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COP30 en Belém

Brasil inaugura la cumbre del clima llamando a la "acción, ambición y esperanza" como remedio ante el negacionismo

La agenda de negociaciones incluye reforzar los planes de emisiones para limitar el calentamiento por debajo de los 1,5 grados de media, elaborar una hoja de ruta global sobre adaptación climática y movilizar hasta 300.000 millones al año para ayudar a los países del sur global

Cumbre del clima 2025, en directo: última hora de la COP30 de Brasil y de la participación de España en las negociaciones

El presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva durante su intervención de bienvenida al COP30 en Brasil

EFE

Valentina Raffio

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Barcelona
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En 1992, hace poco más de 30 años, Brasil organizó la primera cumbre del clima y logró, por primera vez en la historia, poner sobre la mesa la necesidad de actuar frente a una crisis climática que, por aquel entonces, parecía un escenario lejano. Tres décadas más tarde, mientras el mundo registra un inédito auge de desastres naturales y extremos climáticos, el país vuelve a convertirse en el epicentro del mayor debate global sobre políticas climáticas. "Ya no nos podemos permitir una cumbre basada en promesas y buenas intenciones. Este debe ser un encuentro enfocado en soluciones, en acciones concretas y, sobre todo, en la ambición", ha destacado este lunes André Correa do Lago, presidente de la cumbre del clima de Belém (COP30), durante la inauguración oficial de este encuentro. "Debemos guiarnos por la filosofía de la "mutirão", una palabra indígena que nos invita a dejar atrás las divergencias y trabajar de forma conjunta por el bien común", ha añadido durante el primer plenario de esta cumbre, que aspira a movilizar a más de 50.000 personas.

"Ya no nos podemos permitir una cumbre basada en promesas y buenas intenciones. Esta debe ser un encuentro enfocado en soluciones, en acciones concretas y, sobre todo, en la ambición"

André Correa do Lago

— Presidente de la COP30

Las negociaciones de Belém han empezado oficialmente en las últimas horas con un llamamiento generalizado al  "diálogo, movilización y esperanza". El presidente de Brasil, Lula da Silva, ha intervenido durante la apertura del encuentro para recordar que este es el momento de "acelerar la acción climática" y, sobre todo, "dejar atrás a aquellos que promueven el negacionismo y las guerras", en una clara alusión a Donald Trump y sus políticas anticlimáticas. Frente a esto, Lula ha pedido a los gobiernos del mundo que refuercen su compromiso con la causa, cumplan con las promesas recibidas y avancen de forma clara en cuestiones como, por ejemplo, el refuerzo de los planes de reducción de emisiones, la movilización de fondos para programas climáticos y el despliegue de iniciativas de adaptación a escala global. "Se trata de medidas que promueven el bien de la humanidad", ha destacado Lula.

Los organizadores calculan que el encuentro movilizará a más de 50.000 personas hasta la ciudad amazónica de Belém

También ha apelado a la esperanza Simon Stiell, secretario ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, quien ha afirmado que "la curva de emisiones está empezando a descender gracias a los acuerdos que se tomaron en salas como esta" pero que, aún así, "todavía falta mucho por avanzar tanto en los objetivos de mitigación como en los de adaptación y financiación climática". "Lamentarse no es una opción. Ha llegado la hora de actuar", ha destacado el diplomático, que ha recordado que "no podemos seguir mirando hacia otro lado mientras los desastres climáticos siguen robando miles de vidas, afectando al bienestar de millones de personas y dañando la economía en todas las partes del mundo".

Una ambiciosa agenda de negociaciones

El primer encuentro formal de esta cumbre ha servido para desplegar, ya de forma oficial, cuáles serán exactamente los temas de debate de esta cumbre. Así pues, este lunes los países han acordado centrar las negociaciones en el refuerzo de los planes nacionales de reducción de emisiones para lograr limitar el calentamiento global por debajo de la línea roja de los 1,5 grados de media. También se ha pactado avanzar en la elaboración de una hoja de ruta global sobre adaptación climática y en los mecanismos para movilizar hasta 300.000 millones al año para ayudar a los países del sur global a hacer frente a los efectos del caos climático.

Lula pide a los países "elevar la ambición" de sus políticas climáticas y "dejar atrás a aquellos que promueven el negacionismo y las guerras" en una clara alusión a las políticas anticlimáticas de Trump

La agenda de negociaciones desplegada por Correa destaca desde un inicio como una de las más completas y ambiciosas planteadas en los últimos años aunque, claro está, aún es pronto saber si todos los debates llegarán a algún acuerdo concreto.

El presidente de la anterior cumbre, el azerbaiyano de Babayev, se ha mostrado preocupado por las grietas en los mecanismos de cooperación internacional y ha pedido "unidad" frente a la lucha climática

Belém ha arrancado la cumbre poniendo el listón muy alto. En parte, porque la urgencia climática lo requiere. Y en parte, quizás, porque en tiempos de fragmentación política urge rascar acuerdos en todos los ámbitos posibles. Durante el plenario de este lunes, el presidente de la conferencia de Bakú (COP29), Mukhtar Babayev, se ha mostrado preocupado por las grietas que empiezan a verse en los mecanismos de cooperación internacional y ha pedido a los países "reforzar el espíritu multilateral" en tiempos de división. Sus palabras han coincidido con la publicación de un informe que constata que Estados Unidos es el país con mayor deuda ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el organismo internacional que organiza las cumbres del clima y monitoriza el despliegue del programas como el Acuerdo de París. En total, se estima que el Gobierno de Trump acumula casi ocho millones de dólares de deuda y, al menos por ahora, todo apunta a que jamás los saldará.

Vuelve el grito de los activistas

La presión por lograr un acuerdo ambicioso empieza a sentirse en el ambiente mientras, por primera vez casi en un lustro, los activistas vuelven a alzar con fuerza su voz. Tras los encuentros de Sharm el-Sheikh, Dubái y Bakú, en los que se impusieron muchas restricciones y mecanismos de censura ante posibles protestas, en el encuentro de Belém los movimientos ecologistas han vuelto a gritar sin miedo. Varias plataformas ecologistas han aprovechado la inauguraciónpara proyectar sobre la fachada de la cumbre un enorme reloj de arena rodeado por una serpiente junto al lema "se acabó el tiempo, es hora de que los grandes contaminadores paguen". También se han vivido varias protestas de grupos indígenas locales que han reivindicado que se escuche su voz durante las negociaciones de esta cumbre.

El encuentro de Belém es el primero en casi un lustro en que no se censuran las protestas ecologistas a las puertas de la cumbre

En los próximos días se espera la llegada de hasta 50.000 personas a Belém, una ciudad situada en pleno corazón del Amazonas que, por primera vez, se enfrenta a un evento de esta magnitud. Son muchas las voces que critican que las cumbres del clima se hayan convertido en eventos tan masivos ya que, en la práctica, esta avalancha de asistentes provoca una "enorme huella de carbono", "problemas logísticos" y "hasta puede entorpecer las negociaciones". Sobre todo porque, según afirma la especialista en diplomacia Hayley Walker, del IÉSEG School of Management, cada vez se registra un mayor incremento de viajeros no relacionados con las negociaciones en sí y que, en ocasiones, cuelgan más de la industria que de los gobiernos. "Necesitamos redirigir la atención política, mediática y pública hacia los debates relacionados con la implementación de las políticas climáticas", afirma la especialista en un análisis publicado en 'The Conversation'.

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