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Educación en Catalunya

La sexta hora de la escuela concertada implica siete semanas más de clase cada año respecto a la pública

Solo 400 centros públicos, todos de alta o máxima complejidad, mantienen las seis horas lectivas

Directoras de escuelas públicas explican en qué les beneficia ese 'plus' horario: "Se deberían ofrecer las mismas oportunidades a todos los niños"

Roser Majó: "Las extraescolares deberían ser hobis, no una forma de suplir, pagando, lo que no ofrece la escuela"

Niubó dice ahora que hay que estudiar si la sexta hora "es o no" la mejor opción para mejorar los aprendizajes

Alumnado del IE El Viver de Montcada, trabajando en el aula esta semana.

Alumnado del IE El Viver de Montcada, trabajando en el aula esta semana. / Elisenda Pons

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Helena López

Helena López

Mataró
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Muchas familias no son muy conscientes de si la tienen o no, porque está completamente integrada en su horario. "¿Qué si tenemos sexta hora? Pues no lo sé; entran a las ocho y media y salen a las cuatro y media". Teniendo en cuenta que comen de una a tres, efectivamente, el alumnado de primaria del IE El Viver, en Montcada i Reixac, sí tiene sexta hora. Es decir, forma parte de la minoría de centros públicos con la misma carga lectiva (seis horas diarias, por cinco en la pública) que todas las escuelas privadas-concertadas catalanas. Esta brecha horaria entre unos y otros implica una diferencia de 35 jornadas lectivas cada curso (siete semanas) y emerge como factor de desigualdad en el seno del sistema de educación de Catalunya. La nueva conselleria, que se había comprometido a recuperarla, ha enfriado la medida.

EL PERIÓDICO visita las escuelas Rocafonda, en Mataró, y El Viver, en Montcada, dos de las 400 centros públicos de alta o máxima complejidad que mantienen y defienden con convicción la sexta hora

La diferencia de horas diarias de clase entre el alumnado de la escuela pública y el de la escuela privada-concertada (cinco a la semana y más de mil durante el conjunto de la primaria) fue una de las cuestiones que afloró el pasado diciembre, tras hacerse públicos los resultados de las últimas pruebas PISA, que ponían sobre la mesa una notable y preocupante diferencia de resultados entre el alumnado de entornos más favorecidos y el que vive situaciones socioeconómicas más complejas (más del 30% del conjunto de niños y niñas en Catalunya, como recordó con preocupación esta misma semana la aFFAc en la rueda de prensa de inicio de curso).

Esas cinco horas 'extra' todas las semanas, 175 por curso y 1.050 durante toda la escolarización, les permite hacer más clases de lengua o matemáticas

Esa brecha ya fue señalada por el grupo de expertos nombrado por el anterior Govern para redirigir la situación (casi dos cursos de diferencia entre las notas medias de la pública y las de la privada-concertada). De hecho, el acuerdo de investidura entre el PSC y los Comuns la planteaba erradicar. El pacto recogía una "recuperación progresiva" de la sexta hora en la escuela pública (medida que implementó el tripartit y acabó en el marco de los grandes recortes impulsados por Artur Mas, con Irene Rigau al frente de la conselleria, que se llevaron también por delante las tardes lectivas en la ESO pública).

Ambiente en la escuela Rocafonda de Mataró, hace unos días.

Ambiente en la escuela Rocafonda de Mataró, hace unos días. / Marc Asensio Clupes

Pese a ese compromiso firmado y anunciado, en su primera comparecencia ante los medios de comunicación con motivo de la vuelta al cole, la consellera Esther Niubó dejó claro que la recuperación de la sexta hora no estaba entre sus prioridades, igual que quedó claro que tampoco constaba en la agenda de los Comuns, al no poner la cuestión sobre la mesa en ningún momento la diputada Jéssica Albiach en la primera Comisión de Educación en el Parlament del curso. Ahora la conselleria afirma que estudiará si la sexta hora "es o no" la mejor opción para mejorar los aprendizajes, aunque quienes la reclaman la entienden como una forma de acabar con la desigualdad entre los centros públicos y concertados, cuando ambos forman parte del sistema de educación de Catalunya.

Las 'excepciones'

Así las cosas, EL PERIÓDICO visita la Escola Rocafonda, en el barrio homónimo de Mataró [famoso por la celebración de los goles de Lamine Yamal, que acostumbra a festejar sus tantos formando con sus manos el código postal de su estigmatizado vecindario] y el Institut Escola El Viver, en Montcada i Reixac, a la sombra de la monstruosa cementera a la entrada de Barcelona, símbolo de una tenaz lucha vecinal. Los dos centros han sido calificados como escuelas de máxima complejidad, por las pesadas mochilas que arrastra una parte muy importante de su alumnado.

