Inseguridad en Euskadi
Irún, la ciudad frontera que pide ayuda ante el auge de la delincuencia: "Por la noche da miedo volver sola a casa"
La alcaldesa, del PSE, solicita al Gobierno vasco más efectivos policiales tras un aumento de cuatro puntos de los delitos en los primeros nueve meses de 2025
La Ertzaintza y los vecinos limitan la criminalidad a varios grupos violentos que roban y se dedican al trapicheo de droga
El aumento de la delincuencia tensiona el País Vasco: la Ertzaintza pasa a informar de los delitos según el origen del detenido

Un coche de Policía Nacional vigila Plaza de Txanaleta, uno de los puntos calientes de la delincuencia en Irún. / EL PERIÓDICO

Por cosas de la vida, Eugenio, unos 60 años, barba larga, ropa de montaña, perdió el trabajo hace unos años y acabó viviendo en la calle. Criado en Irún (64.037 habitantes), por la mañana pide limosna por el centro, pero cuando avanza la tarde, cruza el Puente de Santiago camino de Hendaya, en terreno francés. "Irún ha cambiado mucho, aquí ya no se puede vivir, hay mucha delincuencia; por la noche me han intentado abrir la mochila varias veces. En Hendaya, nada", dice, mientras empieza a cruzar el Bidasoa, la última frontera entre España y Francia.
Las fronteras entre países, cruces de caminos, suelen ser sitios extraños, inhóspitos, donde es fácil sentirse observado. Aquí no es distinto. Ciudadanos franceses llegan cada poco a comprar tabaco y bebidas alcohólicas, mucho más baratas que en su país, a una calle repleta de comercios cerca del recinto ferial Ficoba. Son las cinco de la tarde y varias personas beben cervezas de lata en la calle. Jóvenes, de origen magrebí, se reparten por la zona en pequeños grupos de dos o tres. Fuman, beben, observan.

Varios padres juegan con sus hijos en una plaza del centro de Irún. / EL PERIÓDICO
"Son los que controlan la venta de droga", coinciden varios habituales de la zona. "El otro día hubo una pelea entre ellos y uno acabó en el río, pero no se ahogó ¡eh!", tranquiliza la camarera de un comercio cercano, que aprecia que lo de las peleas entre bandas es "cada dos por tres" y añade que la delincuencia en Irún "ha subido mucho", algo que confirman los datos de delitos penales facilitados por el Gobierno vasco.
De dos homicidios a cinco
En 2024 hubo cinco homicidios en esta ciudad frontera con Francia por dos del año anterior. Los delitos por lesiones crecieron asimismo un 11%; los malos tratos en el ámbito familiar un 108,33%; los robos con fuerza en viviendas un 14% y los delitos por tráfico de drogas un 57%. Este año la tendencia es similar, al alza, lo que ha obligado a la alcaldesa, la socialista Cristina Laborda, a pedir más efectivos policiales al Gobierno vasco de igual forma que están aumentando la plantilla de agentes locales.
"El Gobierno vasco está estigmatizando a marroquís y argelinos, porque es un grupo muy reducido el que delinque. A mí me recuerdan a los yonquis de los 90, que pillan de aquí y de allá"
Los robos con fuerza, disparados
"Nuestra condición de ciudad fronteriza con Francia añade complejidad a la situación y hace que el número de personas presentes en Irún supere con frecuencia al de sus propios habitantes, y por eso reclamamos un refuerzo policial", argumenta Laborda. De acuerdo a los datos de los nueve primeros meses de año facilitados por el Gobierno vasco, la tasa de delincuencia por 1.000 habitantes ha crecido cuatro puntos en el municipio [del 38,35 al 42,14], uno de los aumentos más altos de toda Guipúzcoa, impulsados por los delitos contra el patrimonio, robos con fuerza y hurtos, que se han disparado más del 15%.

Vista del Puente de Santiago, que cruza el Bidasoa y te lleva de España a Francia, y es otra de las zonas calientes de la delincuencia en Irún. / EL PERIÓDICO
Los robos se cometen por toda la ciudad, incluso en barrios de las afueras como Ventas, una zona residencial tranquila, repleta de zonas ajardinadas, situada entre polígonos industriales y que en su día fue epicentro de la 'kale borroka'. "Más delincuencia no sé –dice Ana, vecina– se ve más gente de fuera, eso sí, y la Ertzaintza hace lo que puede.... si es que ya no les dejan usar las pelotas de goma".
"Esto es ciudad frontera y estamos acostumbrados a todo, pero es verdad que hay más inseguridad", afirma Aitor, vecino de 50 años
"Esto es ciudad frontera y estamos acostumbrados a todo, pero es verdad que hay más inseguridad. La gente ya no sale a potear por el centro como antes, es peligroso por la noche", indica Aitor, unos 50 años, cuyos familiares, dice, se dedicaban en su día al contrabando de objetos, no de droga, como "hacen los que trapichean en el Puente de Santiago".
Datos de delincuencia, por origen del autor
Muchos vecinos, al ser preguntados por los delitos, comienzan diciendo que no son "racistas", pero acaban achacando el aumento de la criminalidad "a los magrebís", "a los moros". En las últimas semanas el propio consejo de Seguridad vasco, Bingen Zupiria (PNV), admitía que "extranjeros sin arraigo" estaban detrás del incremento de armas blancas en las calles y justificaba que la Ertzaintza fuera la primera policía que facilitara los datos de los delincuentes según procedencia para evitar que Vox y PP "exagerasen" las cifras. Con estas en la mano, el 54% de las detenciones en el País Vasco son de españoles. El resto, el 46%, extranjeros.

