Especies exóticas
La invasión del coipú llega a las puertas de la región metropolitana de Barcelona
En los últimos meses se han avistado ejemplares en el Tordera y el Congost, en la cuenca del Besòs
Los científicos advierten de que es posible que siga avanzando hacia el sur
Estas son las especies de loro exóticas asentadas en Barcelona (y las consecuencias de su presencia)

Un ejemplar de coipú. / Getty Images

El coipú (Myocastor coypus) es un roedor procedente de Sudamérica que llegó a Europa a principios del siglo pasado para ser criado en granjas peleteras. A partir de escapes accidentales y liberaciones intencionadas pero irregulares, esta especie exótica se estableció en los alrededores de varios ríos. En Catalunya, la dispersión de este mamífero parecido a un castor o a una gran rata acuática no empezó hasta la década de los 2000, desde Francia y, sobre todo, a través del Empordà, donde el clima y la abundancia de alimento –es un herbívoro– facilitaron su potente expansión.
Pese a los múltiples intentos de la Administración para tratar de reducir las poblaciones, el coipú sigue instalado en ríos como el Muga, el Fluvià y el Ter. Y no solo esto, sino que en los últimos meses ha sido avistado en las cuencas del Besòs (en el río Congost) y el Tordera. Hacía décadas que no se habían observado coipús en estos ríos. Es cierto que en el Empordà el crecimiento se ha estabilizado ligeramente, tras las acciones de los Agents Rurals para poner coto a sus poblaciones. No obstante, los datos científicos sugieren que la especie está cerca de alcanzar el área metropolitana y no hay indicios de que el avance, que sigue el cauce de ríos y rieras, vaya a detenerse.
"Es una especie que se reproduce a gran ritmo, como los conejos, por ejemplo", cuenta Marc Riera, investigador del CREAF (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales). La Diputación de Girona ha realizado grandes esfuerzos para disminuir la invasión, pero estas campañas no han sido especialmente eficaces. "Es necesario diseñar una estrategia de captura muy precisa, ante una estrategia de reproducción tan fecunda, no sirve ir eliminando individuos a discreción, porque el animal sigue proliferando", advierte Riera, en conversación con este diario.
Cosechas dañadas
Como la mayoría de las especies invasoras, además de amenazar la biodiversidad autóctona –"no es lo mismo un bosque de ribera con coipú que sin él", dice Riera–, el desarrollo del coipú tiene consecuencias económicas, en este caso para la agricultura. "Los arroceros de Pals (Baix Empordà) ya han reportado daños sobre sus cultivos", recuerda el experto. El coipú, un consumidor voraz de vegetación, está en la lista de las 100 especies más invasoras del mundo.
Por un lado, este roedor compite por alimento y refugio con especies autóctonas, ya vulnerables debido a la pérdida de hábitats por la antropización de los ecosistemas fluviales y el mal estado de algunos de los hábitats. Por otro lado, daña la vegetación de los humedales y afecta a los cultivos cercanos, ya que se alimenta de la base de los tallos y excava en busca de raíces.
"El hecho de que llegue al área metropolitana equivale a más impactos potenciales y más territorios desde los que seguir colonizando nuevas áreas", avisa Riera, que no descarta que el animal siga con su propagación a lo largo del litoral hasta alcanzar Barcelona y extenderse aún más hacia el sur (se han registrado ya avistamientos puntuales en la Comunitat Valenciana).
Red de seguimiento
El equipo de investigación en especies invasoras del CREAF gestiona la red de seguimiento EXOCAT, una iniciativa del Departamento de Transición Ecológica que lleva años recopilando información sobre especies exóticas y promoviendo estrategias para su control. El coipú es una de las especies que lidera las observaciones en el último año con cerca de 150, a las que se suman los hallazgos en el río Congost y en la Tordera.
Una vez que una especie exótica se convierte en invasora, su erradicación total resulta casi imposible. Este es el caso del coipú, que sigue avanzando hacia el sur sin obstáculos que lo frenen ni depredador natural. Por ello, los especialistas subrayan la importancia de una vigilancia estricta y un control efectivo de aquellas especies con potencial invasor, evitando así su propagación antes de que el problema se agrave. Cabe recordar que la mayoría de estas especies han sido introducidas deliberadamente, como el propio coipú.
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