CEMENTERIOS DE MASCOTAS
Los cementerios de animales en España entierran serpientes, monos y jabalíes: "Ahora las personas están dispuestas a ocuparse de una mascota hasta el final de sus días"
Jesús Díaz fundó El Último Parque (Madrid) en 1983: un paraje natural donde ya descansan más de 40.000 almas: “Dijeron que estaba loco”

El Último Parque, en Madrid, ha enterrado a más de 40.000 animales a lo largo de cuatro décadas. / DAVID RAW
Un pastor alemán llamado King tiene la culpa de que hoy en día más de 2.000 animales descansen bajo un manto de pinos a las afueras de Madrid. Su dueño, Jesús Díaz (71), experimentó un dolor emocional tan intenso con la pérdida del can, que decidió enterrarlo en una finca de tres hectáreas en el municipio de Arganda del Rey. La idea de desecharlo como una bolsa de basura -la única alternativa que había en 1983- le llevó a fundar un remanso de paz bajo el nombre El Último Parque. “Dijeron que estaba loco, que lo que quería hacer era muy raro”, cuenta su hijo Rodrigo Díaz (33), quien a día de hoy se encarga del proyecto. Pese al rechazo con el que se topó a la hora de obtener los permisos necesarios, creó el segundo cementerio de animales en España. Por él han pasado más de 40.000 a lo largo de cuatro décadas desde su apertura. “Lo que más hay son gatos y perros, pero también tenemos jabalíes, roedores como ratas o hámsteres, un par de serpientes o un mono”, añade echando la vista atrás.
Si bien actúan como lo haría un camposanto, la distribución de las lápidas varía en función de las elecciones que tomen sus clientes: “Hay fosas de obra, preferentes, de honor y también columbarios. Los precios varían según los materiales o si quieren agregar un epitafio o una estatua, oscilando entre los 300 y los 6.000 euros”, apunta Rodrigo. Un edén que conecta a mascotas y humanos a través del duelo y el recuerdo imborrable de aquel amigo que un día trajo de vuelta la pelota por última vez. El Último Parque entierra entre 20 y 40 animales al mes, procedentes de otros países y religiones: “Tenemos clientes que vienen de Estados Unidos, Francia o China. Quienes son árabes usan una brújula para saber cómo orientar la sepultura. En el caso de la comunidad china, les dejan comida y agua para así facilitar la transición a la otra vida”, explica Díaz.
Una transición que, en la mayoría de ocasiones, es más dura para el dueño que deja ir a su mascota, que para el propio animal. Así lo señalan Patricia Morales (37) y Cristina González (32), veterinarias y etólogas que actúan como “la voz” de los animales que viven con personas, desde un enfoque “riguroso y actualizado”. Embarcadas en un proyecto común desde 2020, se ocupan de la prevención, diagnóstico y tratamiento de los problemas de conducta y bienestar en perros, gatos y caballos. “Hacemos de psiquiatras de para poder asegurar que tengan una buena salud emocional”, manifiesta Cristina. Como especialistas en etología clínica, comparan la pérdida de una mascota con la de otro miembro de la familia, dejando claro que el vínculo “puede ser tan fuerte y estable como el de un niño con sus padres”.
El primer cementerio público
En muchas ocasiones, la pérdida deriva en un deterioro de la salud mental y es necesaria la intervención psicológica. Este es uno de los servicios que se ofrecen de forma gratuita en el primer y único cementerio de animales público en España. Se encuentra en Málaga, y lleva abierto apenas unos meses. “Creíamos que era un servicio que faltaba, y era nuestra responsabilidad facilitarlo. Ya hay más mascotas que niños de entre 0 y 14 años”, expresa Penélope Gómez, concejala de Sostenibilidad Medioambiental en la ciudad, donde el número de censados supera los 90.000 registros. Una iniciativa que se aprobó por unanimidad en 2016, pero que no vio la luz hasta hace un año: “A día de hoy llevamos 17 entierros y 42 cremaciones con su correspondiente depósito de cenizas”. Los precios aquí varían entre los 40 y los 975 euros, dependiendo de los años de concesión de la parcela. “No podemos hacer competencia desleal. Hicimos un estudio de mercado con el sector privado para no desmarcarnos de él”, dice.
Considerados un referente al tratarse de la primera iniciativa pública, Penélope reconoce que “ha sido un proceso muy tedioso al no existir antecedentes ni jurisprudencia. Hemos sentado un precedente del que se van a aprovechar otras ciudades. Ser los primeros siempre es lo más difícil”. De la misma forma que El Último Parque en Madrid, el cementerio Parcemasa de Málaga ofrece la posibilidad de arrendar una parcela durante 25 años, donde depositar la urna, poner una placa y plantar un árbol “con el fin de ir creando un jardín del recuerdo para las mascotas. Al estar al lado de un pinar, se ha convertido también en una zona de reclamo turístico”, explica Gómez. Granadinos, cordobeses y jiennenses ya han hecho uso de este servicio, pero la concejala recalca que “necesitamos que las clínicas veterinarias nos tengan en cuenta. Ellas ya tienen interiorizado su protocolo y muchas veces nuestra opción no se baraja”.
Una cuestión evolutiva
Muchas veces se habla del duelo en los seres humanos tras la muerte de un animal, pero en muy pocas ocasiones se trata el tema a la inversa. “Afortunadamente, ellos no tienen ese recuerdo tormentoso que te llega años después de la pérdida. Sin embargo, sienten la ausencia de la persona y desarrollan cuadros de duelo extremadamente parecidos al nuestro”, apuntan Morales y González. Miles de historias habitan entre pinos y fotografías, testigos de lágrimas y cartas de despedida cada vez que llega un nuevo habitante a lugares como El Último Parque. “Desde un perro que murió para salvar a su dueño de un atraco, a otro cánido que lo hizo días después que su dueño debido a la tristeza, o un mastín que dio vida a más de 200 cachorros”, cuenta Rodrigo Díaz. Él mismo asegura que ha atendido a actores, políticos o artistas, que son más las mujeres que llegan al cementerio, y que los clientes son cada vez más jóvenes.
Un rejuvenecimiento que María Dolores Cortés (56) no ha notado tras 28 años al frente del único cementerio crematorio de la Comunidad Valenciana. Bajo el nombre Sena y ubicado en Montserrat (Valencia) , su cometido no es otro que el que mencionaban Rodrigo Díaz en Madrid y Penélope Gómez en Málaga. “Somos una funeraria 24 horas y no dejamos desasistido a nadie. Nos desplazamos a clínicas, domicilios u hospitales. El cliente valora positivamente la ayuda en un momento tan complicado. Necesitan un servicio empático y en el que no tengan que preocuparse de nada”, señala. El auge de los cementerios animales tiene relación directa con la Ley de Bienestar Animal aprobada en 2023 y la concepción que la sociedad actual tiene de ellos. “Ahora las personas están dispuestas a ocuparse hasta el final de sus días”, explica María Dolores, quien ha dado sepultura a cerdos vietnamitas, monos titíes, iguanas o perros policía. Una evolución social que camina de la mano con la necesidad de homenajear la existencia de aquellos que fueron invisibles durante décadas.
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