Revolución demográfica
España se queda sin niños: en 2050 habrá más del doble de jubilados que menores de 14 años
La llegada de inmigración solo amortigua ligeramente el proceso de envejecimiento de la población

Cinco retos demográficos de la población catalana.

Pocas sociedades avanzan a paso tan ligero hacia estructuras envejecidas como la española. En pleno 'boom' demográfico marcado por el desplome de la natalidad y el aumento de la longevidad, es un hecho que España se está quedando sin niños y que en las próximas décadas el país deberá abordar transformaciones profundas para dar respuesta a una nueva realidad –el envejecimiento poblacional– que la llegada de migrantes, en el mejor de los casos, solo amortiguará pero en ningún caso revertirá.
Uno de los mejores termómetros para medir este fenómeno es la transferencia de peso demográfico entre el colectivo de menores de 14 años al de mayores de 65. Solo un dato: en 1970, había un jubilado por cada tres niños. En 2025 esta relación ha dado la vuelta y ya existen 1,5 pensionistas por cada menor, una proporción que toma velocidad y que en 2050 dejará un paisaje formado por 2,4 séniors por cada niño. Quitando de la ecuación a la población migrante, los pensionistas triplicarían en número a los menores.
7 veces más peso
El hecho de que la población mayor de 65 tiene una proporción respecto a los júniors siete veces mayor que hace medio siglo tiene implicaciones que van desde el urbanismo hasta los servicios públicos y la caja de pensiones. El consenso entre los demógrafos es que urge ya abordar las necesidades sociales y económicas de una población que se adentra en un acuciante proceso de envejecimiento.
De entrada, porque el colectivo que dobla la esquina de la vejez son los hijos del 'baby boom' y porque la esperanza de vida ha aumentado una década (de 73,44 a 83,77) en solo 50 años. A este cóctel demográfico se suma que la caída de la fecundidad (el número de hijos por mujer) es una tendencia global que en España, de forma particularmente acusada, se remonta a cuatro décadas atrás y en la que bullen desde cambios sociales relacionados con la emancipación de las mujeres hasta las condiciones materiales de vida y las dificultades –apuntadas ya en numerosos estudios actuales– de encontrar "parejas adecuadas" para criar.
Caída de la fecundidad
Ahí están los datos. En 1975, aún en pleno 'boom' natalicio, cada mujer tenía una media de 2,77 hijos (la tasa de reemplazo generacional –es decir, el nivel mínimo de nacimientos necesario para que la población se mantenga estable– se sitúa en 2,1). En 1985, este indicador había caído a 1,64 y para 2024 ya se situaba en pleno subsuelo: 1,09. Cabe decir que las mujeres migrantes apenas amortiguan este desplome, ya que su tasa de fecundidad también ha caído de 1,66 en 2005 a 1,12 en 2023.
Además, la población fértil actual está formada por las llamadas "generaciones vacías": los hijos de la caída de la natalidad que empezó a registrarse en los años 80 y tomó velocidad en los 90 tienen a su vez menos hijos que nunca. Estos dos fenómenos se ejemplifican en dos datos: en 2008 se registraron 519.779 nacimientos frente a los 318.005 de 2024 (casi un 39% menos).
Ante estos datos, hay consenso entre los demógrafos: aunque las llamadas políticas de natalidad tienen una incidencia muy limitada, sí se deberían poner esfuerzos en reducir esa brecha entre los hijos deseados (dos, según las estadísticas) y los que finalmente se acaban teniendo, lo que está relacionado con el acceso de los jóvenes a la vivienda, la precariedad laboral, la falta de corresponsabilidad y la edad, tardía en España, de emancipación.
Reformas
Con esta radiografía y las fuerzas que la alimentan, está claro que la nueva realidad no va a dar macha atrás. En este sentido, la demógrafa Dolores Puga llama desligar el proceso de envejecimiento del "fatalismo o la adversidad" en el reciente artículo 'Demografia: els reptes de la societat del futur' de la revista 'Idees'.
Los retos, sin embargo, están ahí. La caja de pensiones. El sistema de cuidados. La atención a la salud. La adaptación de los entornos, desde el doméstico al comunitario. "Querer recuperar estructuras demográficas del pasado no solo es un error de cálculo y una idealización nostálgica, sino que tiene consecuencias en términos de asignación de recursos y de frustración de la población", advierte Puga. "Debemos ponernos a pensar en ello ya porque ni la inmigración ni un eventual aumento de la natalidad a priori van a revertir este fenómeno", zanja el demógrafo Andreu Domingo, subdirector del Centre d'Estudis Demogràfics de la Universitat Autònoma de Barcelona.
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