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Cumbre del clima (COP30)

La cumbre del clima de Belém sella un pacto débil y sin mención alguna a la hoja de ruta para dejar atrás los combustibles fósiles

Europa se muestra descontenta con el acuerdo propuesto por la presidencia de Brasil pero afirma que lo apoyará porque "al menos no supone un retroceso respecto a lo acordado en otras cumbres"

El líder del encuentro, André Correa do Lago, afirma que llevará a cabo a lo largo del próximo año un programa para "dejar atrás los combustibles fósiles" y para frenar la deforestación

Cumbre del clima 2025, en directo: última hora de la COP30 de Brasil y de la participación de España en las negociaciones

André Corrêa do Lago, presidente de la cumbre de Belém, durante un plenario.

André Corrêa do Lago, presidente de la cumbre de Belém, durante un plenario. / Associated Press/LaPresse / LAP

Valentina Raffio

Valentina Raffio

Belém (enviada especial)
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Brasil había prometido convertirse en la cumbre de las soluciones. En la de las acciones reales. En el "momento de la verdad". Pero tras dos semanas de tensas negociaciones y un final apoteósico, el encuentro ha logrado sellar un pacto final en el que ni siquiera se mencionan de forma explícita los causantes de la crisis climática. El texto, elaborado por la presidencia brasileña del encuentro, no habla explícitamente de combustibles fósiles ni de la prometida hoja de ruta para dejarlos atrás. Solo incluye una mención a los acuerdos de Dubái, donde sí se logró rascar 'in extremis' un compromiso sobre esta materia, y anuncia una iniciativa liderada por la presidencia de Belém para "mantener el mundo por debajo de la línea de los 1,5 grados de calentamiento global" y que, según ha anunciado André Correa do Lago, líder de este encuentro, se pondrá en marcha a lo largo del próximo año y se sellará en la cumbre del clima del año que viene de Turquía.

En Belém nadie está contento con el acuerdo final. Europa ha salido en bloque para criticar que, tras semanas de debate y una larga noche de negociaciones a contrarreloj, la presidencia brasileña se ha negado a presentar un acuerdo "más ambicioso". Sara Aagesen, quien representa a España en este encuentro, ha afirma que "Europa no está contenta" con el texto pero que, aún así, lo ha apoyado porque "al menos no supone un retroceso respecto a lo logrado en otras cumbres". Sobre todo en un momento en que algunos países están presionando para dar marcha atrás en los compromisos climáticos. Pánama se ha mostrado "profundamente decepcionada" con un "resultado que nos lleva atrás" y "borra dos años de avances". Y Colombia ha dicho que es un fracaso sellar un pacto así en tiempos de negacionismo.

La presidencia insta a las partes a participar en la cumbre anunciada por Colombia solo para países que quieran avanzar en el abandono de los combustibles fósiles

Durante el plenario de clausura, Correa do Lago ha reconocido este malestar entre las partes y se ha limitado a decir que "la buena noticia es que en Belém se han iniciado conversaciones que seguirán prosperando en otros encuentros". Entre otros, en la conferencia organizada por Colombia para abril del año que viene en la que, por primera vez, solo se reunirán los países realmente comprometidos con la acción climática y con dejar atrás los combustibles fósiles.

Acuerdos de Belém

El paquete acordado incluye una decisión final, denominada "pacto de Mutirao", así como una quincena de documentos con acuerdos en materia de adaptación, finanzas, mercados de carbono, tecnología, transición justa y género. En cada texto se recogen los pormenores de los compromisos adquiridos en cada uno de estos ámbitos. Se llama a las partes a triplicar la financiación para la adaptación para 2035 y se despliega un primer plan global de indicadores para medir los progresos globales en este aspecto. Se pide a los países que implementen sus planes de reducción de emisiones y "se esfuercen por mejorarlos". Y se "enfatiza" la importancia de "detener y revertir la deforestación para 2030" pero no se incluye una hoja de ruta al respecto, tal y como había prometido Lula da Silva en la inauguración de lo que él mismo había definido como "la cumbre del Amazonas", pero Correa do Lago afirma que la llevará a cabo durante el próximo año.  

