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Canarias

Nuevas prohibiciones en el Teide: ni alcohol, ni torres de piedras, ni caravanas

El nuevo Plan Rector de Uso y Gestión del espacio protegido tinerfeño veta el consumo de vino, cerveza y licores fuera de los lugares autorizados para la venta pero no incluye el tabaco

IMÁGENES | Floración en el Teide

Teide.

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Daniel Millet

Santa Cruz de Tenerife
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Las personas que acudan al Parque Nacional del Teide no podrán apilar piedras, una práctica tan de moda en puntos de la costa tinerfeña pero que muchos expertos critican porque dañan el paisaje. Es una de las novedades del nuevo Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG) del parque nacional tinerfeño, que sustituye al que está en vigor desde hace 23 años y que han acordado el Gobierno de Canarias y el Cabildo de Tenerife.

Otra incorporación llamativa de la renovación del principal instrumento de gestión del espacio protegido más visitado de Europa, que no aparece en el vigente –aprobado en 2002–, tiene que ver el alcohol. Entre los usos prohibidos se cita "el consumo de bebidas alcohólicas fuera de los espacios debidamente autorizados para la venta y consumo", es decir, los bares restaurantes que se encuentran en el espacio. Fuera de estos establecimientos no se podrá tomar cervezavino, ni licores.

No hay ninguna mención, sin embargo, a fumar, un hábito que no está permitido en otros espacios como este de máxima protección del mundo.

En general, el régimen de actividades incompatibles con la preservación de este paraje declarado Patrimonio de la Humanidad, que figuran en el nuevo documento que ha iniciado el proceso para su aprobación definitiva, es similar al anterior pero introduce algunas modificaciones.

Torres de piedras

Además de las torres de piedras y el alcohol, el nuevo PRUG es más drástico con las caravanas y autocaravanas. El vigente circunscribe su aparcamiento a zonas autorizadas, que nunca se especificaron, y el que lo sustituirá aboga directamente por vetar estos vehículos a excepción de aquellas caravanas "vinculadas a actividades autorizadas en zonas de uso especial", como por ejemplo un rodaje o una investigación.

Tampoco se podrá acampar ni pernoctar en vehículos de cualquier tipo en los 189 kilómetros cuadrados del parque, ni se permitirá su tránsito por pistas o senderos, sino solo por las vías asfaltadas. Las prohibiciones priorizan sobre todo aquellas actividades que puedan alterar el frágil equilibrio de los ecosistemas de alta montaña del Teide.

Con las bicicletas, por contra, el nuevo plan es más laxo que el actual. "La práctica del ciclismo sólo podrá realizarse por vías asfaltadas, siendo incompatible en las pistas y en la red de senderos y resto del territorio del parque nacional". A continuación, sin embargo, el texto introduce una salvedad: "Se permite el tráfico de bicicletas en la pista de Arico El Viejo y en su ramal en dirección a Fasnia, en la pista de Corral del Niño-Montaña del Limón y en la de la Montaña del Alto o de Guamaso. Periódicamente se evaluará la incidencia de esta actividad en las citadas pistas, pudiendo establecerse por la administración gestora [el Cabildo] medidas limitativas y/o correctoras".

No tirar cenizas de difuntos

El PRUG, asimismo, rechaza "la introducción y/o liberación de sustancias de cualquier tipo que puedan provocar alteraciones en el medio natural". Entre esas sustancias se incluyen "elementos simbólicos particulares, así como el abandono de objetos de carácter conmemorativo, como urnas y otros elementos de carácter funerariocenizas restos biológicos". También "la instalación fija o temporal de cualquier elemento ajeno al medio natural, excepto los que están regulados", como "cualquier tipo de soporte publicitario o propagandístico".

Hay restricciones que se mantienen en todos los planes de uso que ha tenido la cima de España al ser flagrantes amenazas a la biodiversidad y la geología exclusivas, que convierten a este paraje en uno de los más atractivos del mundo.

Ahí está la imposibilidad de cazar –salvo los programas de erradicación de especies invasoras como el conejo o el muflón– o la introducción de animales no nativos salvo los perros que participen en actuaciones de rescate, vigilancia y gestión; los canes y hurones que participen en las actividades de control poblacional de especies invasoras debidamente autorizadas, los perros guía para personas con discapacidad y las abejas para el aprovechamiento tradicional.

Fuegos artificiales

Tampoco se pueden lanzar o manipular elementos pirotécnicosglobos de gas o cualquier otro objeto con riesgo de provocar incendios; las maniobras militares, la venta ambulante, la celebración de conciertos musicales y eventos festivos, el sobrevuelodespegue aterrizaje de cualquier tipo de aeronave –salvo autorización o por causa de fuerza mayor– o el aeromodelismo y el uso de cometasglobos cualquier otro tipo de artefacto que sobrevuele el territorio del parque nacional.

El nuevo Plan Rector hace hincapié en el veto que más se saltan los visitantes por el ‘efecto postureo’ que han traído las redes sociales: "el accesoestancia tránsito por zonas clasificadas como prohibidas al público general, zonas de reserva y de uso restringido fuera de la red de senderos, o por tramos de senderos cerrados temporalmente y señalizados por la administración gestora". No se puede, pues, salirse de los caminos señalizados para recorrer el Teide con el fin de no dañar la flora.

Un cielo privilegiado

El documento, que será revisado el próximo lunes por el órgano consultivo del parque –el Patronato, comandado por la presidenta del Cabildo, Rosa Dávila, e integrado por administraciones, instituciones educativas y científicas y organizaciones sociales y empresariales–, también pone especial cuidado en evitar la contaminación lumínica y acústica.

Y es que el Teide alberga el observatorio del Instituto de Astrofísica de Canarias, uno de los más importantes del mundo, gracias a un cielo generalmente despejado e ideal para la observación astronómica. De ahí que no se puedan montar dispositivos lumínicos o que emitan destellos o ruidos que «perturben la calidad de la visita».

Fuente: El Día - La Opinión de Tenerife