Entrevista
Júlia Salander, politóloga y activista digital feminista: "Por culpa de las redes el 40% de los chicos temen denuncias falsas, mientras ellas, la violencia real"
Salander denuncia la responsabilidad de las plataformas en la proliferación del odio y pone el foco en la instrumentalización política del feminismo

La activista digital feminista Júlia Salander, el viernes en la UIB. / B. Ramon
¿Cuáles son los principales indicadores que las usuarias deben tener en cuenta para reconocer que están siendo víctimas de violencia sexual digital?
La base de la respuesta sería empezar diciendo que lo que ocurre en las redes sociales es real, que lo que ocurre en las pantallas es real y existe. A veces tendemos a pensar que, como pasa en estos circuitos, no debemos tenerlo en cuenta. ¿Cómo lo identificas? Para mí identificarlo sería imaginarte que ese comentario te lo hicieran en persona. Cosas que en persona no toleraríamos. No toleraríamos que alguien nos llamase fea, o nos dijese que hemos engordado, o nos dijese que somos una guarras. Y en TikTok, Instagram, etc. pasa. El primer ejercicio es preguntarse: ¿qué está pasando aquí? Si pasase en una clase entre compañeros, ¿estaría bien? Para mí, ese sería el primer indicador.
Insiste en la importancia del dato para «matar el relato» machista. ¿Cuál es ese mensaje que intenta desmontar?
Vemos ahora un gran retroceso, a chicos muy jóvenes con unos discursos alarmantes de ‘tu novia no puede salir de fiesta porque te está faltando al respeto’. En todos los temas de amor romántico, de cómo se relacionan las parejas entre ellos, vemos muchas cosas que nos alarman. Por ejemplo, se geolocalizan. Eso es una locura. Y si no compartes la ubicación con tu novio, es que no le quieres o que tienes algo que esconder. En redes sociales llama la atención que se focaliza mucho sobre las denuncias falsas. Da igual que tengamos datos que demuestran que las denuncias falsas solo son el 0,0001%, parece que no importa lo que dice la ciencia. Y esto es peligroso, porque luego vemos que por estos mensajes, el 40% de los chicos adolescentes tienen miedo de recibir una denuncia falsa, mientras las nosotras tenemos miedo de sufrir esas violencias.
¿Qué responsabilidad real tienen las grandes plataformas y redes sociales en la proliferación de esta violencia?
Mucha. Hay un tema muy básico, ¿cómo puede ser que a mí me censuren los pezones, pero a Paquito123 no se le censure decir ‘muérete’? Y esto es una responsabilidad de las redes sociales. Instagram, TikTok, Telegram... podrían hacer mucho más. Los mecanismos de censura los tienen, porque a mí se me está censurando un pezón. Entonces, censurar pueden. El tema es qué se censura y qué no. Y para mí las dinámicas de odio deberían ser censurables. Y no solo en este tipo de red social. La pornografía, por ejemplo, se puede limitar para que los menores de edad no accedan a ella, a nivel tecnológico es muy fácil, pero ha de haber un interés político. Obviamente, la pornografía es una industria que mueve millones de euros y no interesa limitarla, porque lo que interesa es construir adictos desde adolescentes.
El 56% de las mujeres que han sufrido violencia sexual no se lo han contado nunca a nadie
¿Qué miedos son los que dificultan que las víctimas de violencia sexual digital hablen, denuncien o busquen ayuda?
Es muy complicado, porque la violencia en el espacio digital cuesta mucho de identificar. Entonces es muy difícil identificar que eso que te pasa es violencia. Es muy difícil identificarte como víctima en general, de cualquier tipo de violencia. A veces surgen otro tipo de conceptos como supervivientes, porque la etiqueta de ‘víctima’ tiene una connotación tan negativa que, ¿quién va a querer ser víctima? Aparte, detrás de la palabra ‘víctima’ a veces se esconde debilidad, se esconde culpa, se esconde que tú lo has permitido, es que si hubiese dicho que no... Entonces, es muy difícil que las víctimas se organicen, porque si a nivel individual ya no queremos ser víctimas, imagina a nivel colectivo.
¿Existen estrategias de autodefensa digital?
La mejor forma de defendernos es señalando la violencia que sufrimos. Entonces, la principal defensa es identificar que esto que te pasa no es normal, que nadie debería estar recibiendo violencia, que lo que pasa en redes sociales es grave. Para mí, hay estos dos puntos: identificación y otorgar la magnitud que realmente tiene. Porque luego vemos adolescentes que se suicidan por ciberbullying.
En su libro, Tu argumentario feminista en datos, recopila 150 razones para combatir el machismo. ¿Cuál diría que es el dato más revelador que ha descubierto en su trabajo de análisis sobre la desigualdad de género?
Uno de los datos que más me impactó -obviamente, los datos de feminicidios y violencia vicaria son flagrantes- y que siempre explico, porque me dejó muy mal cuerpo, es que el 56% de las mujeres que han sufrido violencia sexual no se lo han contado nunca a nadie. A nadie. Ni a su amiga, ni a su pareja, ni a su familia. Más de la mitad. Este es un dato que me rompe por dentro porque, aparte de la violencia, la culpa y la vergüenza, hay una soledad en las víctimas muy grande.
¿Cómo puede ser que a un hombre le excite pagar por acceder al cuerpo de una mujer?
¿Cuál es el perfil de las personas que lideran o difunden el discurso antifeminista en las redes?