Pintadas abertzales en una plaza del centro de Irún y que ahora se ha convertido en un foco de delincuencia. / EL PERIÓDICO
"Ha montado un buen lío el Gobierno vasco con esto", aprecia Jon Arangunen, miembro de la Asociación de Red Acogida de Irún, que durante años ha dado cobertura y ayudado a miles de subsaharianos a cruzar el Bidasoa. "Ahora tienen menos problemas, hay menos control de la Policía francesa porque ha bajado el flujo de la ruta canaria", indica Arangunen, que sobre la delincuencia admite que "cada vez más gente vive en la calle" y "algunos inmigrantes en situación irregular se buscan la vida con pequeños delitos".
"Con esto que hace el Gobierno vasco se está estigmatizando a marroquís y argelinos. Es un grupo muy reducido el que delinque. Si en Irún hay igual mil marroquís, son 20 los que hacen el manguis. A mí me recuerdan a los yonquis de los 90. Pillan de aquí y de allá, si pueden robar el móvil lo roban, si pueden quitarle 50 euros al subsahariano que viene se los roban", añade.
La Ertzaintza pide un "plan integral" que afronte la inseguridad y el aumento de peleas con arma blanca
En el centro de la ciudad los vecinos no tienen tan claro que sean grupos reducidos. "Yo no voy sola a casa ya, vivo a cien metros, pero me acompaña él", dice Leire, unos 25 años, que toma cervezas con su amigo Ander en el bar Eskina Mosku, en la plaza Urdanibia, muy vinculada a la izquierda abertzale.
"Hay un centro social de acogida justo ahí enfrente y en la plaza hay peleas día sí día también", señala Leire, que se queja de que el ayuntamiento lo que ha hecho es contratar "auxiliares" de la Policía local para "multar a patinetes y a los que no cogen las cacas de los perros, cuando deberían estar patrullando". "Hay más criminalidad y es por los inmigrantes", zanja.
"Hay más criminalidad y es por los inmigrantes", asegura una joven
Desde la Ertzaintza, que tiene alrededor de 180 efectivos en el municipio, piden un "plan integral" que afronte la inseguridad porque "Irún nunca fue una ciudad tranquila, pero ahora la gente tiene más miedo", en parte porque han aumentado en gran medidas las peleas con arma blanca, principalmente entre magrebís, que es el colectivo "más conflictivo" y los vídeos que graban los vecinos corren por los grupos de WhatsApp como la pólvora.
"Como ciudad fronteriza Irún siempre ha tendido a agrupar a colectivos marginales, entre comillas, y ahora hay más afluencia. Viven en edificios abandonados, no se les conoce oficio ni beneficio y se dedican principalmente a la droga y el robo", precisa Aitor Otxoa, secretario de organización de Erne, sindicato mayoritario de la Ertzaintza, que tiene adescritas las labores de seguridad ciudadana.

Varios jubilados pasan la tarde en una plaza del céntrico Paseo de Colón, frente a la comisaría de Policía Nacional. / EL PERIÓDICO
Para Otxoa no solo hacen falta más efectivos y medios materiales, sino una mayor coordinación entre policías y un cambio en la aplicación de las leyes para luchar contra la multirreincidencia. "Muchas veces la actuación de mis compañeros se ve muy limitada por las propias leyes y los mecanismos de control de estas", afirma.
"Que haya más inmigración y la gente esté más en la calle no tiene que ver con que haya más delincuencia", apunta Gorka, vecino de Irún
Va cerniéndose la noche sobre el paseo de Colón, la zona más comercial y que vertebra la ciudad, y es frecuente ver coches de la Policía Nacional y local. Algunos vecinos consultados creen que "hay más sensación de inseguridad que un aumento de la delincuencia como tal". "Que haya más inmigración y la gente esté más en la calle no tiene que ver con que haya más delincuencia", relata Gorka, que recuerda que cuando era chaval también había zonas conflictivas como ahora.
Una de ellas es la calle Cipriano Larrañaga, conocida como la "calle de la mierda". "Aquí pasa de todo", dice Marina, septuagenaria. "Le ponía yo unas sillas a la Ertzainzta para que vean que aquí viene de lo malo lo peor. De noche da miedo, mi hija me acompaña. Hay muchas peleas", asegura. "Yo en cuanto veo que va a haber un problema lo corto rápido", zanja un hostelero de la calle.
La cercana estación de tren, en la plaza de Txanaleta, es otra zona caliente de robos y tráfico de drogas. "Yo no soy racista", comenta otro hostelero de la zona, "pero aquí la delincuencia ha crecido y no por los que vienen en patera, los subsaharianos, que algunos trabajan hasta de pescadores, sino por los magrebís, siempre con navajas". "Mucha gente ha dejado de salir por la noche. Ya no vas tranquilo a casa cuando vuelves. Robos, tirones, de todo...", comenta un parroquiano, que asegura que hay muchas peleas por la droga, concretamente en la calle Aduana.
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