Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entender más

¿Sentó el franquismo las bases del desarrollo económico español?

Hasta los años 70 y 80 el país no consolidó una clase media amplia y potente para constituir la mayoría de la base social

Diccionario del franquismo: la jerga de una época

Decálogo de los (falsos) mitos del franquismo

.

. / ARCHIVO

Juan Carlos Lozano

Juan Carlos Lozano

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Estamos en 1940. Hace pocos meses que ha acabado la Guerra Civil en España. Tiempo de hambre y miseria. Tiempo de cartilla de racionamiento. En aquellos momentos, la renta per cápita real medida en dólares de nuestro país era de 3.166 dólares, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). España acababa de salir de una guerra cruenta y destructiva de tres años. Países cercanos a nosotros, aunque estaban ya a punto de meterse en la Segunda Guerra Mundial y venían de otra hacía poco más de 20 años, tenían rentas per cápita muy superiores. Estados Unidos, 15.240 dólares en 1940; Francia, 8.266; y Reino Unido, 11.061. Por otra parte, los considerados después como milagros económicos internacionales, Japón y Corea Del Sur (los países que, junto a España, más crecieron en los 50, 60 y 70 del siglo pasado) tenían 4.882 y 915 dólares, respectivamente, de renta per cápita. Unos 35 años después, en 1975, a la muerte del dictador, España tenía 12.613 dólares de renta per cápita real, todavía lejos de las grandes potencias, y también lejos de Japón, que ya superaba los 18.000 dólares. La dictadura acabó con un país en mejor situación económica, claro, incluso con crecimientos muy llamativos, pero hay que tener en cuenta que se partía casi de la nada, con lo que cualquier incremento era casi espectacular. En todo caso, seguíamos lejos de nuestros comparables.

Desde ese año 1975 hacemos un salto en el tiempo a 2022, últimos datos homogéneos comparables de la OCDE. En ese momento España está en 34.123 dólares, frente a los 38.268 de Japón, los 39.066 de Francia o los 38.407 de Reino Unido, es decir, un nivel similar al de las potencias de nuestro entorno. ¿Quiere esto decir que el franquismo supo sentar las bases de ese desarrollo económico posterior? La investigadora principal en Centre for European Policy Studies (CEPS), Judith Arnal, resalta que “a finales de los 50 se implementó en España un plan de reformas y apertura económica”. Desde el término de la Guerra Civil y hasta esos finales de la década de los 50, la dictadura había impuesto en España una política económica tan aislada (autarquía) como lo estaba políticamente el país en el contexto internacional, lo que había ahondado en una pésima situación a todos los niveles. A raíz de esos planes, en el contexto económico, la situación mejoró: “El franquismo de 1959, radicalmente opuesto al que ganó la guerra, marca el inicio de una economía moderna a partir de una situación autárquica insostenible y con una política económica que a duras penas había conseguido mantener a un país arrasado por la guerra”, resalta el economista Javier Santacruz.

Colaboración internacional

En lo que coindicen los expertos es que este cambio no fue consecuencia sencillamente de la constatación de que las cosas económicamente iban muy mal. Arnal señala que los planes (el desarrollismo o los planes de estabilidad) se diseñaron y ejecutaron “en colaboración con instituciones financieras internacionales, como el FMI, y bajo el impulso de la Administración estadounidense”. Y ahí está la clave. Realmente, para la España franquista su principal y casi único aliado fue Estados Unidos, que apreciaba en aquellos momentos su postura radicalmente contraria al comunismo, al tiempo que nuestro país suponía un enclave estratégico fundamental, donde Estados Unidos ya contaba con bases militares estratégicas. Así se inauguró una nueva política económica que en los años siguientes se tradujo en una apertura amplia hacia el exterior que permitió la entrada masiva de divisas (aunque en buena parte procedentes de quienes tuvieron que emigrar, con la consiguiente descapitalización humana y laboral que implica) y la mayor confianza de los organismos internacionales en la economía española.

Pero ¿cuáles fueron los puntos principales de esos planes de desarrollo, o más exactamente de estabilización, llevados a cabo por una primera generación de economistas, junto con los técnicos de la Administración del Estado y cuadros profesionales de instituciones como el Banco de España o la banca privada, muchos de ellos denominados “tecnócratas” posteriormente?

"Milagro económico"

Entre las principales, la reducción del gasto público y el aumento de los ingresos del Estado mediante una serie de reformas fiscales, la liberalización progresiva de las importaciones y el fomento de la inversión extranjera, lo que permitió la entrada de capital foráneo en la economía nacional. Estas políticas, que inicialmente generaron una breve recesión, acabaron desencadenando un crecimiento económico muy significativo. España experimentó un "milagro económico" en la década de los 60, periodo en el que el país registró una de las tasas de crecimiento más altas del mundo, solo superada por Japón.

Para que el buen momento económico siguiera funcionando en los años siguientes, España necesitaba desarrollar una clase media amplia, potente y que constituyera la mayoría de la base social. Esto es lo que se empezó tímidamente a formar a finales de los años 50, explotó durante los 60 y se consolidó entre los años 70 y 80. Desde 1959, la renta disponible bruta per cápita de un español se ha multiplicado por 5,6 veces en términos de paridad de poder adquisitivo de compra según datos de la OCDE. Eso permitió una expansión del ahorro y, por tanto, de la inversión.

A partir de ahí, tras la muerte del dictador, llegaron las dos auténticas claves del gran salto: primero los pactos de la Moncloa, que al igual que el Plan de Estabilización, marcaron un antes y un después obligando a una profunda reforma del sistema fiscal, la generalización de los servicios públicos, la puesta en marcha de las reformas necesarias para detener la sangría del paro y el control de la inflación. Posteriormente, la entrada de España en la Unión Europea fue definitiva. Nuestro país accedió a los fondos europeos, que permitieron modernizar infraestructuras, redes de transporte y sectores productivos. Pero eso es ya otra historia.

Suscríbete para seguir leyendo