse una pastilla es un parche que tapa el síntoma ese día, pero lo fundamental es pedir ayuda a un profesional de la salud mental”, concluye Sasot Ibáñez.

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