Voluntariado internacional
De Barcelona y Sabadell a la frontera de México y EEUU: "Aunque no cambiemos el mundo, podemos transformar el de unos pocos"
Júlia Perelló, de Barcelona, y Teresa Munill, de Sabadell, graduadas ambas en Trabajo Social por la UB, han puesto en pausa sus vidas para dedicar siete meses a acompañar a niños y mujeres en una de las zonas más pobres de Mexicali
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Júlia Perelló y Teresa Munill, frente a la casa escolapia en Mexicali, donde hacen el voluntariado.
Júlia Perelló, vecina de Barcelona, y Teresa Munill, de Sabadell, ambas de 23 años, se graduaron en Trabajo Social por la Universidad de Barcelona (UB) en 2023. La primera empezó a trabajar en comedores escolares y la segunda en la federación ECOM, dedicada al colectivo de personas con discapacidad. Pero las dos pusieron en pausa sus proyectos de vida animadas por Eveline Chagas, profesora asociada del departamento de Trabajo social y Servicios Sociales de la UB, que las animó a vivir una experiencia fuera de nuestras fronteras. En una feria, conocieron una propuesta de voluntariado en la frontera entre EEUU y México, en la ciudad de Mexicali, trabajando básicamente con niños y mujeres por un periodo de más de seis meses. Decidieron sumarse.
Empezaron el pasado 8 de enero de la mano de la Escola Pia de Catalunya, que desde hace más de 25 años ofrece la oportunidad de viajar a Senegal o México para sumergirse en una experienda de ayuda humanitaria de alta intensidad. Ahora, a falta de un par de meses para el regreso a Catalunya, Júlia y Teresa explican su experiencia para animar a más personas con espíritu solidario a vivirla.
"Al principio, todo impacta mucho. Tardamos casi un mes en adaptarnos al contexto de la colonia donde vivimos"
"Al principio, todo impacta mucho. Te sientes sola, un poco perdida, en medio de la nada, y lo único que quieres es sentirte útil, ¿no? Porque hemos detenido toda nuestra vida para estar aquí, para aportar", cuentan las dos jóvenes, que saben ahora de primera mano lo que es un choque cultural. "Tardamos casi un mes en adaptarnos al contexto de nuestra colonia (barrio), que está a la sombra del muro que separa los dos países y es muy conocida por su alta tasa de 'coyotes' (personas que pasan migrantes a EEUU de forma ilegal)".
"Hay que estar ahí ayudando, pero generando espacios de construcción. Que sean las personas de allí las que vayan generando cambios"
"En esta experiencia vienes a ponerte frente a otro y otra en su propia realidad, para tratar de entender y comprender, que es el primer paso para valorar y apreciar, para querer. Vienes a acompañarlo. Y es así que llegamos a implicarnos en algo que hacemos nuestro", explica Ángeles Doñate, responsable de Voluntariado Internacional en Escola Pia. Doñate vivió hace nueve años en Mexicali como voluntaria en estos mismos proyectos comunitarios escolapios y todavía recuerda con emoción la sorpresa que tuvo hace un par de meses, cuando al volver, se encontró con Dylan, un adolescente de 15 años al que ella había enseñado a leer y escribir en su primer viaje y que ahora es maestro de apoyo con las dos voluntarias actuales.

Júlia Perelló y Teresa Munill contemplan el muro que separa Mexicali de Estados Unidos. / Periódico
La frontera más transitada del mundo
La frontera, la más transitada del mundo de forma legal e ilegal, marca la vida de estas comunidades. Por las calles, vagan migrantes llegados de Centroamérica y personas que desaparecen sin conocerse su suerte, se comercia con todo, los sobornos están a la orden del día, hay familias que han quedado separadas... Actualmente, la zona está caliente: las declaracions de Donald Trump, su política migratoria y económica, han tensionado la zona. Por ejemplo, la eliminación de CBP One, una herramienta legal para solicitar asilo en Estados Unidos, ha dejado a cientos de personas a mitad de camino de cumplir su sueño, en territorio mexicano, desamparadas y víctimas de violencia.
En enero, poco después de la llegada de las dos voluntarias y ante las amenazas de deportaciones, el Gobierno de Baja California con ayuda del Ejército habilitó unas carpas en el centro de Mexicali y Tijuana que podrían acoger a más de 2.500 migrantes repatriados. Estas carpas temporales se suman a la red de albergues ya existentes.

Tarde de juegos infantiles en la casa de los proyectos escolapios en Mexicali, donde viven Júlia y Teresa. / Periódico
Proyectos formativos
Júlia y Teresa llevan cuatro meses hospedadas en una humilde casa de la colonia San Martín Caballero desde la cual ven el muro que separa México de sus vecinos del norte y en la que realizan de lunes a jueves algunos de los proyectos educativos con los 30 niños que tienen a su cargo. La idea es ofrecerles un refugio educativo que les aparte de las calles, los cárteles de la droga o las bandas y que les dé recursos para salir adelante.
"Ahora mismo estamos en tres proyectos educativos diferentes que van desde ‘Escuelitas’, donde hacemos refuerzo escolar mezclado con juegos a los niños, que solo van al colegio tres horas por las mañanas, hasta el ‘Caliverano’, que imita al típico 'casal' de verano catalán”, explica Teresa.

