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Entrevista

Jordi Puche, maestro: "Parece que con 12 años los niños se hagan adultos de golpe para ir arriba y abajo en bus y comer a las cuatro de la tarde"

Miembro del equipo coordinador de la Federació de Moviments de Renovació Pedagògica de Catalunya (FMRPC), defiende el modelo de instituto-escuela como herramienta que favorece la cohesión territorial (los niños de las escuelas rurales no deben salir del pueblo al terminar sexto) y la continuidad curricular en las etapas obligatorias

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Jordi Puche, maestro y pedagogo, miembro de la FMRPC.

Jordi Puche, maestro y pedagogo, miembro de la FMRPC. / Zowy Voeten

Helena López

Helena López

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–¿El sistema catalán debería tender hacia el modelo de instituto-escuela?

–Es un modelo idóneo sobre todo en dos aspectos. El primero, el territorial. El instituto-escuela puede ser una herramienta de cohesión sobre todo en la Catalunya rural. En las poblaciones pequeñas hay un déficit muy grande de red pública de secundaria. En los pueblos entre mil y cinco mil habitantes, y ya no hablo de los más pequeños, la cobertura de la secundaria no llega a la mitad de las localidades. Aquí vemos claro que un instituto-escuela puede ser el camino. Parece que con 12 años los niños sean de golpe medio adultos y tienen que ir para arriba y para abajo en autobuses, comer a las cuatro de la tarde…

–¿Y el otro aspecto?

–La continuidad educativa entre etapas. En 2022 se publicó un currículum que era unitario, con la idea de garantizar una continuidad y buscar unos objetivos en toda la educación obligatoria, no tan fragmentados. Y el instituto-escuela, evidentemente, es un equipamiento que podría muy bien responder a esa voluntad de hacer una transición más natural, con proyectos educativos que puedan afrontar ese currículum integrado. En ese aspecto lo vemos un equipamiento clarísimo para poder afrontar la continuidad curricular.

Jordi Puche en el local de la Federació de Moviments de Renovació Pedagògica de Catalunya (FMRPC).

Jordi Puche en el local de la Federació de Moviments de Renovació Pedagògica de Catalunya (FMRPC). / Zowy Voeten

–¿Y por qué cree que se avanza tan discretamente? Cada curso se estrena alguno, pero aún estamos en los 120 institutos-escuela: todavía es un modelo minoritario.

–En los últimos años, la apuesta más fuerte la ha hecho el Consorcio de Educación de Barcelona que el Departament.

–Eso no atendería, entonces, a la cuestión territorial que comentaba…

–No, no. Barcelona apuesta más por la continuidad curricular y por generar proyectos educativos singulares y que apuesten por hacer una transición entre etapas de una manera más acompañada. Hay evidencias de que los chicos cuando pasan de sexto a primero de ESO se encuentran con dificultades de adaptación a la nueva cultura de centro, al ambiente… Cambian de amigos, de entorno… Todos esos cambios generan dificultades, y los niños más vulnerables son los que lo sufren más. Así, un instituto-escuela sí podría ser un equipamiento idóneo para acompañar esa transición, aunque no tiene por qué ser un modelo único.

En un instituto-escuela convive profesorado de secundaria con profesorado de primaria, cuerpos administrativos distintos, con dedicación horaria, horarios y sueldos distintos

–Otro de los aspectos positivos de tender hacia los institutos-escuela era unificar el sistema. Toda la concertada ya funciona como un instituto-escuela. Ahora hay mucha variedad. Si tu hijo va a un instituto público puede que no haga ninguna tarde a la semana, mientras en un instituto-escuela puede hacerlas todas… ¿Tiene sentido tener un sistema tan desigual?

–Las diferencias administrativas entre un instituto ordinario y un instituto-escuela son enormes. En un instituto-escuela conviven profesorado de secundaria con profesorado de primaria, que pertenecen a cuerpos administrativos distintos, con dedicación horaria distinta, horarios diferentes...

–Y sueldos diferentes…

–Exacto. Lo que se reclama desde las direcciones de los institutos-escuela es que haya una normativa que les acompañe. Que haya información y que la inspección tenga la mirada de instituto-escuela, que sepa qué proyecto educativo tienen esos centros.

Si la administración realmente ve que el horario partido es beneficioso para el alumnado y hay que tender hacia ahí, ¿por qué lo impone solo en los institutos-escuela?

–¿Cree que los institutos-escuela están pensados como un banco de pruebas? Con el tema de las tardes parece obvio...

–Podría ser, pero lo que no es bueno es que los centros lo vivan como una imposición. Si realmente la administración ve que el horario partido es beneficioso y hay que avanzar hacia ahí, ¿por qué lo imponen solo en los institutos-escuela? Desde estos centros eso se vive como una desventaja a la hora de crear los equipos [tener que trabajar por la tarde convierte a los institutos-escuela menos atractivos para los profesionales, que prefieren elegir un centro con un horario solo de mañanas].

–Vivimos en un momento de movilización en el mundo educativo, con protestas tanto por parte de las direcciones como de los sindicatos, pero algunas demandas van en dirección opuesta. Las direcciones lamentan no poder aplicar el decreto de plantillas, mientras que desde los sindicatos piden que se derogue... ¿Cómo lo ve?

–La crítica de los docentes es hacia la forma en la que se ha aplicado el decreto de plantillas. Si se aplicara con más transparencia, seguramente desde los sindicatos no habría tanta beligerancia con ese tema. Las escuelas deben tener autonomía de centro, eso está reconocido, pero hagámoslo bien. Cuando un equipo directivo quiere crear su equipo a través de perfiles, las ofertas tienen que ser suficientemente públicas. ¿Decreto de plantillas sí o no? En principio, sí, porque favorece que los proyectos educativos sean más cercanos a la realidad del centro, pero con transparencia.

¿Decreto de plantillas sí o no? En principio, sí, porque favorece que los proyectos educativos sean más cercanos a la realidad del centro, pero con transparencia

–Otra de las reclamaciones compartidas es la necesidad de incrementar los recursos para la escuela inclusiva. ¿Les da miedo que esas críticas sean leídas como un rechazo a la escuela inclusiva?

–Muchas escuelas a las que se les ha signado una SIEI [Suport Intensiu d'Escolarització Inclusiva] detectan que, cuando organizan las puertas abiertas, ya hay un sector de familias que no se interesan tanto por el proyecto educativo, sino por la SIEI, y eso decanta la balanza y dicen que quizá busquen otro centro porque sus hijos no necesitan ese apoyo y perciben las dificultades que genere la complejidad de la escuela.

–¿Cómo podríamos solucionar eso?

–Acompañando. Cuando a una escuela se le adjudica una SIEI, no es que tenga un pequeño grupo de alumnos por unidad que se suman al centro: aquella escuela se enfrenta a un cambio cultural, a un cambio en la manera de hacer las cosas y de trabajar. Y eso es lo que no se está acompañando. Entonces, a la maestra a la que le toca en clase un alumno de SIEI, si no tiene una formación ni un acompañamiento, lo que espera de la SIEI es que coja a ese alumno y lo saque del aula. Y el espíritu del decreto no es ese.

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