Principalmente son hombres. Bueno, también hay mujeres, aunque prefiero no nombrarlas, pero las tenemos localizadas. Veo un arquetipo de personalidad muy marcado, como de personas que son muy permeables a un discurso neoliberal de ‘tú te haces a ti mismo’, ‘lo importante es el esfuerzo’. Personas que también han sufrido mucho bullying. Un caso perfecto, por ejemplo, es El Xokas. Él sufrió mucho bullying y vende este relato de superhéroe, de ‘yo conseguí combatirlo’, ‘yo adelgacé no sé cuántos kilos porque yo me esforcé’, en fin, la meritocracia. Hay un punto de neoliberalismo muy fuerte de esto, de individualismo... Y luego tenemos lo que pasa con Llados. Ahí vemos a un líder que se ha hecho a sí mismo, que tiene una historia vital de superación, y a un montón de secuaces que se dejan maravillar por este tipo de discursos porque son personas que tienen vidas complicadas. No todas, obviamente, pero en su mayoría.
¿Cuál es el coste personal y/o profesional más alto que ha pagado por su visibilidad y activismo en redes?
A mí me han llegado a insultar por la calle. Por eso siempre digo que lo que pasa en las redes es real. Y es que te insultan en redes y lo normalizas, pero cuando traspasa la pantalla te da un poco de miedo. Dices ¡guau!, ¿y si me pegan o me agreden porque he enfadado a mucha gente? Da un poquito de miedo. Ah, y el coste también ha sido pagar mucha terapia. Pero me alegro de hacerlo.
Propone sustituir ‘micromachismo’ por ‘machismo cotidiano’. ¿Qué se gana con este cambio de terminología?
Todo. Micromachismo es un cuadro barroco de concepto. De micro no hay nada. Que sea cotidiano no significa que sea pequeño. Al revés, es la base para que se sustente todo lo demás. Entiendo la intención, porque no es lo mismo que te agredan a que te abran una puerta. No tienen el mismo nivel de gravedad, pero para mí es la esencia y la base de todo, por eso prefiero llamarlo machismo cotidiano. Es cotidiano que un tío te intente abrir una puerta, pero tú te preguntas, ¿por qué a otro hombre no le haces lo mismo? ¿Por qué a mí subo en un taxi y me llamas cariño y a un hombre no le dirías eso? No me llames cariño.
Califica la violencia estética como de las más atroces, ¿por qué la sitúa en un lugar de tanta relevancia frente a otras violencias?
En el terreno de la violencia simbólica, para mí es la más preocupante. Cuando hay cosas físicas, las vemos muy rápido, pero todo el terreno de la salud mental y de lo que pasa en ese ámbito más abstracto cuesta mucho. Para mí, la presión estética y la violencia estética atentan directamente contra nuestra autoestima, contra nuestra salud mental, y nos hace tener una relación con nuestro cuerpo y con nosotras mismas horrible. Pongo tanto foco en esto porque veo que es un tipo de violencia que está en auge y que, al ser más fútil, hay muchos intereses económicos detrás. ¿Por qué no nos sentimos mejor cuando nos maquillamos? ¿Por qué nos dicen que nos empodera ponernos unos tacones que nos destrozan los pies?
La violencia estética atenta contra la autoestima y te hace tener una relación horrible con tu cuerpo
Cree que el feminismo está siendo instrumentalizado por los partidos políticos, o que la política está siendo realmente transformada por la agenda feminista?
Creo que pasan las dos. Por una parte, hay muchos partidos políticos que instrumentalizan el feminismo, que parece que solo importamos cuando se acercan el 8M y el 25N. Hay partidos políticos que instrumentalizan el feminismo porque les da votos, esto es así, y tampoco es malo per se. Por ejemplo, lo que está pasando con el aborto, que se está forzando a que entre en la Constitución para que el PP demuestre que no le interesan ni las mujeres ni el aborto. Esa instrumentalización que puede ser útil para conseguir victorias puede estar bien, pero obviamente molesta porque dices, ¿realmente te importan las mujeres?
¿Cuál es su postura respecto al debate del abolicionismo de la prostitución o la pornografía?
Soy profundamente abolicionista de la prostitución y de la pornografía por muchas razones. Se pone mucho el foco en las mujeres, en si son libres o si no, pero para mí este es un debate estéril, porque puede sonar raro, pero es que no me importa. A mí lo que me importa es qué hay detrás de que un hombre se excite pagando por acceder al cuerpo de una mujer. Para mí, ese es el debate. ¿Cómo puede ser que a un hombre le excite eso? ¿Por qué las mujeres no lo hacemos? Yo no disfrutaría sexualmente estando con una mujer que no me desea, que no está lubricada, que no está cachonda, que no quiere follar conmigo. No entiendo cómo un tío puede disfrutar de una mujer que claramente está viendo que está explotada, en unas condiciones insalubres... Lo único que quiere es utilizar ese cuerpo para correrse. Para mí el problema es qué modelo de sexualidad nos está proponiendo la prostitución. Porque para mí el deseo y el consentimiento han de estar unidos, y el sexo no es un trabajo.
Si tuviera que elegir un reto del feminismo en la próxima década, ¿cuál sería y por qué?
El mayor reto del feminismo ahora mismo es encontrar el equilibrio entre no perder los derechos conseguidos, porque ahora mismo están siendo amenazados, y seguir avanzando en nuestra agenda.
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