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SUERTE DE PINOS

La historia medieval que explica cómo dar pinos a los vecinos de Soria evitaba la despoblación de los pueblos

Municipios de Comarca de Pinares contaban con un derecho: a sus vecinos les repartían madera con la que subsistir de forma holgada. "En Covaleda en los años 60, había personas que vivían exclusivamente de los pinos", dice Luis Jesús Martín

Salvador de Miguel contempla el pinar más extenso de Europa desde el mirador de Castroviejo.

Salvador de Miguel contempla el pinar más extenso de Europa desde el mirador de Castroviejo. / Alba Vigaray

Duruelo de la Sierra (Soria)
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Salva de Miguel llega a su panadería en Duruelo de la Sierra, Soria. Ya es por la tarde, toda su labor está hecha. Acude a una cita con EL PERIÓDICO DE ESPAÑA para hablar de la suerte de pinos, el reparto de los árboles que se ha hecho en la Comarca de Pinares, que comparten parte del territorio soriano y burgalés, desde la carta puebla concedida a Duruelo en la Edad Media.

Su familia y él cuentan con ese derecho que "ya no existe y casi se podría decir que nos lo han confiscado", dice. Antes de explicar en qué consiste, Salva ofrece su coche para subir al Mirador de Castroviejo a contemplar el mayor pinar de Europa, entre el Parque Natural de la Laguna Negra y los Circos Glaciares de Urbión.

La historia de la suerte de pinos se remonta al año 1250, cuando el rey Fernando III de Castilla, conocido como El Santo, de la dinastía de Borgoña, concede una Carta Puebla a los vecinos de Duruelo de la Sierra, y "traslada a gente del pueblo de al lado, de Regumiel de la Sierra, para que pueblen Duruelo y trabajen la madera", explica Luis Jesús Martín Simón, autor de Pleitos del Concejo de Duruelo durante el siglo XVI.

Los municipios con este derecho dentro de la Comarca de Pinares ascienden a cerca de la treintena, entre los que se encuentran Duruelo de la Sierra, Covaleda, Villaciervos, Gormaz, Vinuesa o Navaleno, que han actuado "de forma independiente casi siempre". Todos contaban con esta propiedad comunal del pinar, por lo que "la gente que ha vivido en estos pueblos ha sido la dueña del monte y han vivido siempre de la explotación de la madera", refleja Martín Simón.

Medida contra la desaparición

Esta zona de Soria lleva siglos luchando contra la desaparición y los pinos de sus montes se convirtieron en recursos que concedían los reyes de Castilla a quienes decidían habitar esos pueblos. Se produjo la repoblación de Duruelo de Segovia por parte del Concejo de Soria."Con lo de moda que está ahora la tierra vaciada, que quieren hacer cosas para que la gente no se vaya y estos reyes hicieron ya lo mismo hace mucho tiempo", apunta De Miguel.

Concedían la vecindad a los habitantes de estas localidades con la condición de que permanecieran en el pueblo y no se marcharan. Con esa vecindad tenían derecho a un lote de pinos, a hierba, pastos, caza y pesca. "Los alcaldes señalaban cada año una serie de pinos que había que cortar. Esos árboles se labraban por cuadrillas y, cuando estaban labrados, se subastaban y se repartía la suerte entre todos por igual desde los siglos XIII y XIV", relata Luis Jesús Martín Simón.

Sin embargo, en los siglos posteriores, especialmente en el XVI y en el XVII, "tenían mucho cuidado al dar la vecindad para que no entrase en la población la nobleza, los dueños de los ganados de ovejas", porque, si ellos se avecindaban, sus animales se comerían un pasto que era necesario para los bueyes y para los animales de trabajo, dice este estudioso de la suerte de pinos.

Cada pueblo establecía en sus ordenanzas las condiciones para obtener la vecindad y es por ello que en Covaleda o en Vinuesa "no les daban pinos y no se convertían en vecinos hasta que no se casaban", mientras que en Duruelo obtenían -y obtienen- ese derecho al cumplir 25 años, siempre y cuando sus abuelos y sus padres también hubiesen sido vecinos del pueblo. Aunque la tradición ha cambiado, los derechos a pinos se siguen transmitiendo de abuelos a nietos.

El monte es comunal

Esta forma de administrar el monte funcionó hasta "aproximadamente hasta el siglo XVIII", señala Martín Simón, cuando entró a reinar la dinastía de los Borbones, "más intervencionista". "La necesidad de emplear la madera para construir barcos para la defensa de los territorios americanos da lugar a que los Borbones intervengan en el corte de madera a través de leyes como la Real Ordenanza para el aumento de la conservación de montes y plantíos", de 1748, resuelve.

