Entrevista
Carlos Monera, Defensor del Mayor: "Tenemos mayores recluidos en casa que viven en una soledad casi patológica"
Tras más de medio año en el cargo recién creado, este médico jubilado con una larga trayectoria en salud mental y prisiones, valora su labor y muestra su preocupación por el aumento de la soledad no deseada

"El edadismo es una discriminación injusta: las personas mayores aún tenemos mucho que aportar", asegura Carlos Monera / V. L. Deltell
Carlos Monera era nombrado en abril como el primer Defensor del Mayor en el Ayuntamiento de Elche. En esta entrevista, habla de soledad, brecha digital, edadismo y del desafío de atender a los mayores invisibles. "Mi función es escuchar, acompañar y recomendar", asegura. Su labor es pionera en España. Sólo existe también en Salamanca y Valencia.
¿Cómo está viviendo los primeros meses al frente de su cargo?
La experiencia de ser Defensor del Mayor se ve muy intensa y sorprendente, porque he recibido todo tipo de quejas, incluso algunas que no me competen. La figura del Defensor del Mayor es novedosa, aunque he tratado de fijarme en otros lugares como Salamanca o Valencia, pero hay poco movimiento. He tenido que aprender con mi propia experiencia, con éxito y error. Durante estos seis meses he tenido tiempo para reflexionar, observar, analizar, hablar y escuchar a mucha gente mayor.
Desde su nombramiento como Defensor del Mayor, ¿qué tipo de queja o consulta recibe con más frecuencia de las personas mayores de Elche?
Las demandas son de lo más variopintas: cuestiones de salud, urbanísticas —como la dificultad para moverse o la falta de bancos en los barrios—, conflictos familiares con hijos en paro, problemas con pensiones o dependencia, y muchas sobre la brecha digital. También recibo casos de soledad tras la pandemia. Algunos de los problemas que me cuentan no son de mi competencia, pero lo que sí me corresponde es escuchar, tranquilizar y garantizar que su demanda será transmitida como recomendación. No tengo poder ejecutivo, pero sí puedo recomendar a las concejalías competentes que escuchen y actúen. Las demandas han sido muchísimas. De hecho, para ser operativo he tenido que reorganizar el procedimiento. Al principio recibía a todo el mundo personalmente y ciertamente mi trabajo era ineficaz. Ahora, primero hablo con las personas que lo solicitan por teléfono y, si el caso lo requiere, concertamos una cita presencial.
De todo lo que ha comentado, ¿qué es lo que más le preocupa actualmente?
Me preocupa la existencia de lo que llamo la persona mayor invisible. Sé que existen, pero no demandan nada porque están en situación de aislamiento. Muchas viven recluidas, en edificios sin ascensor o con patologías que les impiden moverse. Los servicios sociales hacen mucho, pero sigue habiendo una bolsa de personas mayores aisladas o con soledad no deseada. También me preocupan los casos con patologías mentales o síndrome de Diógenes, que son más comunes de lo que parece. El Ayuntamiento pondrá en marcha un programa con Cruz Roja para paliar esto. Además, me preocupa el edadismo, la discriminación injusta por edad. A pesar de la edad, hay personas muy válidas que pueden aportar mucho. En resumen, lo que más me preocupa es la incomunicación. Elche tiene muchas actividades para mayores, pero hay que salir, moverse, comunicarse. Si conseguimos eso, lograremos la utopía de una ciudad amigable con los mayores y también con los niños.
El cargo nace de la vocación por el servicio y es independiente y altruista...
Sí. Altruista significa que me cuesta dinero, aunque poco porque el autobús es gratis. Pero sobre todo me cuesta tiempo, y lo hago con gusto. Me siento muy autónomo, muy libre, aunque soy respetuoso y comunico siempre mis pasos a la Concejalía. No soy un «ave libre» que va por su cuenta, sino que colaboro con todos, con independencia política. Hace poco saludé a Héctor Díez en la radio y quedamos para hablar. También converso con Mariano Valera, que me parece un joven muy comprometido. Y aquí, en la Casa del Mayor, tengo un gran equipo con Aurora Rodil y su grupo de trabajo, que están haciendo cosas preciosas por las personas mayores y tienen una dedicación a su trabajo digna de elogiar.
Durante su carrera médica trabajó en entornos que cuanto menos se pueden calificar como «duros», como centros penitenciarios. ¿Cómo le ha marcado esa experiencia y qué cree que puede aportar a su cargo por lo citado?
Mucho. Fui subdirector médico del Hospital Psiquiátrico Penitenciario, de la prisión de Murcia y también trabajé en Villena y en el Hospital del Vinalopó dirigiendo Salud Mental. Estuve siete años en la prisión de Lanzarote, una experiencia impresionante. He vivido enfermedades mentales, drogadicción, los años del sida… Todo eso me ha curtido. Esa sensibilidad me ayuda en este cargo, que en cierto modo fue una sorpresa. En la elección había 50 personas representando asociaciones de mayores, Alzheimer, Parkinson, ciegos… y me eligieron por unanimidad. Sentí una gran emoción y compromiso.
¿Cree que la soledad no deseada es la gran pandemia silenciosa del siglo XXI?
Totalmente de acuerdo. Es el mayor problema del envejecimiento. Nos quedamos solos por muchas razones: tenemos menos hijos, vivimos más, los hijos se marchan. Las residencias públicas están saturadas y las privadas son inasumibles. Cuestan 3.000 euros al mes. ¿Quién puede pagar eso? Esto será un problema político en el futuro, porque la dependencia y la atención a mayores serán insostenibles si no se abordan ya.
Su labor es escuchar a las personas mayores de Elche, pero esas escuchas deben traducirse en cambios. ¿Ha logrado ya algún avance del que se sienta orgulloso?
No puedo decir que mi trabajo haya sido eficaz en sentido estricto. Escuchar ya es terapéutico. Pero sí puedo destacar algunos avances: trabajo codo con codo con la Concejalía del Mayor, que está haciendo muchas cosas. Mi función es fiscalizadora, decirles «hay que hacer más». Hemos solucionado varios problemas estructurales, como aceras en mal estado o falta de rampas, gracias a la colaboración del concejal de Obras, José Claudio Guilabert. También quiero ayudar más a asociaciones vecinales que reclaman espacios para mayores, como en Puertas Coloradas.
El cargo es pionero en la Comunidad Valenciana. ¿Le gustaría que Elche sirviera de ejemplo para otras ciudades?
Sí, sinceramente. Me nombraron en abril, pasamos un verano de inactividad, pero ahora estamos a pleno rendimiento. Quiero hablar con los medios porque creo que hay que sensibilizar. Escuché un programa de Radio Nacional sobre defensores del ciudadano que querían, en Granada, reconvertir en Defensor del Mayor y pensé: «en Elche nos hemos adelantado».
¿Cree que es buen momento para salir adelante y hacer cosas efectivas desde un cargo como el que ahora regenta?
Creo que esta figura del Defensor del Mayor tendrá más fuerza con el paso del tiempo. Aunque no busco notoriedad, el cargo exige levantar la voz. Intentaré que Elche sea pionera con acciones concretas y que el alcalde se sienta orgulloso, aunque tenga que reclamarle ciertas cosas con firmeza.
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