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Volcán Tajogaite

Los otros ‘olvidados’ del volcán de La Palma

Cuatro años después de la erupción del Tajogaite, la protectora Benawara aún cuida a unos 40 perros y gatos que nadie ha reclamado tras la crisis volcánica del Valle de Aridane. La situación es dramática sin casi ayudas.

Varios de los perros que se encuentran en la protectora Benawara.

Varios de los perros que se encuentran en la protectora Benawara. / E.D.

Jorge Dávila

Santa Cruz de Tenerife
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Las fotografías de las mascotas que anuncian en su web están diciendo: ¡llévame a casa! En eso consiste el recorrido que la Asociación Protectora de Animales Benawara de La Palma realiza con los seres vivos que tiene a su cargo, es decir, el objetivo prioritario es la adopción. Y es que cuatro años después de que se produjera la erupción del volcán de Tajogaite en sus instalaciones de la zona cero aún quedan casi 40 "inquilinos" que no han ido a recoger los vecinos que los entregaron en cuanto empezaron a correr los primeros ríos de lava en el Valle de Aridane. Esther, una valenciana que llegó a la Isla Bonita hace 11 años, es la directora y algo más [por la cantidad de frentes que tiene abiertos] de un proyecto que en líneas generales está pensado para "dar un hogar" a los que no lo tienen: en su poder, y en la de los otros seis integrantes de su equipo de trabajo, aún hay ocho perros y 30 gatos que sus dueños se "olvidaron" de ir a buscar una vez pasó la crisis. A estas alturas de la película no hay que ser un lince, que no deja de ser un "pariente" algo lejano de un gato, para pensar que estamos hablando de 38 abandonos.

Muchos servicios durante la erupción

"Salvando vidas en La Palma; protegemos animales desde el corazón de la Isla" es una idea que está grabada a fuego en la web de una protectora que durante el proceso volcánico se hizo cargo de 150 animales, que en la actualidad atiende a más de 50 colonias de gatos y que ya ha gestionado un centenar de fichas de adopción desde su fundación [con más de 300 rescates]. "En los primeros momentos no tuvimos un espacio físico donde trabajar; íbamos por las casas de acogidas y desde allí se tramitaban las adopciones", comenta Esther de unos orígenes que dieron un vuelco de 180 grados hace unos 50 meses, justo cuando el Tajogaite empezó a escupir fuego. "Ahí nos tocó estar en el espacio deportivo habilitado en Los Llanos de Aridane como punto de acogida", recuerda del "Arca de Noé" que se originó para recibir gatos, cobayas, perros, aves, tortugas... La protectora Benawara sólo se hizo cargo del cuidado de perros y gatos. "Hemos estado solos desde el primer día, poniendo dinero de nuestro bolsillo [y con las donaciones particulares] para hacer una labor que nadie estaba realizando", remarca sobre un ciclo que llegó a su fin cuando cerraron las puertas del recinto. "Nos vimos en la calle", prosigue la levantina, "sin un local en el que cuidar a los más de 55 animales que no reclamaron [más del 36% de los ingresos en el refugio provisional] y que tuvimos que mantener porque nadie lo quería hacer", insiste sobre una labor que destila voluntariado al cien por cien.

"Hemos estado solos desde el primer día, poniendo dinero de nuestro bolsillo [y con las donaciones particulares] para hacer una labor que nadie estaba realizando"

Esther

— Directora de la protectora Benawara

Con la aprobación de la Ley de Bienestar Animal hubo que adaptar la estructura de la protectora a la normativa y las facturas empezaron a multiplicarse. "Sin hacer nada del otro jueves podemos estar hablando de 15.000 euros o más cada mes [nóminas, inversión en alimentos, gastos de veterinario, recibos de servicios...] que ya cuesta seguir atendiendo porque los números están muy rojos... No podemos más, pero alguien tiene que cuidarlos; nos estamos ahogando con las deudas que vamos sumando", reconoce la presidenta de la asociación Benawara.

Sin una sede física desde la que poder operar, la situación cambió el día que un vecino les cedió un solar donde se construyó la protectora. "Está en La Laguna (Los Llanos de Aridane), pero no le voy a decir la dirección porque muchas personas lo van a aprovechar para venir a dejarnos una jaula con un gato o abandonar a un perro atado a un poste", cuenta sobre situaciones que se viven en el día a día del colectivo animal que gestiona.

¿Por qué no se revela la dirección de la protectora?

Pero con la cesión del terreno no se solucionaron los problemas. Al revés, "tuvimos que hacer un desmonte del suelo, crear un vallado, construir una nave y contratar unos servicios", enumera de la lista de gastos. "Lo pagamos de nuestros bolsillos", comenta, "como todo lo que hacemos. ¡Vamos escapando al día! Tenemos problemas para abonar facturas, las nóminas se atienden tarde y fraccionadas [pero insiste en que se pagan] y, además, nos hacemos cargo del cuidado de un montón de colonias de gatos del Valle de Aridane: El dinero falta, pero también las horas para hacer todo lo que hay que hacer", alerta.

"No podemos más pero alguien tiene que cuidarlos;nos estamos ahogando con las deudas que vamos sumando"

Esther

— Directora de la protectora Benawara

Esther y varios de sus colaboradores recorren todos los días kilómetros en coche para alimentar y cuidar a un sinfín de gatos comunitarios que encuentran por La Laguna, sobre las coladas del desaparecido Todoque [sus hogares están enterrados], Las Manchas, Puerto Naos, La Bombilla o El Remo. "Son difíciles de coger y hay que ir para procurarles una atención mínima [agua y comida]", explica sobre una actividad en la que sí colabora el Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane. "Se encarga de los gastos de castración", abrevia sobre las constantes visitas al veterinario. Además, del Cabildo reciben una subvención justificativa que se abona a partir de las cuentas saldadas y, por supuesto, avaladas. De resto, poco más. "El dinero que llega es insuficiente para todo lo que hay que pagar y, encima, cada día hay más animales", añade respecto a los equilibrios que se hacen con las entradas y las salidas de animales. "Hay semanas en las que salen algunas adopciones y no recibimos nada, pero otras en las que las acogidas ganan por goleada a las entregas", cuenta una emprendedora que se presentó en la Isla Bonita para abrir una inmobiliaria en un local que fue arrasado por el volcán. "Ahora tengo una empresa de servicios", avanza de una actividad que nada tiene que ver con las horas que le echa a diario en la protectora.

Así, más o menos, es el día en una comunidad en la que viven los otros "olvidados" del Tajogaite; los que tienen cuatro patas y se comunican con ladridos y maullidos.

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