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Sector masculinizado

Ser mujer, joven y mecánica: "Me han llegado a decir que no querían que yo les reparara el coche"

Judit Guerrero explica su día a día en un taller, un mundo en que solo el 15% de empleados son mujeres

Más de 40 grados de FP en Catalunya tienen en sus aulas menos de un 10% de mujeres

Judit Guerrero, mecánica del taller Automajor.

Judit Guerrero, mecánica del taller Automajor. / Marta Pich

Andrea Izquierdo

Manresa
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¿Qué tienen en común un tatuaje y una profesión? Que ambos son para siempre. O al menos en la mayoría de los casos. Judit Guerrero (Castellgalí, 2005) ha unido ambas cosas y las ha convertido en una seña de identidad. Lleva el símbolo de un cambio de marchas dentro de un corazón en el brazo derecho. Es joven, mujer y mecánica. Y esa es su manera de gritar a los cuatro vientos que los automóviles son su pasión. Es, sin embargo, un amor con luces y sombras: sigue siendo un mundo de hombres. Según la última Encuesta de Población Activa, en el primer trimestre de 2025 había 50.700 mujeres trabajando en la venta y reparación de vehículos; un 14,26 % del total.

No se puede entender a Judit sin hablar de su hermano Pau Pladellorens. La historia de la joven es la continuación del camino de su referente. Ambos vivieron lo mismo, pero en momentos diferentes: empezaron el bachillerato y vieron que ese no era su camino. Cuando Judit todavía ni se planteaba su futuro, su hermano, que ahora tiene 26 años, tomó una decisión que, años más tarde, cambiaría la vida de ella: estudiar el grado medio de electromecánica de vehículos automóviles en el instituto Lacetània de Manresa.

Que Pau eligiera ese ciclo propició que ella, cuando se sintió incómoda en el bachillerato, hiciera lo mismo. Guerrero quería ser mosso d’esquadra, pero la vía de acceso que había escogido no le «gustaba». No quería imitar a su hermano; hacía tiempo que estaba enamorada de la automoción. Pero no lo sabía. «Cuando me aburría, iba a ver trabajar a mi hermano», dice.

Y esta vez acertó. «Por fin empecé a sacar buenas notas», recuerda. Siguiendo los pasos de su guía, en 2024 también hizo las prácticas en el taller Automajor de Sant Joan de Vilatorrada. Acabaron contratándola. Su hermano trabajaba allí. Ya no está: ha dado un giro en su trayectoria. Pero ella no se plantea marcharse; ya vuela sola.

Confiesa que hacer las prácticas en «un taller de confianza» le facilitó abrirse camino. Su sonrisa permanente se borra al recordar que las mujeres a menudo tienen que esforzarse el doble para demostrar su talento. Como cuando un hombre pidió que ella no reparara su coche. «Al final lo reparé yo, y cuando se lo entregamos, puso en duda si funcionaría bien», afirma. «Evidentemente, siempre los probamos antes de devolverlos al propietario», puntualiza. «Un coche no estará mal reparado porque lo arregle una mujer», asegura. La edad tampoco ayuda. «Si ya te juzgan por ser mujer, imagina si además eres joven», dice. Durante las prácticas, alguna vez sintió que su validez era cuestionada por parte de algún cliente. «¿Qué tenían que hacer, encerrarme?», se pregunta. «Me gustaba mucho», añade.

Aun así, Guerrero se siente respaldada en el taller. Siente el calor de quienes la aprecian como referente. Representa la lucha de las mujeres que deciden romper barreras. «El talento no depende del género», dice. Una frase que no debería hacer falta decir en pleno 2025.

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