Pese a que el conjunto de la concertada hace seis horas diarias de clase, según datos del Departament d'Educació, en la pública solo mantienen esa jornada 401 centros, todos de alta o máxima complejidad. También continúa en la pública en municipios con predominio histórico de la escuela privada-concertada, en la estrategia contra la segregación escolar, como en el caso de Sant Celoni (Vallès Oriental), donde las dos centros públicos del municipio la conservan también para situarse en 'igualdad' de condiciones (horarias) frente a la privada-concertada.

Alumna de la escuela Rocafonda de Mataró, hace unos días.

Alumna de la escuela Rocafonda de Mataró, hace unos días. / Marc Asensio Clupes

Que muchas familias –los claustros lo saben bien porque la organización horaria es algo más compleja, ya que la carga horaria de los docentes de la pública sí es la misma en toda la red y esas horas "de más" se llenan con especialistas– no sean conscientes de que sus hijos tengan sexta hora no quiere decir en absoluto que no la valoren. "¿Qué nos parecería que nuestros hijos hicieran una hora menos de clase al día? ¡Mal, muy mal! ¿Por qué van a hacer unos niños más clases que otros?". Se antoja difícil de defender que a unos alumnos se les ofrezcan más oportunidades educativas que a otros (ensanchando las diferencias que ya traen de sus casas).

¿Qué nos parecería que nuestros hijos hicieran una hora menos de clase al día, todos los días? ¡Mal! ¿Por qué van a hacer unos niños más clases que otros?

El objetivo de las dos visitas es comprobar el impacto que tiene en las escuelas poder contar con una hora lectiva más cada día (175 horas cada curso –lo que es lo mismo que 35 días (nueve semanas) al año–, 1.050 horas durante toda la escolarización primaria). Basta con hablar unos minutos con cualquiera de las dos directoras, Conxita Roca, de El Viver, y Roser Majó, de Rocafonda, para ver cómo la defienden desde las aulas, no desde despachos ni esgrimiendo sesudos informes internacionales.

Roser Majó, directora de la Escola Rocafonda de Mataró, en una de las tres bibliotecas del centro.

Roser Majó, directora de la Escola Rocafonda de Mataró, en una de las tres bibliotecas del centro. / Marc Asensio Clupes

"Yo no puedo hablar por todas las escuelas, lo hago por la mía, con un alumnado que habla 25 idiomas distintos; para nosotros estas horas son muy necesarias; la escuela debería ofrecer las mismas oportunidades a todo el alumnado", señala Roca, cuyas experiencias diarias son muy similares a las vividas por Majó, quien se expresa con la misma emoción y defiende con la misma contundencia la necesidad y utilidad de la sexta hora mientras camina por los coloridos pasillos de la escuela y los niños se le echan encima para abrazarla cuando la ven pasar. Una sexta hora que, en el caso del Rocafonda, les permite, por ejemplo, hacer una tercera hora a la semana de inglés.

Ambas escuelas trabajan por proyectos y esa hora diaria de más les permite, por ejemplo, combinar esa metodología –de la que también están muy convencidas– con horas de áreas específicas para poder sistematizar algunos aprendizajes. "Las matemáticas, por ejemplo; o catalán y castellano –explica Roca–. Aunque en el proyecto se lee y se escribe, el alumnado necesita también esos momentos de sistematización que nos permite ese margen horario". La directora también celebra que este curso les hayan bloqueado la matrícula viva en infantil y en la ESO –en el marco de la estrategia contra la segregación–, aunque lamenta que con el proceso de estabilización les han cambiado el 45% de la plantilla (extremo que ha afectado especialmente a las escuelas de alta complejidad, ya que concentraban un mayor número de docentes interinos).  

Conxita Roca, en la futura biblioteca escolar del IE El Viver, esta semana.

Conxita Roca, en la futura biblioteca escolar del IE El Viver, esta semana. / ELISENDA PONS

"La escuela es un espacio seguro, de bienestar, en el que ofrecemos oportunidades educativas; en realidad, hacemos lo mismo que otros centros, pero podemos hacerlo con más tranquilidad, algo que nuestros alumnos, muchos con situaciones muy complicadas en casa, necesitan", apunta la directora del Viver, contenta con la biblioteca que están a punto de recuperar (el espacio ya está habilitado, ahora queda solo el mobiliario y volver a llenarla de libros). "Hemos retrocedido bastante en el tema pantallas en secundaria, hemos ido a reducir. Todos tienen libretas y toman notas a mano; cuesta mucho el control de las pantallas en el aula", se sincera Roca, quien, si pudiera pedir un solo deseo al Departament, pediría más profesionales en el EAP y el CSMIJ para hacer frente a la epidemia de la salud mental.

En el caso de la escuela Rocafonda, la biblioteca es también uno de sus puntos fuertes. "Tenemos tres, una en cada planta, cada una especializada en la edad de esa planta: pequeños, medianos y grandes", apunta Majó.

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