ANIMALES
Polémica con una clínica veterinaria de Madrid que fue precintada por el Seprona hace 20 años por tener especies protegidas
La web, cerrada este fin de semana, anunciaba venta de primates o canguros
El propietario asegura que está siendo objeto de una campaña de acoso por una clienta

Akira, la perra con la que empezó la polémica con la clínica veterinaria de Tetuán / Cedida

Se llamaba Akira y tenía solamente 3 años. Era una perra de raza border collie totalmente sana. Sus dueños la llevaron a esterilizar a una clínica veterinaria del madrileño barrio de Tetuán. “Nos la devolvieron ya medio muerta, con convulsiones y una cicatriz horrible, cerrada con grapas y sangrando”, cuenta su propietaria, Anca. El dueño de la tienda les dijo que aquello era normal, “que al día siguiente se iba a despertar moviendo la colita. Pero no fue así. Akira falleció a las pocas horas".
“Nosotros sospechamos que fue un caso de mala praxis veterinaria. Había demasiadas cosas que no encajaban No le practicó el preoperatorio, ni un test de un gen, el MDR1, que ahora sabemos que es básico para esa raza. Su muerte nos ha dejado hundidos”, relata Anca a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, que confiesa que "pasó hace casi siete meses, ha destrozado nuestra familia, es lo peor que nos ha pasado nunca".
No practicaron necropsia al animal. Explican que “no lo hicimos porque mi hija estaba fuera y quería despedirse de ella. Era, o hacerle una necropsia, que es un proceso con el que el cadáver iba a quedar destrozado, o mantenerla en una nevera hasta que mi hija viniera y se pudiera despedir”. Relatan que por ese motivo no pudieron presentar denuncia. Pero "intuíamos que detrás había más turbio".
“Formamos parte de un grupo de Whatsapp de vecinos de Tetuán que nos ayudamos con nuestras mascotas. Los cuidamos cuando uno puede, reclamamos mejoras y más limpieza en las zonas destinadas a los animales. Somos unas 120 personas y allí expliqué hace unos días lo que nos había pasado”, cuenta la familia. Y allí, entre aquel más del centenar de personas que conforman el grupo, una persona dio la voz de alarma con una críptica sentencia: “Yo no lo llevaría nunca allí después de lo que pasó hace 20 años”.
Operación Varano
¿Qué pasó hace 20 años? Una oscura historia que se destapó en septiembre de 2004 y que propició una intervención policial bautizada como 'Operación Varano'. Los vecinos de la calle Pamplona del mismo distrito de Tetuán denunciaron a la tienda de animales y clínica Mario’s Zoo Animanía, que desprendía fuertes olores. Cuando el Seprona intervino, halló lo que los medios calificaron aquellos días como ‘zoo de los horrores’.
“Tras un falso tabique accedieron a un sótano en el que encontraron un reguero de muerte y maltrato animal, con centenares de ejemplares de especies protegidas, vivos y muertos. Dos boas constrictor, una pitón tigre, anacondas, monos, 18 tarántulas, escorpiones africanos, un zorro volador, hurones, una voraz tortuga mordedora, un cocodrilo en la nevera... Más de 200 animales, 22 de especies protegidas, se hacinaban vivos y muertos en un clima insoportable. Junto a ellos, varios centenares de ratas -adultas y crías- y miles de grillos que servían de alimento a los ejemplares decomisados”, explicaba el diario ABC en su edición del 3 de septiembre.
“Para completar la escena (...), los asombrados agentes dieron con una peluquería canina ilegal y decenas de medicamentos caducados. Dos días se tardaron en trasladar a los animales a diversos centros veterinarios de recuperación y concluir la denominada operación «Varano»”, concluía el rotativo.
Seprona
Según explicaba esa misma pieza, el propietario, Mario S.F.O., fue detenido. También contaba que no era la primera vez que tenía problemas con el Seprona por su gestión de los animales. "Ya había sido imputado por el Seprona por hechos similares en enero de 2003, cuando se le intervinieron numerosos animales protegidos por el convenio Cites en una nave de Daganzo de Arriba, en la que almacenaba tarántulas, serpientes y primates sin la autorización para su tenencia y comercio".
