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Trasvases de norte a sur

Los ingenieros apuestan por conectar el río Ter con el norte de la Costa Brava en casos de emergencia

Los colegios profesionales de ingenieros y economistas consideran que el Govern avanza bien en las inversiones hídricas pero advierte de que las desalinizadoras van con retraso

¿Tiene sentido prolongar el minitrasvase para llevar agua del Ebro a Barcelona?

Una tubería del trasvase Tajo-Segura.

Una tubería del trasvase Tajo-Segura. / El Periódico

Guillem Costa

Guillem Costa

Barcelona
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En una mañana de lluvias y con los embalses de las cuencas internas al 80%, los colegios de ingenieros y economistas han puesto sobre la mesa una propuesta para dar más resiliencia a las redes de agua catalanas. Además de reivindicar la interconexión reversible entre el CAT (Consorci d'Aigües de Tarragona) y ATL (ente de abastecimiento de agua Ter Llobregat) para trasladar agua del Ebro a Barcelona, también han sugerido poder trasvasar agua del Ter hacia el norte de la Costa Brava o viceversa en situaciones de emergencia. El plan consiste en tener una red más mallada desde el Ebro hasta el Muga, en el Alt Empordà.

"Es en época de bonanza cuando tenemos que abordar las medidas necesarias para mejorar la disponibilidad de agua para evitar que suceda lo mismo que tras la sequía de 2008", ha defendido Pere Calvet, decano del Colegio de Ingenieros y Caminos. Después de aquella crisis hídrica, las inversiones prometidas quedaron en el aire y las infraestructuras anunciadas no se construyeron. En estos momentos, en cambio, según el punto de vista del colegio, el Govern está trabajando "correctamente" y las obras de nuevas estaciones de potabilización y regeneración están avanzando.

"Aun así, es urgente acelerar la licitación de las desalinizadoras de Blanes (Tordera II) y de Cunit (Foix), que acumulan como mínimo un año de retraso", avisa Carles Conill, el presidente del observatorio del agua de los colegios de ingenieros. Pero además de las "fábricas de agua prevista", los ingenieros y economistas reclaman al Govern afrontar la construcción de nuevas tuberías para interconectar toda Catalunya, una intención que a día de hoy no está en la agenda del Govern.

Trasvases polémicos

En los peores momentos de la última sequía, cuando en el área de Barcelona se había decretado el estado de emergencia, el observatorio de agua de los colegios profesionales urgió a conectar la red del CAT con ATL, alargando hasta Barcelona el minitrasvase del Ebro que finaliza en Tarragona. Los ingenieros sostenían que las obras se podían llevar a cabo en ocho meses. Pero el Ejecutivo liderado por Pere Aragonès rechazó la polémica propuesta que indignó a varios sectores ambientales y también a las comarcas del Ebro.

Ahora, dos años después, Calvet ha hablado de retomar el asunto sin prisas y con diálogo pero con el mismo objetivo en mente y yendo más allá al plantear también la conexión de la cuenca del Ter con la del río Muga. "Que llueva no significa que nos debamos relajar porque seguramente, la próxima sequía, en el contexto de cambio climático, será más larga y más extrema", alerta el especialista. "Las infraestructuras hídricas, como las eléctricas, han de ser sólidas y resilientes y no se tienen que ir decidiendo en función de lo que pase en cada momento; necesitamos una Catalunya en red", ha añadido.

Según los documentos que manejan los ingenieros, la conexión para trasladar agua del Ebro a Barcelona o a la inversa costaría unos 300 millones de euros. "Sabemos que el Govern no tiene previsto avanzar en este proyecto, pero nosotros insistimos porque es de vital importancia", dice Conill. Cabe señalar que la ahora consellera de Territori, Habitatge i Transició Ecològica, Sílvia Paneque, cuando era candidata del PSC por la provincia de Girona, se mostró partidaria de estudiar esta interconexión. No obstante, el acuerdo de investidura firmado entre los socialistas y ERC incluye el compromiso de no recurrir a nuevos trasvases hídricos.

Islas hidráulicas

La conexión del Ter y la desalinizadora del Tordera una vez ampliada con el norte de la Costa Brava responde a las dificultades de abastecimiento del Alt Empordà, una comarca que bebe del acuífero Fluvià-Muga, muy salinizado, y del embalse Darnius Boadella. "Esta zona de Catalunya sufrió mucho durante la crisis hídrica más reciente y, además de instalar una desalinizadora en Roses, queremos que en caso de emergencia y necesidad extrema se pueda recurrir al agua del Ter", precisa el ingeniero Albert Vilalta, que también fue el primer conseller de medio ambiente de la Generalitat. En los últimos años, los acuerdos del Ter se han cumplido y cada vez se ha trasvasado menos agua desde este río hasta la región metropolitana.

"La gente siempre piensa que el agua que pasa por su casa es suya y no de su vecino, pero es imprescindible poder trasladar caudales de un lugar a otro en escenarios extremos", afirma. Según la propuesta del observatorio, deberá ser la futura ley de Transición Hídrica el documento que regule cuánta agua se puede enviar de una cuenca a otra en circunstancias concretas. Con esta propuesta, que tendría un coste económico también de unos 300 millones, se culminaría lo que los ingenieros y economistas han denominado el "corredor del agua" que uniría Catalunya de sur a norte.

"Y todavía se podría añadir una conexión del Segre con Barcelona, siempre y cuando se modernicen los regadíos del canal de Urgell y se riegue de forma más eficiente", agrega Conill. Esta última conexión, no obstante, a diferencia de la del Ebro con Barcelona y el Ter y Tordera con la Costa Brava, aún es un plan poco desarrollado. Los colegios profesionales son para el Govern un interlocutor válido en materia hídrica, después de que hace dos semanas se firmara un convenio para que asesoren al Ejecutivo a la hora de abordar las políticas de gestión del agua.

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