LA ENTREVISTA
Ana Redondo, ministra de Igualdad: "La pluma en este Ministerio es importante. Y tener en cuenta el plumaje es muy interesante"
"No creo que yo tenga pecados. Peco muy poco, y tampoco me arrepiento de nada"

La ministra de Igualdad, Ana Redondo, en Madrid. / Alba Vigaray / EPE

Doctora en Derecho Constitucional y profesora de la Universidad de Valladolid, no encuentra mácula en su partido, el PSOE, ni mínimo tufo a machismo en el Consejo de Ministros: todos impolutamente feministas e igualitarios. Educada en el colegio religioso Jesús y María, adonde iba lo más granado de su ciudad, se señala en su haber como concejala el despegue turístico y la gestión de la Seminci. Conciliadora y dialogante, reconoce entre risas que está encantada de haberse conocido. Dicen que Sabina, Radio Futura y Los Smiths figuran entre sus músicas de culto. Igual que los pendientes de plumas, que no faltan en sus grandes momentos.
¿Estoy ante Ana Redondo o ante Maribel Verdú?
¡Ole! Qué bonito. Es que me vine arriba.
¿Se pasó veinte pueblos cuando dijo que se parecía a la actriz?
Me pasé unos cuantos pueblos, pero es que a mis treinta había muchos compañeros que me decían que tenía un aire a Maribel Verdú. Y me pareció estupendo [ríe].
Llegó a ministra sin estar en las quinielas. ¿Si Pedro le dice ven, lo deja todo, como en el bolero?
Bueno, yo me había incorporado a mi puesto en la Universidad y estaba estudiando, porque me parecía una buena manera de reconectar conmigo misma y con la Universidad. El problema de la política -yo venía de ser concejala- es que te exprime, y muchas veces no te deja tiempo de reflexionar o de analizar temas con profundidad. Y como la jurisprudencia cambia de año en año, y había muchas sentencias del Tribunal Constitucional que no tenía en el radar, mucho Derecho Internacional que me apetecía profundizar, derecho autonómico…
Y entonces apareció él.
Me dijo: "¿Te interesa?". Y me pareció que es el momento de los valientes. Y pensé que, a mi edad, era una oportunidad que no se puede dejar pasar.
Viene de Valladolid, como el ministro Óscar Puente, la madre del Rey Sol, Luis XIV, y casi el arzobispo de su ciudad, aunque palentino de nacimiento, Luis Argüello. Lo mejorcito de cada casa.
Yo creo que Valladolid es una tierra que desde hace siglos exporta talento y altos funcionarios o juristas de un cierto prestigio social. Y tiene que ver con la historia, con la Chancillería, que se crea allí, y es una cuna de funcionariado desde Carlos I. En Valladolid estuvo la Corte antes que en Madrid, en 1601. Y ha dado un funcionariado muy especializado, tanto de un partido como de otro, que ha nutrido las listas electorales y los puestos de máxima relevancia en los Gobiernos.
Concejala con Óscar Puente como alcalde. ¿Droga dura?
Para mí es lo más bonito que uno puede hacer en política: ser concejal de tu ciudad o de tu pueblo.
No lo decía por la concejalía.
Óscar Puente es un político con una visión muy completa y muy de servicio público. Un político de raza del que he aprendido mucho y sigo aprendiendo. No es el político del Twitter. Quizá ésta sea una perspectiva de su capacidad, pero es el hombre que más ha hecho por Valladolid en los últimos treinta años.
¿Le daría una corona de laurel o una tila?
A Óscar siempre le daría un vaso de agua. El agua es suficiente.
Usted, que es muy de vírgenes y procesiones, ¿se confesaría con su amigo Argüello, presidente, además, de la Conferencia Episcopal?
Yo no me confieso con ningún sacerdote. Pero sí que es verdad que me gusta escuchar. Y Luis Argüello es un hombre intelectualmente muy valioso. En el mundo moderno se ha perdido la capacidad de escuchar simplemente y sin prejuicios qué es lo que el otro tiene en la cabeza, su visión, su criterio, y a partir de ahí intentar construir una síntesis. Yo soy hegeliana en ese sentido. Me gusta escuchar y compartir conversación con personas inteligentes, y creo que Luis Argüello lo es. Es un gran jurista, y creo que comparte conmigo el servicio público.
Si no se confiesa, me quedo sin saber qué pecado no le diría ni muerta.
No creo que yo tenga pecados. Peco muy poco. Y tampoco me arrepiento de nada.
Es verdad que tiene pinta de modosita. ¿No ha roto un plato en su vida?
He roto pocos platos. No me gusta la violencia, no me gusta romper platos, no me gusta no ser fiel a mí misma. Soy una persona que se quiere mucho. Yo me gusto mucho a mí misma. Estoy encantada de ser quien soy [risas].
Es usted de mucha pluma, especialmente en las orejas. ¿Se adorna con plumas propias o ajenas?
Bueno, la pluma en este Ministerio es importante. Y tener en cuenta el plumaje es muy interesante.
No me diga que se la pone por solidaridad y militancia.
No. Los pendientes de plumas me los regalaron mis hijas. Y a partir de ahí me di cuenta de las ventajas de la pluma: No pesa, es muy vistosa y cuando te miran a la cara y ven las plumas ya no ven los zapatos. Porque me cuesta encontrar zapatos que me gusten y que sean cómodos. Que se mire más al pendiente, a la pluma.
De vez en cuando su antecesora, Irene Montero, la critica en las redes. ¿Es una prueba más de la sintonía de los socios de investidura?
