Economía social
Baluwo: la app catalana que ayuda a los inmigrantes a controlar el dinero que envían a África
La iniciativa, surgida en Sant Feliu de Llobregat, viene a solventar el problema de que no siempre las familias usan bien los fondos que sus parientes les hacen llegar desde Catalunya
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Josep Arroyo, creador de la aplicación Baluwo, y Abdoulaye Fall, ejecutivo, en la sede de la compañía. / Marc Asensio Clupes / EPC

Compras al instante desde cualquier parte del mundo que llegan hasta el poblado más recóndito de África. Esto es lo que permite la aplicación Baluwo, nacida en el Baix Llobregat, que ahora usan miles de inmigrantes en todo el mundo, desde Nueva York, París o Salt. En vez de enviar dinero, esta aplicación permite que los inmigrantes puedan comprar directamente productos materiales para cubrir las necesidades de sus familias en sus países de origen.
Baluwo, creada por Josep Arroyo, emplea a 50 personas y tiene 30.000 clientes en todo el mundo que hacen 10.000 transacciones diarias
Esta app viene a solucionar un problema: "El problema es que no tenemos control del dinero que mandamos. A veces hay un abuso o una mala gestión y con esta app esto se puede evitar", cuenta Abdulaye Fall, ejecutivo de la empresa que da trabajo a unas 50 personas. Tienen más de 30.000 clientes, miles de descargas y 10.000 transacciones diarias.

La aplicación Baluwo permite enviar electricidad, alimentos, material de la construcción o cargas de telefonía móbil al África subsahariana a través de una aplicación. / Marc Asensio Clupes / EPC
Fue en 2016 cuando Josep Arroyo, un informático afincado en Sant Feliu de Llobregat (Baix Llobregat), creó la empresa. "Yo soy emprendedor. He creado varios softwares que luego he vendido, pero quería hacer algún proyecto con impacto social, especialmente pensando en los migrantes", cuenta. "Veía que migraban y enviaban dinero a su país a un coste muy alto", sigue Arroyo.
"Muchos migrantes viven con frustración ver, por ejemplo, que sus madres piden dinero para ir al médico cuatro veces en la misma semana"
La ONU estipula que el precio máximo del envío de dinero debería ser del 4%, pero en África están al 10%, señala Arroyo. "Lo que no sabía es que el problema no era tanto el precio sino la fustración emocional de ver que tu madre pide dinero para ir al médico cuatro veces en la misma semana. Estos migrantes necesitaban tener más control y de esta manera en vez de enviar dinero, envían algo concreto", cuenta.
“Puedes enviar 100 euros para comprar arroz pero allí no se lo gastan en eso, sino en otra cosa. Por eso planteamos que el migrante pueda comprar directamente el arroz, la electricidad o el internet"
Según los datos del Banco Mundial, en países como Gambia, el envío de dinero de los migrantes supone el 23% del PIB, el 10% en Senegal. Y de media, los migrantes envían dinero cinco veces al mes a tres personas distintas. Fall confirma esta necesidad de tener más control en el envío de divisas. “Puedes enviar 100 euros para comprar arroz pero allí se hace un mal uso y no se lo gastan en eso, sino en otra cosa. Por eso planteamos que el migrante pueda comprar directamente el arroz, la electricidad o el internet. El dinero que envían cuesta mucho de ganar. Allí a veces eso no se tiene en cuenta. Con esta app tratamos de optimizarlo”, sigue.

Abdoulaye Fall, ejectutivo en Baluwo, el pasado miércoles en las oficinas de la empresa, en Sant Just Desvern. / Marc Asensio Clupes / EPC
Así nació Baluwo, que significa lo imprescindible, aquello esencial. Desde el teléfono móvil y con una cuenta bancaria asociada, cualquier persona puede comprar alimentación y productos básicos, suministros como electricidad o datos móviles para sus allegados en casi una veintena de países africanos. El usuario introduce el país en el móvil, busca la localidad donde viven sus familiares y encontrá las tiendas más cercanas que aceptan pagos con Baluwo.
Impacto local
“Hay zonas donde hay mucha emigración donde tenemos cientos de comercios locales con los que colaboramos”, sigue. En cada tienda, el usuario puede ver todos los productos a la venta, su precio y puede comprar la cantidad que desee. Las tiendas también ofrecen la posibilidad de traer la compra a domicilio, por un coste extra. “Cada compra tiene un código identificador, que les damos a los familiares”, cuenta Fall, que insiste que es clave colaborar con tiendas pequeñas que ayuden a generar un impacto local.

Abdoulaye Fall, ejecutivo de Baluwo, el pasado miércoles en Sant Just Desvern. / Marc Asensio Clupes / EPC
Este sistema también se aplica con los materiales de la construcción. “Es muy habitual que las personas migrantes se hagan una casa en su país mientras viven en Europa. Pero hay muchos abusos y estafas con los precios, hay quienes se aprovchan”, explica Fall. “Nosotros lo evitamos porque el material lo compra y aporta el cliente, por lo que se evitan estos poblemas”, señala el ejecutivo.
La firma trabaja ahora por expandir la app en América Latina
En cambio, en el caso de la electricidad, el internet y los gastos móviles el sistema funciona con un sistema prepago. “Con la luz, por ejemplo, cada contador tiene un número y nosotros te permitimos recargarlo de forma digital”, dice Fall.
Locutorios por todo el mundo
Otra de las complejidades que atiende esta compañía es que muchos de sus clientes viven en situación irregular, lo que les hace prácticamente imposible disponer de cuenta bancaria. “Por eso estamos implantando un método para poder hacer los envíos con dinero en metálico”, explica Fall. Lo hacen colaborando con locutorios de todo el mundo: desde Milán, hasta París, pasando por el barrio del Bronx de Nueva York. “Estamos donde está la diáspora subsahariana”, señala Fall.
Otra parte interesante de este proyecto es que da trabajo a casi una cincuentena de personas de forma directa. La mitad son españoles. “Rompemos el mito de que los inmigrantes vienen a hacer el trabajo que nadie quiere: lo inmigrantes también podemos crear nuevos negocios que den trabajo a los españoles”, prosigue. Otra parte importante de los empleados están en África. “Creemos que la atención al cliente también se tiene que hacer con las lenguas maternas de las familias que reciben los productos”, opina Fall, haciendo que el proyecto impacte también en mejorar la vida en África. Ahora la empresa trabaja en expandir este modelo a América Latina.
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