El acuerdo, ha sellado en un ambiente de alto voltaje y de negociaciones a contrarreloj, solo incluye una petición a los países para que "se esfuercen" a mejorar sus planes de reducción de emisiones

El acuerdo se ha sellado en un ambiente de alto voltaje y de negociaciones a contrarreloj. La cumbre se había inaugurado con optimismo y ambición, desplegando hasta 145 puntos de debate sobre su agenda. La presidencia del evento, liderada por el brasileño André Correa do Lago, prometió durante dos semanas un "paquete de acuerdos ambiciosos" y una hoja de ruta para dejar atrás los combustibles fósiles. Pero tras varios días de negociación a puerta cerrada, la madrugada del viernes se publicó una propuesta de acuerdos definida como "inaceptable", "criminal" y "ofensiva" por parte de grupos como Europa, Colombia, Panamá y Tuvalu por no incluir ni una sola mención al futuro del petróleo, el gas y el carbón. El gesto desató una carrera de negociaciones a contrarreloj que se extendieron durante todo el día y hasta la madrugada del sábado y finalmente, casi por agotamiento, desembocaron en el resultado de hoy.

Fragmentación geopolítica y el fantasma de Trump

Nadie tiene muy claro cómo una cumbre que había empezado con tanto optimismo y energía, aupada por los grandilocuentes discursos de Lula da Silva, ha acabado convirtiéndose en un caos de estas dimensiones en cuestión de horas. Y es que a diferencia de otros encuentros, la recta final de las negociaciones se han destapado hasta tres grandes guerras técnicas y un encarnizado debate sobre el futuro de los combustibles fósiles que, teóricamente, ya había sido definido en Dubái. En el encuentro de Emiratos Árabes, de hecho, se había logrado por primera vez incluir un mensaje claro sobre la necesidad de "dejar atrás" el petróleo, el gas y el carbón. No se explica cómo dos años más tarde, en el mismo foro, no solo no se haya podido avanzar en este aspecto sino que, además, casi se da un paso atrás sin precedentes.

El resultado de esta cumbre se explica, en gran parte, por la fragmentación geopolítica y el aumento de la polarización alrededor de la cuestión climática y la muestra de cómo, poco a poco, se están destapando las grietas del multilateralismo. El bloque europeo, que siempre se había erigido como uno de los grandes defensores de la ambición climática, este año ha tenido que luchar en una posición mucho más debilitada y con importantes divisiones internas, como el desmarque de Italia de la iniciativa para acabar con los combustibles fósiles. Durante el encuentro se han anunciado varias coaliciones de países que reclamaban una mayor ambición climática, llegándose a especular hasta 80 firmantes, pero con solo una veintena dando la cara. Con el silencio cómplice de países como China, India y Rusia. Y la clara oposición del bloque árabe.

Un bloque de hasta 80 países se ha movilizado para impulsar una hoja de ruta contra los combustibles fósiles, con la oposición del bloque árabe y el silencio cómplice de China

La ausencia de Estados Unidos en el encuentro también ha marcado las negociaciones. Sobre todo porque se cree que el fantasma de Trump y su amenaza de aranceles a todo aquel que se sitúe en su contra podría haber presionado a muchos países a adoptar posturas más tibias de lo normal. Aliados como Italia y Polonia, por ejemplo, se han mantenido con un perfil bajo durante todo el encuentro y, en ocasiones, incluso se han desmarcado de la postura del bloque europeo en cuestiones como la lucha para eliminar los combustibles fósiles. También se dice que muchos socios comerciales del bloque estadounidense podrían haber optado por la misma estrategia ante el miedo de que impulsar políticas contrarias a las directrices de Trump podría acabar derivando en nuevos aranceles y disputas geopolíticas.

Otro de los aspectos que podrían haber condicionado el resultado de esta cumbre es la logística misma del evento. Y es el que evento teóricamente debía acabar el viernes. Por eso, muchos de los asistentes a esta cumbre, incluida buena parte de la delegación europea, tienen reservado sus vuelos de vuelta para este sábado y, a diferencia de otras ocasiones, cambiar los viajes resulta extremadamente complicado ante el reducido tamaño del aeropuerto de Belém. También se ha hablado de que, ante la falta de alojamientos en la ciudad, se habían movilizado varios barcos en el Amazonas para alojar a los visitantes y estos, a su vez, se han visto obligados a zarpar este sábado por cuestiones logísticas. Se trata de factores menores, en muchos casos casi anecdóticos, que parece que habrían abocado la cumbre a un final caótico, apresurado y sin más margen de debate.

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