Época de riesgo
La actividad agrícola ha causado 57 incendios desde enero en Catalunya
Los agricultores defienden sus medidas de protección y reclaman margen para talar árboles cerca de sus campos para evitar que las llamas se propaguen
En primera línea del incendio de Paüls: la batalla metro a metro por contener las llamas en el barranco del Llop

Una explotación ganadera, ante unos campos de trigo, durante el incendio de la Segarra. / ZOWY VOETEN

Al menos 57 incendios relacionados con la agricultura se han declarado desde el 1 de enero y hasta hoy en Catalunya, según datos del cuerpo de Agents Rurals recopilados por EL PERIÓDICO. De estos fuegos, 17 están originados por quemas agrícolas. El resto fueron provocados involuntariamente por la maquinaria utilizada por los payeses.
En estos datos no están incluidos absolutamente todos los fuegos (algunos de ellos de dimensiones mínimas) que ha habido en Catalunya, sino que se centran en los casos en los que los rurales han tenido que abrir una investigación. De entre ellos, destacan el incendio de la Segarra, que arrasó más de 6.500 hectáreas hace una semana, y el de este martes en el Anoia, que coincidió con el fuego forestal del Baix Ebre.
La cosecha del trigo, que actúa como combustible para el fuego, ha coincidido con el calor, lo que ha hecho aumentar los incendios
Entre los responsables de la prevención de incendios, existe preocupación acerca del número de fuegos causados por el sector agrícola. La cifra es superior a la de años anteriores, en buena parte por la buena temporada de trigo, que equivale a combustible para el fuego, y que ha coincidido con el calor. El cereal seco corre como la pólvora, sostienen los especialistas. De todas formas, en los últimos años, ya ha sido habitual que un porcentaje importante de incendios se origine en el campo.

Bomberos trabajan sobre el incendio agrícola de la Segarra. / ZOWY VOETEN
"Se necesitan protocolos estrictos porque la productividad elevada en los cultivos tiene riesgos importantes", explica Joan Real, biólogo e investigador de la Universitat de Barcelona. "En situaciones de riesgo extremo se debería limitar la siega", propone. Los agricultores aseguran que ya trabajan con medidas de prevención. Todas las cosechadoras y desbrozadoras deben llevar un extintor incorporado, detallan desde Unió de Pagesos.
"Con la tecnología disponible se tendría que buscar la fórmula de reducir riesgos", expone Real. Los tractores, por ejemplo, suelen llevar un GPS incorporado: "Se podría intentar que, cuando empiece un fuego, los bomberos reciban el aviso geolocalizado mucho antes".
Los agricultores, además, reclaman más libertad para talar árboles o arbustos en los márgenes del campo y así evitar que las llamas se propaguen. Aun así, Real considera que un árbol más o menos no marca la diferencia, y menos cuando en muchas ocasiones el "alimento de las llamas" es el trigo: "Es cierto que hay unas normativas unificadas en Europa que son demasiado rígidas y que no siempre son razonables, pero el sector tampoco puede pretender hacer lo que quiera".
Paisajes heterogéneos
"Se exige una gestión activa de los bosques, pero el cereal seco es como la pólvora y tiene un poder de ignición mucho más potente", avisa Real. El investigador opina que unos cultivos ininterrumpidos, sin márgenes y con extensiones de monocultivo pueden contribuir a la expansión de las llamas. "Con las extensiones agrícolas de gran densidad sucede lo mismo que con el bosque continuo", afirma. Una posibilidad es variar los cultivos: "Se habla del mosaico agroforestal, que combina arboledas y campos, pero también es esencial el mosaico agrícola".
¿Qué es un mosaico agrícola? "Un paisaje en el que las explotaciones cerealistas se combinan con los viñedos, los olivos y los márgenes silvestres", defiende Real, quien también advierte de que no es fácil planificar el territorio, cuando desde la Administración se impulsa un tipo de agricultura intensiva que facilita el monocultivo.
Los expertos en incendios forestales defienden la importancia de alternar las masas boscosas con cultivos de baja intensidad y áreas de pasto, una estrategia que permite disponer de paisajes más fragmentados y, por tanto, menos vulnerables al avance del fuego: "No hay ninguna duda de que los paisajes en mosaico tienen menos riesgos", añade el investigador.
De todas formas, en condiciones ambientales y meteorológicas concretas, pueden aparecer megaincendios como el de la Segarra, que acabó con la vida de dos personas y en el que el fuego avanzó a toda velocidad por encima de los cultivos en un escenario que no era boscoso. Uno de los riesgos en este tipo de incendios es que hay actividad humana cerca (masías, payeses, ganaderos).
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