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Plantar más árboles en la zona del Mediterráneo no mitigará los efectos de la emergencia climática
La explosión de incendios forestales de gran magnitud está acelerando el calentamiento global

Incendio en Agullana / ACN
Cada cierto tiempo, ya sea a través de las redes o de contenidos patrocinados, hay anuncios de reforestaciones y plantaciones de árboles que se presentan como la manera de neutralizar la huella de carbono de actividades comerciales de gran impacto ambiental, como los vuelos. Sin embargo, las reforestaciones, de por sí, no mitigan los efectos del cambio climático, sino que es necesario adaptarlas a la zona y planificarlas. Por ejemplo, en el Mediterráneo, la superficie de bosques no deja de aumentar, mientras que en otras zonas del planeta, como el Amazonas, sí están sufriendo deforestación, tal como recoge el Earth Observatory.
España es el tercer país con más superficie boscosa de Europa, de acuerdo con los últimos datos disponibles en Eurostat. Catalunya, según datos del Anuario de Estadística Forestal del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (2022), no está entre las comunidades autónomas con más superficie forestal, aunque ocupa un 62% del total de la superficie autonómica. De hecho, también según Eurostat, la superfície catalana es similar a la de países como Finlandia (66%) o Suecia (63%), como remarca a Verificat la presidenta de la Fundació Pau Costa e investigadora del Centro de Ciencias Forestales de Catalunya (CTFC), Míriam Piqué.
La doctora incide en que “plantar no es negativo de por sí, pero estas plantaciones tienen que ir acompañadas de un objetivo muy claro y una necesidad”. La realidad en Catalunya, explica, igual que la de otros bosques en el ámbito mediterráneo, “es que tenemos mucha superficie arbolada”. “No vamos faltos de árboles, sino de gestión de los bosques”, añade.
La técnica e investigadora en el CREAF Mireia Banqué coincide en el diagnóstico y apunta, en conversación con Verificat, que, aunque a nivel planetario hablemos de pérdida de bosques, “en Catalunya es muy evidente el aumento de masa forestal”. Los datos del Observatori Forestal Català apuntan que, en el último medio siglo, el suelo forestal se ha incrementado en un 25%.
La razón principal, de acuerdo con un artículo de la revista 'Landscape Ecology': el cambio socioeconómico que llevó al abandono de los campos. La investigadora del CREAF explica que hemos pasado "de la sobreexplotación de los bosques a la subexplotación” y que, por ello, tenemos "bosques muy jóvenes y sin gestionar”. Esto tiene, para Banqué, dos grandes consecuencias. Por un lado, como ya explicó EL PERIÓDICO, el aumento del riesgo de incendio forestal, al tener árboles jóvenes y bosques frondosos. Y por otra, una mayor competencia entre los ejemplares para conseguir agua.
Este cóctel, alertan desde el Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed), puede llevar a que los árboles tengan enfermedades o que mueran por falta de agua. El aumento de biomasa seca, cuenta Piqué, es el primer detonante para un gran incendio forestal. Aunque no es el único. La presidenta de la Fundación Pau Costa subraya que la gestión de los bosques “no es solo reducir la densidad. Hay que tener en cuenta la estructura y la dinámica forestal, además de buscar el equilibrio”. Es decir, no se pueden eliminar demasiados árboles porque se secaría el sotobosque al estar más expuesto, pero tampoco hay que tener un bosque demasiado frondoso porque habría demasiada masa forestal.
Adaptarse o morir
Las investigadoras coinciden en destacar el papel de los bosques como secuestradores de CO2 y como ecosistemas ricos, pero esto “no los convierte en un espacio intocable”, en palabras de Banqué. Gestionarlos es una manera de asegurar su supervivencia. La investigadora del CREAF explica que el aumento de las temperaturas y los cambios en las precipitaciones provocados por el cambio climático comprometen la salud de los bosques. Aunque, incide, si lloviera igual que hace 50 años, por ejemplo, tampoco sería suficiente porque la densidad es mayor.
Mantener los bosques implica “hacerlos diverso para hacerlos más resistente”. Banqué explica que aumentar su biodiversidad es garantía de supervivencia. Piqué añade la necesidad, por otro lado, de que potenciar estos bosques maduros y no crear nuevos es la manera de avanzar hacia “estructuras forestales más resistentes, adaptadas al cambio climático y a los efectos de los incendios”.
Los bosques, sin embargo, no pueden asumir el secuestro de carbono necesario para mitigar el cambio climático. Un estudio publicado por los profesores e investigadores Dennis Baldocchi (Universidad de Berkeley) y Josep Peñuelas (CSIC-CREAF) en la revista Global Change Biology advierte que la única solución es reducir las emisiones.
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