Habla la viuda del ganadero asesinado en Asturias: "Necesito ayuda para que no me quiten las vacas"
María del Mar Berjón relata las desavenencias con la familia de Toño Otero: "Decían que venía a llevármelo todo, pero ¿qué me iba a llevar?, ¿qué hay aquí?"
Asesinado de una paliza un conocido ganadero asturiano en la puerta de su casa

María del Mar Berjón, ayer, junto a la cuadra donde tiene sus vacas / Ramón Díaz
"Necesito ayuda hasta que me cure el brazo para que no me quiten las vacas", fue el grito desesperado que lanzó ayer a través de LA NUEVA ESPAÑA María del Mar Berjón, la viuda del ganadero asesinado a golpes el pasado viernes en su casa de Cueves (Ribadesella), Juan Antonio Otero, "Toño".
La mujer no quiere que le arrebaten el ganado por el que tanto luchó su pareja, y asegura que sabe y puede ordeñar y realizar otros quehaceres, pero se ve incapaz de sacar el "cuchu" de la cuadra en este momento, con el brazo izquierdo malherido a causa del ataque de los dos desconocidos encapuchados que, según sostiene, mataron a su compañero sentimental.
"Ya no me ayuda nadie"
"Ya no me ayuda nadie", clama la mujer, que sí recibió apoyo en días anteriores del Ayuntamiento de Ribadesella, pues hasta la mañana de este martes acudieron a atender a los animales dos operarios municipales (por las mañanas) y dos ganaderos de la zona (por las tardes). Pero la ayuda ya se ha suspendido, y al no estar retirándose el "cuchu" y los purines, un reguero con restos orgánicos baja camino abajo, ha formado un gran charco, ha invadido una propiedad cercana y se está colando por una alcantarilla, algo taxativamente prohibido.

El estercolero en el que se ha depositado el "cuchu" retirado de la cuadra de Toño Otero, con la casa al fondo / Ramón Díaz
"Estoy absolutamente sola"
Esta situación preocupa a Mar Berjón. "Además, echaron el ‘cuchu’ aquí (en un estercolero) pero ya está rebosando y está prohibido verter purines y leche", explica. Su temor es que la denuncie algún vecino y que le clausuren la explotación, donde tiene 13 vacas, además de cabras, pavos, conejos y gallinas.
Subraya que está buscando a alguien que la ayude a retirar el "cuchu" y trasladarlo a un prado, pero no tiene dinero para pagar a un empleado. Por eso solicita ayuda al Ayuntamiento y a la Consejería de Medio Rural. De momento, en esa última ni le han cogido el teléfono, sostiene.
Un coche sospechoso
Mar Berjón está ahora mismo "absolutamente sola" en Cueves. "¿Dónde están todos los que decían que eran amigos nuestros? Yo no los veo", lamenta. Seguirá sola hasta que regrese su hermana, Magdalena, "Mada", quien tuvo que viajar este martes a Gijón, donde reside, por una cita médica. Mar Berjón no quiere que viajen a Cueves sus hijos para que no se vean involucrados en la situación que está viviendo.
La viuda de Toño Otero asegura que se pasa buena parte del día "cucando" (mirando desde una ventana de su casa lo que pasa en el exterior), porque tiene miedo. De hecho, hace unos días, ella y su hermana dieron cuenta a la Guardia Civil de un coche sospechoso, que a primera hora de la noche paró con el motor encendido y las luces apagadas a unos metros de la casa, justo enfrente, donde permaneció durante unos minutos.
Relación con su familia política
La viuda del ganadero asesinado explica cómo fue su relación con su familia política. Conoció a Toño Otero en 2013 y se fue a vivir con él y con su madre. El primer problema que halló la gijonesa fue el rechazo de la progenitora del ganadero a que se empadronase en la casa de Cueves, sospecha que por influencia de otra familiar. Aquella circunstancia la llevó a cortar la relación y marcharse a Gijón, pero regresó al cabo de un tiempo.
Incide en que la familia de Toño Otero nunca se fió de ella, porque creían que estaba con él por interés. "Decían que venía a llevármelo todo, pero ¿qué me iba a llevar?, ¿qué hay aquí?", pregunta la mujer, que se emociona al pronunciar el nombre del fallecido.
Problemas con la herencia
Revela que el problema más importante ocurrió cuando la hermana del ganadero fallecido se llevó a su madre a vivir con ella. Toño Otero se opuso, pero no pudo evitarlo. "Toño no quería que se la llevaran, porque él siempre había vivido con sus padres y siempre los había cuidado". Este episodio provocó la ruptura de las relaciones de los hermanos y que Toño Otero "cayera en barrena. A partir de ahí fue otro", según Mar Berjón, en referencia a que el hombre cayó en una depresión.
Las malas relaciones con la familia llevaron a Toño Otero, según su viuda, a firmar ante notario unos poderes a su favor: "No quería que me echaran si le pasaba algo". Asegura que la vivienda que compartían, y en la que se perpetró el crimen, la compraron "los dos" (ella y Toño Otero), y que los problemas relacionados con la herencia tenían que ver con otra casa, la familiar, sobre la que el ganadero tenía usufructo, así como con la cuadra y un hórreo.
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