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Realidad invisibilizada

Catalunya detecta un aumento de hombres víctimas de matrimonios forzados

Govern y entidades constatan en los últimos dos años el incremento de jóvenes de origen migrante que denuncian o piden ayuda para escapar de la presión de sus familias

Matrimonios forzosos en Catalunya: "¿Quién se atreve a denunciar a sus padres?"

La lucha que frenó las ablaciones, un ariete contra las bodas forzosas

Imagen del matrimonio forzado.

Imagen del matrimonio forzado. / El Periódico

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Elisenda Colell

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La Conselleria d'Igualtat i Feminisme, en coordinación con las de Salut y Justícia, confirma a EL PERIÓDICO que están detectando un aumento de los hombres de origen migrante que denuncian ser víctimas de matrimonios forzados en Catalunya. La primera denuncia llegó a los Mossos en 2014. La segunda, el año pasado. La tercera, este mes de mayo en Lleida. "Es una realidad que nos afecta mucho más de lo que nos pensamos, el problema es que es un tabú, más aún para los chicos. Esta presión está a la orden del día", explica Mamady Kaba, fundador de la asociación Joventut Africanegra de Catalunya (JAN). Esta realidad la perciben especialmente desde el colectivo LGTBI, cuando las familias se sienten mancilladas al descubrir la homosexualidad de sus hijos. Cuando estos jóvenes se niegan a casarse en contra de su voluntad, son expulsados de la familia y de la comunidad. Desde el Govern, admiten que la Administración aún no está preparada para dar una respuesta a estos hombres.

La entidad Valentes i Acompanyades ha atendido este año a tres chicos que acudieron pidiendo ayuda

Los matrimonios a la fuerza afectan principalmente a las mujeres. Los hombres son el 1% de los 235 casos que se han denunciado en Catalunya en los últimos 16 años. El primer caso fue en 2014 un joven de 26 años que aún no había consumado el matrimonio. El segundo, en 2024, un menor de 17 años que pidió ayuda antes de que lo casaran. El tercero es un joven de 26 años que acudió a comisaría a denunciar que su padre adoptivo le había obligado a casarse en Guinea, según avanzó el diari 'Segre'. "Este es el primer caso donde el enlace ya se había producido", explica Sandra Gonzalez, agente de la Unidad Central de Atención y Seguimiento a las Víctimas de los Mossos d'Esquadra. "Son chicos que ya están totalmente occidentalizados", advierte González.

"Hay familias que amenazan con no dar su bendición si traes a una chica de aquí. Juegan con esta presión y muchos aceptan para no tener problemas con los padres"

Mamady Kaba

— Joventut Africanegra de Catalunya (JAN)

"Te dicen que tienes que irte de vacaciones al país de tus padres. Allí te empiezan a presentar chicas y empieza la presión para que te cases con algunas de ellas", cuenta Kaba. "Otras familias amenazan con que si traes a otra chica, sobre todo si es de aquí, no darán su bendición, que es algo muy importante para casarse. Juegan con este factor, con esta presión, y mucha gente acepta para no tener problemas con los padres", sigue el chico.

"El principal motivo es que las familias no quieren que la riqueza que puedan generar sus hijos salga de su control"

Ibrahima Bao

— Asociación de senegaleses de Lleida

"Sabemos que es una realidad que está ocurriendo, y el principal motivo es que las familias no quieren que la riqueza que puedan generar sus hijos salga de su control, del entorno familiar. es su forma de garantizar la sumisión de los hijos a los progenitores", explica Ibrahima Bao, presidente de la asociación de senegaleses de Lleida.

Los Mossos han registrado tres denuncias: una en 2014 y otras dos en 2024 y 2025

Otro motivo es el miedo a perder las tradiciones. "El 70% de casos que yo conozco son de familias que tienen miedo a que sus hijos se casen con una española, que se 'occidentalizen'. Es este miedo a perder las raíces, los orígenes, las tradiciones. Y creen que obligándoles a casarse con una chica de su mismo país, cultura, etcétera, mantendrán este legado", explica Huma Jamshed, presidenta de la Asociación Cultural Educativa y Social Operativa de Mujeres Pakistanís en Barcelona. Aunque atiende mayoritariamente a mujeres, cada vez hay más chicos que le piden ayuda. De hecho, ha organizado varias bodas en secreto de las familias para que estos chicos, y chicas, se pueden casar con quien aman.

"El 70% de casos que yo conozco son de familias que tienen miedo a que sus hijos se casen con una española, que se 'occidentalizen' y pierdan las raíces"

Huma Jamshed

— Asociación Cultural Educativa y Social Operativa de Mujeres Pakistanís

Homofobia

"Los casos más graves que yo me he encontrado son del colectivo LGTBI", apunta Miquel Meca, abogado especializado en esta temática. Atiende a refugiados que han llegado a España huyendo de un matrimonio a la fuerza pero también tiene clientes nacidos y crecidos en Catalunya. Una realidad que conocen de sobras en la Associació Catalana per a la Integració d’Homosexuals, Bisexuals i Transexuals Immigrants (Acathi). "Cuando la familia detecta su orientación sexual les quieren casar lo antes posible, es la forma de acallar rumores para salvar el honor de la familia. Es una mancha muy grave, incluso un delito", explica Rodrigo Araneda, presidente de la entidad.