Aunque su tienda fue precintada y clausurada según aquellas informaciones, el propietario del establecimiento no fue condenado. En 2012 volvió a abrir una tienda/clínica veterinaria en el mismo distrito de Tetuán. Si la primera estaba ubicada en la calle Pamplona, en esta ocasión la abrió en la calle Villaamil.
EL PERIÓDICO DE ESPAÑA ha podido comprobar que el propietario de Animanía, el local en el que operaron a Akira, es el mismo que regentaba Mario’s Zoo. De hecho, ha mantenido parte del nombre de entonces (Animanía) y conserva incluso su email anterior. De hecho, en la página web del comercio actual (que opera como clínica veterinaria, tienda de animales y peluquería) anuncia que dispone de animales raros para vender, como “primates, avestruces, canguros, osos o murciélagos”.
La página web, no obstante, acaba de ser cerrada este mismo fin de semana. Según Anca, “es casi seguro que ha cerrado en cuanto ha visto que se difundía por redes que el propietario es el mismo de la tienda que precintó el Seprona. Cuando ha visto que lo hacíamos público, ha debido de borrar la web donde anunciaba que vendía monos y canguros entre otros muchos animales”.
El hosting
Mario, no obstante, lo niega casi todo. EL PERIÓDICO DE ESPAÑA se ha puesto en contacto con el propietario, que asegura que "la página web está cerrada porque precisamente este fin de semana se me ha caducado el hosting (servicio de alojamiento de páginas web), pero no tiene nada que ver con que ellos hayan dicho nada por redes".
Mario asegura que "lo que pasa es que esa mujer no ha superado que se le muriera su perra y nos culpa a nosotros. Ya le dijimos que tenía que haberla traído antes al veterinario pero no la trajeron. Tampoco quisieron que le hiciéramos la necropsia, como le ofrecimos. Lo que ha hecho es empezar una campaña de desprestigio contra mí y mi clínica. Y ha hecho que me pongan un montón de reseñas negativas en Google".
Ante tal afirmación, Anca asegura que "no nos dijeron que la llevásemos, porque de hecho a Akira nos la entregaron a las 20 horas cuando acababan de cerrar y de camino a casa, cuando empezó con las convulsiones, llamamos a Mario y él nos contestó que eran normales por la anestesia y al día siguiente se le quitarían. Sólo 10 minutos antes de morirse, cuando informamos de su estado había empeorado y le mandamos unos vídeos, nos dijo que no podían localizar a la veterinaria y que la llevásemos a Urgencias, pero ya era tarde".
Respecto al anuncio que constaba en su web donde ofertaba animales como canguros, osos o avestruces, Mario asegura que "era una página web con más de 10 años y aún no lo habíamos quitado. Pero nosotros ya no comerciamos ese tipo de animales. Lo que sucede es que seguía allí después de tanto tiempo porque no habíamos cambiado la web".
La prensa
Sobre el episodio con el Seprona que le valió el cierre de su anterior establecimiento, Mario sostiene que "fue la prensa, que es muy sensacionalista. Al final no nos pusieron ni una sanción administrativa y me devolvieron a todos los animales. Sólo tuvimos que pagar los gastos de manutención de los animales. El problema fue puramente burocrático. Un tema de licencias que el que nos traspasó la cuenta no tenía bien gestionada" y que "yo nunca he tenido ni he vendido especies prohibidas. Protegidas no es lo mismo que prohibidas".
Mario asegura que "esta mujer me está sometiendo a una campaña de acoso que voy a denunciar. Llevamos más de 20 años operando y cuidando animales y no nos merecemos esta campaña de desprestigo que tanto daño nos está haciendo".
Anca y su familia, por su parte, siguen "advirtiendo a quien tiene animales en el barrio de lo que les puede pasar si los llevan a ese lugar" y revelan que "seguimos destrozados por aquello, porque Akira era un miembro más de la familia y ya no está con nosotros".
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