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Tragedia en el Bages

20 años del incendio forestal que arrasó el cámping La Tatgera de Talamanca

El fuego, que quemó un millar de hectáreas, se inició por unas brasas mal apagadas en una granja abandonada y duró tres días

Alerta por peligro muy alto de incendio forestal en cinco municipios del Alt Empordà

Bomberos en los trabajos de extinción del incendio de Talamanca, en 2015.

Bomberos en los trabajos de extinción del incendio de Talamanca, en 2015. / Archivo / Regió 7

David Bricollé

Manresa
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Unas brasas mal apagadas, utilizadas para hacer fuego dentro de un ahumador (recipiente que se usa para aturdir y alejar a las abejas), en una acción imprudente a los pies de una colmena en una granja abandonada de Talamanca, fueron señaladas como la causa de uno de los incendios de mayor envergadura que ha sufrido la comarca del Bages en las últimas cuatro décadas, ocurrido justo hace 20 años.

Aquel incendio se inició al mediodía del 19 de junio de 2005 y quemó cerca de mil hectáreas, la mitad de ellas con árboles. Desde el punto de ignición, el fuego avanzó rápidamente hacia el norte, afectando los municipios de El Pont de Vilomara (por el núcleo de Rocafort), Mura, Navarcles, Calders y, sobre todo, Talamanca, que fue el más perjudicado. Uno de los efectos más graves fue que arrasó un cámping, el de La Tatgera (en la carretera de Coll d’Estenalles, entre Talamanca y Navarcles), donde calcinó 34 de las 38 caravanas que había. A pesar de la distancia desde el punto de inicio, en menos de tres horas las llamas ya habían llegado al lugar.

Fueron tres días enteros de incendio, en una época en que todavía estaban muy recientes los grandes fuegos del julio de 1994 (más de 45.000 hectáreas en el Bages y el Berguedà), 1998 (27.000 en el Bages, Berguedà y Solsonès), y también los de 2003 (casi 5.000 hectáreas, iniciado en Sant Llorenç Savall y propagado hacia el Moianès y el Bages). A pesar de ser notablemente menor que aquellos, no dejaba de ser un incendio forestal de dimensiones importantes, que hizo temer un nuevo episodio de gran magnitud.

A las 8 de la tarde del día 20, los bomberos lo dieron por controlado, lo que significa que el fuego seguía activo, aunque delimitado, durante las horas y días inmediatamente posteriores.

La ausencia de viento, el fuerte despliegue de efectivos con medios terrestres y aéreos (ya que no coincidió con ningún otro gran incendio), y un aliado excepcional —una lluvia a media tarde— permitieron que ese lunes posterior al inicio los bomberos lograran frenar el avance de las llamas.

Después de una noche intensa, de domingo a lunes, en la que bomberos y voluntarios trabajaron sin descanso para estabilizar el fuego, la jornada del lunes 20, con el regreso de los medios aéreos y continuas descargas para contener la evolución del incendio, permitió ver la situación con más optimismo. La lluvia caída a media tarde fue el apoyo definitivo.

Sin embargo, aquel episodio reabrió por enésima vez las críticas y el debate (todavía abierto) sobre la situación de los bosques y la gestión forestal. También motivó una revisión del operativo de intervención, especialmente en cuanto a los medios aéreos durante las primeras horas. Los afectados aseguraron que faltó rapidez y más efectivos al inicio del incendio.

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