Meteorología
¿Por qué está lloviendo tanto en el Mediterráneo y por qué este temporal está siendo tan intenso?
Los restos del ex huracán tropical Gabrielle han llegado a un Mediterráneo con aguas aún más calientes de lo normal, creando así las condiciones para la tormenta perfecta

Así ha afectado el temporal a las calles y casas de Amposta / FOTO Y VÍDEO: JORDI MARSAL / ACN

El temporal que ahora mismo azota el Mediterráneo ya ha sido definido como un episodio de carácter excepcional. Y no solo por las elevadas acumulaciones de agua registradas hasta ahora, que en algunos casos han sumado más de 250 litros en apenas unas horas, sino también por las descargas torrenciales que se están dando, en las que se reportan enormes cantidades de lluvia en periodos muy cortos de tiempo que, en ocasiones, llegan acompañadas de fuertes rachas de viento y tormentas. ¿Pero por qué está lloviendo tanto en el Mediterráneo y, sobre todo, por qué este episodio está siendo tan intenso respecto a las típicas lluvias de otoño?
Estos son algunos de los motivos que están contribuyendo a la intensidad de este episodio.
La atmósfera del Mediterráneo está recibiendo en estos momentos los restos del huracán tropical Gabrielle reconvertidos en una borrasca atlántica. Según explica el meteorólogo Mario Picazo, por un lado, tenemos los restos de este fenómeno que se han cargado de "energía y humedad" en su paso por el Atlántico y, por otro lado, su convergencia con una vaguada en niveles medios y altos de la troposfera. La combinación de ambos factores ha dado lugar a una situación de inestabilidad atmosférica que, a efectos prácticos, se ha convertido en el caldo de cultivo perfecto para que brotara una tormenta de gran magnitud.
La llegada de la borrasca ha coincidido en un momento en que, además, las aguas del Mediterráneo registran valores muy por encima de lo habitual para la época. Tras un verano de récord en el que la superficie del mar ha superado en repetidas ocasiones el umbral de los 30 grados, en estos momentos, prácticamente a las puertas de octubre, se siguen dando registros de hasta 25 grados en algunos puntos. Según indican múltiples estudios, este fenómeno contribuye a aumentar la humedad ambiental, lo cual hace que las nubes estén más "cargadas" de agua y, a su vez, también aumenta la energía disponible en la atmósfera, algo que se relaciona con un mayor riesgo de lluvias intensas, persistentes y hasta torrenciales.
Otro factor clave para entender la formación de una tormenta de estas características es la orografía del litoral y del prelitoral Mediterráneo. La forma del terreno en la zona, caracterizada por la presencia de cadenas montañosas cercanas a la costa, primero favorece el ascenso rápido del aire cálido y húmedo procedente del mar y después, cuando estas masas de aire ascienden por las laderas montañosas, provoca un enfriamiento brusco, lo que a su vez provoca la condensación del vapor de agua y la formación de nubes de desarrollo vertical (cumulonimbos), capaces de descargar lluvias intensas en cortos periodos de tiempo. De ahí que el Mediterráneo destaque como una de las zonas más expuestas a lluvias torrenciales y a riesgo de inundaciones.
La situación actual también se explica, en gran parte, como consecuencia del cambio climático. Y es que son muchos los estudios que apuntan a que, el avance de este fenómeno está cambiando el régimen de precipitaciones en el área mediterránea. Los modelos apuntan a que en esta región está aumentando el riesgo de extremos hidrológicos y, por lo tanto, se está pasando con cada vez más frecuencia de periodos con escasez de precipitaciones a episodios torrenciales. Si antaño lo normal es que lloviera de forma repartida a lo largo de todo el otoño, ahora se está viendo que las precipitaciones se concentran en menos episodios pero de carácter torrencial y, por lo tanto, con mayor poder destructivo.
Según explican los meteorólogos, en este episodio se han identificado varios núcleos estáticos de tormenta, es decir, áreas donde las nubes cargadas de lluvia descargan de forma prácticamente fija en un mismo punto. Estos fenómenos aparecen cuando la atmósfera es muy inestable, el viento en altura es débil y, en ocasiones, intervienen factores locales como el calor acumulado en el suelo o la presencia del relieve que impide al frente avanzar. Al no desplazarse, la tormenta se refuerza sobre sí misma y descarga de manera continua en la misma zona, lo que se traduce en lluvias torrenciales y una intensa actividad eléctrica concentrada en un área muy limitada.
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