Taller de reflexión con mujeres en Mexicali, en el proyecto de voluntariado internacional de Escola Pia. / Periódico
También comparten con grupos de mujeres. Dirigido a ellas está el proyecto ‘CreacionEs’: "Es un espacio comunitario autogestionado que reúne a unas diez mujeres, en el que Júlia y yo participamos como dos más. A través de dinámicas y momentos de reflexión, abordamos las situaciones de precariedad y maltrato que sufren, muchas veces por parte de los hombres de su familia, alcohólicos en su mayoría. Se busca empoderarlas y facilitar la creación de redes entre ellas".
Júlia y Teresa están inmersas en proyectos de refuerzo escolar con niños y en talleres de reflexión sobre el maltrato dirigidos a mujeres
Durante estos meses, se han involucrado al máximo con la colonia, acercándose a su gente y ganándose el cariño allá donde van. "El privilegio que tenemos es que confían en nosotras". Esto les ha sido muy útil a la hora de entrar en las casas para ofrecer sus proyectos educativos a las familias. "Vas casa por casa, llamas a la puerta y compartes. Así es como hemos conseguido que muchos niños asistan a la red de escuelas comunitarias", cuentan.
"Aunque no estemos cambiando el mundo, sí que podemos transformar el de unos pocos", subrayan al unísono Júlia y Teresa. Lo han visto estos días cuando han conocido a tres jóvenes de su edad que hace nueve años pasaron por las Escuelitas con Doñate y que ahora son chicos que estudian, trabajan y tienen la vida encarrilada.
"Creas vínculos emocionales de los que nos va a resultar muy difícil desprendernos cuando volvamos a Barcelona"
"A nosotras, la verdad, es que nos ha abierto los ojos para darnos cuenta de lo privilegiados que somos en Europa. Aquí, los niños no son queridos porque la mayoría no son planeados, y eso lo arrastran toda la vida". Y pese a la dureza del día a día, los residentes de estas colonias desprenden cercanía. "La gente es muy abierta. Un día estás hablando con ellos y, sin conocerte de nada, te invitan a comer a su casa". Otras veces, se los encuentran ellas en la suya. "La idea es que nuestra casa sea la de todos. A veces llegamos por la tarde y nos encontramos a alguno de los niños en el sofá comiendo cereales", comentan entre risas las dos jóvenes. El objetivo es normalizar la convivencia con ellos.
"No se trata de que vayamos aún con la mentalidad de que nosotros, que venimos de Europa, tenemos conocimiento, sabemos qué hacer y vamos a ir a ayudar. Hay que ir con un perfil súper bajo y ser como ellos", apunta Eveline Chagas, profesora de la UB. "Literalmente hay que estar ahí ayudando como uno más, pero generando espacios más reflexivos y de construcción. Que sean las personas, que son de ahí, las que puedan mantener e ir generando cambios significativos", resume esta docente brasileña, que ha pasado ella misma por voluntariados en Senegal y Nepal.
"Soy de Brasil y conozco la realidad en contextos muy diferentes a los de aquí (España) y en estos lugares es como empezar un trabajo desde la nada. Hay veces que no tienes ni hojas para apuntar lo que sea", comenta Chagas, que se crió en un país con una clase media prácticamente inexistente y una desigualdad abismal entre ricos y pobres, como ocurre en Mexico.
"Vivimos en un sistema tan superficial y nos preocupamos por cosas tan individualistas que perdemos la perspectiva de lo que es preocuparse por los demás"
"Viviendo aquí, nos hemos dado cuenta de que en Barcelona nos deshumanizamos. Vivimos en un sistema tan superficial y nos preocupamos por cosas tan individualistas que perdemos la perspectiva de lo que es preocuparse por los demás. Aquí, el mero hecho de ir a tomar un café a casa de una persona que tiene un problema y escucharla les ayuda muchísimo", comentan Júlia y Teresa, quienes tienen claro que hay que volver a dar importancia a los pequeños gestos.
En estancias tan largas y cercanas como las que ofrece este voluntariado, "creas vínculos emocionales de los que nos va a resultar muy difícil desprendernos cuando volvamos a Barcelona. Al final, esta no es nuestra vida y somos conscientes de ello", apunta Teresa.
Un voluntariado internacional de larga duración no tiene nada que ver con uno regular. "Hay que huir de la unidireccionalidad de la experiencia, es decir, pensar que el voluntariado solo ayudará a una de las partes implicadas. Debes partir del altruismo y de la voluntad de cambio social, escapando de relacionar esta actividad con hacer turismo", advierte Laura Rubio, responsable del grupo de voluntariado Lafede.cat, que agrupo a 130 entidades que combaten la desigualdad.
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