Yo a Irene Montero la respeto mucho. Creo que hizo mucho durante su etapa como ministra. Dejó aprobadas leyes importantes, como la LOGILS [ley del solo sí es sí], a pesar de que tuvimos que modificarla porque salió con problemas jurídicos y de técnica legislativa importantes, y que, además, provocaron mucho dolor. Pero yo respeto a todos los ministros que lo han sido antes que yo, porque todos han hecho avanzar a la sociedad. Creo en el servicio público y todo el que haya pasado por un puesto o un cargo se ha dejado la piel. El gran problema de Irene fue que, en lugar de unir al movimiento feminista en una agenda razonable, lo dividió. Creo que es lo peor de su legado, que tiene muchas cosas buenas.
¿Feminista y de derechas es un oxímoron?
Yo creo que el feminismo trasciende la ideología. Otra cosa es que se pueda ser feminista y de extrema derecha o de Vox, porque estar defendiendo el negacionismo de la violencia o de la igualdad no puede ser feminista, ya que es antidemocrático. Nosotros hemos estado durante once meses hablando con todos los grupos, por supuesto también con el PP, y acordando un pacto de Estado contra la Violencia de Género. Y las parlamentarias que han participado en esa comisión han puesto encima de la mesa sus convicciones absolutamente feministas y han incorporado su criterio al Pacto, que es un gran avance. Por lo tanto, todo mi respeto hacia esas parlamentarias.
¿Algún patinazo machista del PSOE?
Ideológicamente somos feministas. En la vida real hay un problema, y es que la igualdad es transversal, lo que significa que está incorporada a todos los Ministerios como principio y valor, como una forma de entender e interpretar la política. Pero es cierto que en esa transversalidad no siempre es la prioridad.
En tema de la prostitución, el PSOE es abolicionista. Pero luego hay casos como el de la Universidad de Almería, que es pública, y que, con financiación de este Ministerio, organiza unas jornadas de blanqueo de la prostitución, de defensa de la misma.
Yo te diría que el 99 por ciento del Pacto contra la Violencia de Género y de todos los fondos contra la violencia son correctamente invertidos: en formación, en sensibilización, en visibilidad de las mujeres. Es verdad que puede haber casos, y éste no es el único que hemos tenido este año, en los que puntualmente hemos tenido que retirar los fondos. No siempre nos enteramos previamente de los programas. El Pacto establece finalidades y el Ministerio lo que hace es transferir los fondos a las Comunidades Autónomas o a los ayuntamientos. El programa que mandó la Universidad, en el que no constaba esa actividad, está financiado por el Instituto de las Mujeres, que está investigando qué ha pasado.
Aparte de las leyes, ¿cómo puede avanzarse para que las normas contra la violencia machista tengan mayor eficacia? A los asesinatos se une ahora la violencia vicaria.
Yo siempre veo la perspectiva. Y la perspectiva es que se va ganando la batalla, reduciendo el número de mujeres víctimas, pero lentamente. En 2003, antes de la Ley, la media de asesinadas al año era de ochenta. En 2023, 58, y el año pasado, 48. Se está produciendo un cambio radical de mentalidad. Y está aflorando una violencia que estaba oculta, porque hay un 15 por ciento más de denuncias. La violencia vicaria es terrible. El año pasado fueron nueve los niños y niñas asesinados. Los niños son los más débiles de la cadena y sabes que atacándoles matas también a su madre, la matas en vida. En el Pacto hay un bloque de medidas muy potentes para hacer frente a la violencia vicaria, que ni siquiera está identificada o definida en nuestro Código Penal. Y esta es la primera dificultad.
¿Hay machismo en el Consejo de Ministros?
Nooo, por favor.
¿Es todo perfección e igualdad? ¿La testosterona está en su sitio?
Es un Consejo de Ministros paritario y feminista. No estarían en el PSOE. No estarían en un partido progresista. Creemos en la igualdad, porque somos demócratas. La igualdad es el respeto al otro, con todos sus derechos, obligaciones y libertades.
Pues han tenido algún caso que, por lo que se va sabiendo, entre otras cosas muy feminista no parece.
Yo pongo la mano en el fuego por mis compañeros. He visto compañeros respetuosos. Y lo que te decía anteriormente: al ser la igualdad transversal es verdad que no siempre es prioridad. Eso sí que lo he notado. En este Ministerio la igualdad sí que es prioridad.
Su marido, magistrado, escribe novelas de viajes. ¿A dónde le gustaría fugarse? (A usted, no a su marido, que ignoro si tiene tal intención).
Pues siempre que puedo me fugo a la montaña palentina, porque es un lugar en el que ni siquiera hay cobertura. Cardaño de Abajo, a los pies del Espigüete, es el paraíso para mí.
Es moderada incluso geográficamente. Ni Maldivas ni Seychelles.
Es que me parece que los paraísos no tienen por qué estar lejos. Hay paraísos muy cercanos.
¿Quién la saca de quicio?
Más que una persona, me saca de quicio lo irracional, las posturas irracionales, como las que a veces se viven en el Parlamento. Una violencia, una falta de respeto a la persona, una tensión… No una crítica a una política; porque una crítica razonable yo creo que todos incluso la agradecemos, porque te permite mejorar. Pero una respuesta airada frente a la persona que tienes delante, porque no es de tu partido… No aporta nada. Y para los ministros que nos sentamos delante de la bancada popular es imposible concentrarse para dar una respuesta coherente. Estás escuchando el insulto, el vituperio. Tendríamos que ser conscientes de la imagen que se da.
Sucede a veces en todos los partidos. Aunque ya sé que en el PSOE son ustedes perfectos.
Jajaja. Oye, intentamos ser buena gente. Intentamos hacerlo bien.
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