El siglo XIX complica la gestión de los pinos "por la aprobación de la Constitución y porque cuando empieza el reinado de Isabel II se pierden todos los derechos que se podían tener desde la época medieval", añade. La desamortización de Madoz de 1855 supone la salida a la venta de los bienes públicos, incluidos los bienes de los pueblos, y para evitar que las hectáreas de monte saliesen a subasta, como había ocurrido con los conventos en la desamortización de 1837, los ingenieros de montes crean una "argucia", dice Salva de Miguel.

En 1859, incluyeron estos montes en un documento Catálogo de los montes excluidos de la desamortización y, después de 30 años de luchar con Hacienda, en 1890, "declararon estos montes de utilidad pública y empezaron a regular los aprovechamientos. El monte es propiedad del ayuntamiento, pero los aprovechamientos, mediante una ordenanza que lo regula, son de los vecinos", zanja, por lo que su pinar queda excluido de la desamortización. "Hay una lucha muy fuerte entre Hacienda y Fomento para vender o que no se vendan montes, hasta lo que se da en 1890, cuando todos estos montes entran en un catálogo de montes de utilidad pública". 

Pueblos ricos por la madera

La administración forestal reconoce "las tradiciones anteriores y permite a los pueblos, a cambio de pagar una concesión, seguir cortando cierta cantidad de pinos todos los años que se reparten entre todos", indica Martín Simón. La madera hizo "muy ricos" a estos municipios, reconoce De Miguel, que participó desde su Consistorio durante años en los repartos de pinos de Duruelo de la Sierra.

En el ayuntamiento teníamos un bombo, como el del bingo, se sacaba la bola y ahí tenía cada uno su suerte"

Salva de Miguel

— Vecino de Duruelo de la Sierra, Soria

"Había unos vecinos que eran los arregladores, a los que se llamaba así porque arreglaban la suerte. Iban por el monte, medían el pino, decían qué calidad tenía y se pegaban dos o tres meses arreglando las suertes. En el ayuntamiento teníamos un bombo, como el del bingo, se sacaba la bola y ahí tenía cada uno su suerte", afirma.

Antiguamente, cada vecino se serraba su suerte y vendía sus tablas y "trapicheaba" con ellas, mientras que en la actualidad se da un "lote multivecinal". "Así, en vez de dar a cada uno su suerte, se da un solo lote que se vende en conjunto y luego se reparte el dinero", detalla.

A mediados del siglo XX, Luis Jesús Martín Simón recuerda que "a cada vecino del pueblo le daban 15 o 20 pinos y tenía que cortarlos, serrarlos y venderlos". "En los años 60, cuando se hicieron los estatutos que rigen ahora los pueblos, los pinos valían muchísimo dinero. En Covaleda, que tiene un monte que es tres veces mayor que el de Duruelo, en los años 60 había personas que vivían exclusivamente de los pinos", dice.

Es por ello que llegaron personas de otras regiones de España para tratar de conseguir, como había ocurrido siglos atrás con la nobleza, la vecindad en sus pueblos. Tampoco la alcanzaron, porque los ayuntamientos "pusieron unos estatutos como cortafuegos para evitar que se avecindara gente que no iba a vivir y a trabajar aquí, o que viniesen solo para aprovechar el motivo de los pinos".

Sentimiento de monte

La realidad ha cambiado con respecto a hace unas décadas. Los vecinos no viven sólo de la madera, aunque reciben una pequeña compensación por ocuparse de ella, que ascendió el pasado año a "unos 400 euros", detalle De Miguel. Las fábricas de muebles que había a la salida de Duruelo cerraron con la crisis de 2008 y ya apenas resisten una de persianas y otra de palés. "Ahora hay gente que saca mucho más con las setas que con los pinos", pero el compromiso con el monte permanece.

Los vecinos han sentido como propio este pinar y hace años incluso eran ellos quienes hacían las limpias del monte y "se creaba empleo", destaca Francisco, que fue vecino de Duruelo y que ahora trabaja en Añavieja, un pequeño pueblo de la provincia. Incide en que, "cuando entró en la Reserva del Urbión, esa labor la asumió la Junta de Castilla y León".

"Ahora, en vez de dinero, los pinos nos dan líos"

Salva de Miguel

— Vecino de Duruelo de la Sierra (Soria)

Estas zonas no se han visto casi "atacadas por los incendios porque en cada casa hay un bombero", indica este joven. "Cuando hay un fuego se tocan las campanas del pueblo y todos salen a apagarlo. Yo de pequeño fui a apagar incendios. De los pocos fuegos que ha habido, más de uno se ha apagado antes de que llegaran los bomberos porque había intervenido el pueblo", sostiene. 

A pesar de que en la actualidad, "en vez de dinero, nos dan líos", Salva de Miguel confía en que se siga cuidando el monte "como lo han conservado los antiguos". "Que no se esquilme, que no se deteriore, que no haya talas abusivas", pide desde lo alto del Mirador de Castroviejo.