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DISCAPACIDAD

La única iglesia para sordos y ciegos de Madrid ofrece coro en lengua de signos y comunicación táctil: "Nos ayuda a crecer en nuestra fe"

La Parroquia de Santa María del Silencio se ubica en el Palacio de Maudes, en Cuatro Caminos

El párroco Iñaki, durante la misa adaptada para sordos y sordociegos del pasado domingo en la Iglesia de Santa María del Silencio, Madrid.

El párroco Iñaki, durante la misa adaptada para sordos y sordociegos del pasado domingo en la Iglesia de Santa María del Silencio, Madrid. / Alba Vigaray

Madrid
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Es domingo y en la Parroquia de Santa María del Silencio un reducido grupo de personas aguardan en la entrada a que termine una visita sobre Antonio Palacios, arquitecto del Palacio de Maudes, en Cuatro Caminos, que alberga esta iglesia. Doblan las campanas por primera vez en décadas. "La Asociación de Campaneros de Madrid está ensayando para que vuelvan a sonar el domingo que viene, aniversario de la muerte de Palacios", señala Milagros, una de las feligresas más activas de esta comunidad.

Van entrando todos los parroquianos, unos cien, y se van saludando con sus conocidos. Se distribuyen por las bancadas: el coro, a la derecha del altar, los que tienen implantes cocleares y audífonos en el centro, donde repercute el bucle magnético con el que cuenta este templo, y el resto a la izquierda. Esta iglesia tiene una particularidad que se observa desde que el párroco, Ignacio Gallego Sanmiguel, al que todos llaman Iñaki, comienza la eucaristía: es la única parroquia católica de la Comunidad de Madrid que adapta sus misas para personas sordas y sordociegas.

Esta iglesia de muros blancos solo frenados por vidrieras cuenta con cinco intérpretes, Sonia, Rosa, Antonio, Teresa y Odette, pero también Iñaki, el sacerdote, y el diácono, Luis, traducen todas las palabras que emiten a indicaciones de sus manos. Con las personas sordociegas que asisten a la misa o a cualquier otra actividad de la parroquia se comunican a través del tacto: "Para entendernos, le tocamos las manos y va viendo cómo se están moviendo, qué signo estamos haciendo, y ya sabe qué les estamos diciendo", explica.

Antes, proyectaban las oraciones en una pantalla, pero comprendieron que la lengua de signos era lo que más iba a ayudar a sus feligreses sordos, como Inés, que lleva perteneciendo a esta comunidad, que durante años se congregaba en Bravo Murillo, en la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles, desde que tenía siete años. Su familia se mudo de la calle Orense a la de Maudes y tuvo que insertarse en una nueva congregación. "En esta iglesia, he hecho la comunión, la confirmación, me he casado y he celebrado mis bodas de plata. Llevo casi toda la vida", detalla, con el apoyo de una intérprete.

Traslado por Rouco Varela

El padre Iñaki llegó a esta iglesia, que ya conocía desde su periodo en el seminario, hace cinco años. Mucho tiempo antes de que él recalase en la parroquia de Santa María del Silencio, esta se llamaba Madre del Divino Pastor y San Francisco de Paula y se suprimió su acotación territorial hace 51 años, cuando el cardenal-arzobispo de Madrid, Vicente Enrique y Tarancón firmó el decreto por el que se creaba la Misión Pastoral con cura de almas para la atención espiritual y pastoral de las personas sordas y sordociegas y de sus descendientes en primer grado. Se llegó a este punto a través de la experiencia del Centro Diocesano de Pastoral del Sordo.

Es en ese momento cuando se fundó la comunidad actual, que se congregaba en Bravo Murillo hasta que en el año 2012 el cardenal-arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, les cedió la iglesia del Palacio de Maudes para que se instalasen allí. Los años anteriores, esa ubicación se había acondicionado par la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebró en Madrid en 2011.

"Jaime, el anterior párroco, se lo pidió al cardenal. Le explicó que estaban en un sitio muy pequeñito, con tres pisos de escalones que los feligreses tenían que subir para acceder a la capilla y Rouco Varela les permitió trasladarse", relata Iñaki. Milagros indica que la mayoría de personas que tienen a Santa María del Silencio como referencia "tienen discapacidad, desde niños que vienen a catequesis hasta los que vienen a la misa de domingo, que al ser la única de la Comunidad de Madrid de estas características recibe a muchas personas". 

"Un encuentro de fe total"

Sonia veía en el avance informativo del telediario cuando era pequeña cómo los intérpretes de signos traducían las noticias que los periodistas locutaban. "Era algo que yo quería aprender. Cuando estaba en la universidad vi un cartel en el que ofrecían clases de lengua de signos y, en el momento en el que empiezas, no sales de ahí", sostiene.

Con el tiempo, supo de la existencia de esta parroquia y se enteró de que ofrecían un curso para enseñar a hacer signos religiosos. "Me apunté y, a raíz de ahí, con don Luis, que era quien daba esa formación, empecé a conocerles. En el momento en el que entras en esta comunidad, ya no quieres salir". Lleva 15 años en ella desde entonces y es una de las intérpretes de la parroquia, la principal de la misa del pasado domingo.

Sonia apoya a quienes suben al altar a interpretar las canciones del coro o a trasladar pasajes de la Biblia para que empleen los signos adecuados. También ella pasa parte de la eucaristía al lado de Iñaki y Luis, comunicando con pasión cristiana la palabra de Dios. "Es una comunidad muy bonita, es un encuentro de fe total y de ayuda de unos a otros. Siempre aportan ellos más de lo que yo pueda aportar", agradece.

"Gracias a Dios existe esta parroquia de Santa María del Silencio para las personas sordas, que necesitamos una atención especial. Nos ayuda a desarrollar mejor nuestra fe y a crecer en ella, porque si voy a otra misa cualquiera no entiendo nada. Yo rezo pero prefiero acudir a una misa especial para personas sordas, porque es una lengua especial y es importante", concluye Inés. que durante un tiempo se encargó del pastoral juvenil. 

"No podemos pagar la luz"

La labor de esta iglesia no recibe respaldo "ni de la Comunidad de Madrid -con cuya Consejería de Vivienda, Transportes e Infraestructuras comparte palacio-, ni de la ONCE, ni de la DOCE ni de la TRECE", dice el padre Iñaki. "Nada. Nos llevamos bien con todo el mundo, pero apoyar, apoyar, solo lo hace el obispado. Somos una parroquia que no puede pagar la luz", agrega.

Todo lo que recolectan lo obtienen de donativos, "y eso no da para casi nada". "Gracias a Dios, el Arzobispo de Madrid es el que nos ayuda. Los demás, como si tienes un tío en Alcalá, que ni tienes tío ni tienes ", lamenta Iñaki, que asegura que en sus cinco años como sacerdote de esta parroquia ha pedido colaboración y "es un dolor".

"Lo único que nos llevamos", dice, fue un extracto de cartón-piedra de una de las carrozas de la cabalgata de Reyes Magos del año pasado en la que aparecía un relieve de su iglesia y que les cedieron "los vecinos de atrás, la consejería". "Nos viene muy bien para que los que no pueden ver se hagan una idea de cómo es la parroquia", destaca.

Eso es lo que han conseguido, pero tratan de conseguir dinero para cubrir unas goteras que asoman sobre el altar. "Ahora mismo nos está visitando un montón de gente con el aniversario de nacimiento de Antonio Palacios y no se les pueden caer cachos de la pintura del techo encima", evidencia, aunque lo que realmente pide es que los más de 20.000 sordos que viven en la Comunidad de Madrid sepan que allí tienen un lugar de encuentro.