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Gripe aviar

El granjero Toni Martínez sobre el confinamiento de las gallinas: "Si les cambias la rutina y las encierras, se estresan y no ponen tanto"

El responsable de Heg Premium Eggs, que comercializa huevos de aves de raza, defiende el confinamiento para prevenir la gripe aviar, aunque perjudicará al sector con una menor producción

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Toni Martínez, con su mujer y su hijo, en su negocio familiar de Callús, en una imagen de archivo

Toni Martínez, con su mujer y su hijo, en su negocio familiar de Callús, en una imagen de archivo / Laura Serrat

Jordi Escudé

Callús
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Ante la amenaza de que se expandan los casos de gripe aviar, es mejor prevenir y confinar que enfermar y tener que sacrificar todo el ganado avícola, a pesar de los perjuicios para el sector, que con toda probabilidad verá reducida la producción de huevos. Así es como lo ve Toni Martínez, que ya hace unos años impulsó, en Callús, el proyecto familiar Heg premium eggs, especializado en la comercialización de huevos de diferentes colores fruto del cruce de razas de gallos y gallinas.

Martínez dispone actualmente de unos 400 ejemplares de gallinas y gallos que campan libres por el entorno de la masía donde las cría, pero desde este jueves las tiene encerradas en cumplimiento de la orden de confinamiento de todas las aves de corral que ha decretado el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Aun así, en su caso, esta medida le afecta al negocio solo de refilón, porque “nuestras gallinas son de raza y ahora no ponen, ni pondrían aunque las tuviéramos corriendo fuera”. Dice que, entre todas, pueden poner un par o tres huevos a la semana, o incluso ninguno, y se los quedan para el autoconsumo. Cada año, de octubre a febrero, las gallinas de esta masía “descansan”, y como no ponen huevos, dejan de comercializarlos, aunque “seguimos teniendo trabajo porque las gallinas continúan comiendo”.

Pero, a diferencia de las aves de raza, las gallinas de granjas industriales sí ponen todo el año, y con el confinamiento, que según Martínez se prevé de unos cuantos meses hasta que desaparezca el riesgo de contacto con aves migratorias, la producción de huevos «seguramente podría bajar un 20 o un 30% en las granjas que tenían las gallinas fuera y que estaban acostumbradas a salir». Es decir, sobre todo, las camperas y las de granjas de producción ecológica. Y es que, «el hecho de cambiarles la rutina hace que se estresen y no pongan tanto», dice Martínez. Después, «se volverán a recuperar, pero los primeros días puede ser más complicado», explica

Posibles picaduras

Más allá de la caída de la producción, uno de los problemas que comporta el encierro y la aglomeración de gallinas en un mismo espacio es que se piquen entre ellas, fruto «del mismo confinamiento y del estrés que les provoca no poder salir al patio como estaban acostumbradas», sostiene Martínez, y esto sí que afecta a su granja. De hecho, es un perjuicio mayor para su negocio que para los de carácter industrial, en los que «a los pollitos se les corta el pico y, en cambio, a nosotros nos nacen en casa y no lo hacemos». Para evitar los picajes, pues, «tendremos que buscar maneras de tenerlas entretenidas» porque, aunque «tenemos 400 gallinas en una nave con capacidad para un millar, tampoco hay suficiente espacio para tenerlas separadas».

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