Tras muchos de estos casos hay jóvenes homosexuales a los que su familia quiere casar lo antes posible para acallar rumores

El 70% de las personas originarias del África Subsahariana, Pakistán, Índia, El Magreb, Oriente Próximo o de etnia gitana atendidas por Acathi lo han sufrido. "Yo aguanté cuatro años la presión del matrimonio, hasta que me fui del país para no volver, hace ya 11 años", cuenta un joven egipcio atendido por Acathi en Barcelona que teme revelar su identidad. Desde los 20 a los 25, su familia le programó citas a diario para casarse con una mujer. "Siempre daba alguna excusa hasta que empecé a tener miedo de que mi familia sospechara que era gay y la cosa acabara muy mal. Conozco casos en los que la familia, al descubrirlo, ha matado a los chicos. Y conozco a gente que lleva una doble vida", prosigue. Él ahora es libre en Barcelona, se ha casado con un hombre, pero mantiene engañada a su familia diciéndoles que está casado con una mujer.

La carta de la poligamia

Según explican a este diario los expertos, a diferencia de lo que ocurre con las mujeres, las proposiciones a los hombres se hacen a edades más avanzadas, entre los 18 y los 25 años, mientras que con las chicas se suele empezar a los 14 o 15. "Ellos tienen una ventaja, que es la poligamia: se pueden casar otra vez con la mujer que quieran; ellas no", subraya Dialla Diarra, presidenta de la asociación Legki Yakaru, en Banyoles. A ellas, en cambio, les obligan a casarse con hombres mucho más mayores y deben acatarlo de por vida.

"Los chicos son más peleones, protestan más; las chicas aceptan sin más. Es como que ellos tienen un poco más de libertad en ese sentido", opina Kaba. Lo que ambos comparten, especialmente si han obtenido la nacionalidad española, es que se convierten en una puerta de entrada a Europa. "Sobre todo con las mujeres, se hacen auténticos negocios para traer a conocidos, familiares... es la forma de entrar de una forma segura y legal a España, aunque los afectados no ven ni un duro de todo esto", explica Bao. Las bodas siempre se hacen en el extranjero.

Débil red de apoyo

A quienes no aceptan el matrimonio arreglado, les toca afrontar un destierro familiar y comunitario. "Muchas familias les expulsan de las familias y les condenan a una muerte social, hablamos de comunidades muy arraigadas a la comunidad", incide Araneda. ¿Dónde van? Si son menores, pueden terminar tutelados por el Govern en centros de menores. Las chicas pueden acudir a la red de la Generalitat contra la violencia machista, incluso acceder a ayudas, viviendas o formación. También cuentan con el apoyo de entidades como Valentes i Acompanyades, pionera en este ámbito. "Nos han venido a ver algunos chicos, pero no podemos atenderles, no tenemos pisos para ellos", explica Siham El Kafroune, técnica de la entidad. Este año tres chicos les pidieron ayuda, frente a más de 400 chicas atendidas.

La Conselleria d'Igualtat i Feminisme señala que tienen a su disposición la red SAI, para el colectivo LGTBI, y que tratan de dar respuesta a los casos en cuanto tienen conocimiento, aún conscientes de que la red de atención no es la misma que la de las chicas. Meca lo discute: "No hay nada para estos chicos", se queja. "Normalmente nos llaman desde servicios sociales, para que les resolvamos el problema: lo que es más importante es ayudarles a tejer una nueva red de apoyo, fuera de su comunidad no tienen a nadie", añade Araneda.

Tampoco es fácil en el caso de las denuncias. Según los datos de Valentes i Acompanyades, en el caso de las chicas, solo el 2% lo denuncian. "No es tan sencillo, les preocupan las consecuencias legales que puedan tener sus padres", sigue El Kafroune. "Sospechamos que la cifra de chicos que no denuncian es mucho mayor. Son hombres en espacios machistas y patriarcales que deben romper muchas barreras para ir a la policía y asumir que son víctimas", dice González. "A ellos no les cree nadie, es muy difícil de demostrar. En los chicos, solo lo vemos en los casos más graves, cuando ha habido violencia", opina Meca, consciente de que los casos que llegan a los juzgados son una minoría.

Si el matrimonio no se ha consumado, los Mossos piden que se les prohiba viajar, se retiran pasaportes, si son menores se alerta a servicios sociales, especialmente si hay mas hijos o hijas en el núcleo familiar.

Para Diarra, la erradicación de esta lacra solo se conseguirá concienciando a las familias. "Debemos trabajar estos temas en la comunidad, hay que afrontar el miedo de los padres de que sus hijos serán diferentes a ellos, conocer los derechos humanos y aceptar la realidad de Europa. Hay mucha gente que se aferra a esta identidad patriarcal", insiste la mujer. También Ibrahim coincide en que hay que trabajarlo. "Es un choque cultural, tenemos que hacer que la gente supere esta barrera, esta visión opuesta a la libertad del modelo occidental". Kaba ya piensa en organizar charlas para romper este tabú.

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